Renovación 30 June, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentariosLos señores que alojan a este blog en sus servidores me han enviado un mail. Pensaba antes de abrirlo que me iban a echar la bronca porque este sitio igual empieza a pesar bastante pero no, qué va, me ofrecían la renovación, como a los futbolistas pero en vez de pagarme a mí tengo que pagar yo. Poco, la verdad. Me decían en el mail que si no renovaba me cortarían la luz en Agosto. Aún queda tiempo, pero como se me olvidan las cosas con facilidad he decidido firmar la renovación ya, por si acaso. A los pocos minutos me han enviado otro mail: que tengo luz hasta el 30 de Agosto de 2009, así que, en principio, queda blog todavía para un buen rato.
En el otro correo, el del buzón de toda la vida, he recibido noticias de la SGAE. Me dicen que me corresponden 8 euros con 3 céntimos! Debe haber un error, seguro, pero segurísimo, vamos, se me hace muy grande la cantidad, y no es coña. Por si acaso, yo voy a hacer como si nada; además, no voy a poder “disfrutar” del dinero porque en una nota a pie de página dicen que en el transcurso del año no se realizan pagos inferiores a 90,15 euros, que eso se hace al final, con las uvas. Lo que más me intriga es lo de los 15 céntimos. ¿Por qué 90,15 y no 90? ¿Serán capaces de retener durante medio año el pago a un autor que supuestamente tenga un saldo a favor de 90 euros con 5 céntimos?
Si no me hubieran descontado lo que me han descontado en concepto de “descuento de administración” la renovación del blog habría salido gratis pero, en fin, tampoco vamos a discutir por un 15 %, digo yo.
Campeones 29 June, 2008
Escrito por emejota en : Album , 4 comentarios
Qué emocionante, sí señor.
Preliminares 29 June, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 1 comentarioLa tienda donde compro el pan el domingo es una tienda trampa. Mientras esperas que una de esas barras tan ricas salga de la nueva tanda que se hornea en un horno cuya contemplación despoja al pan inmediatamente de toda su poética, observas la estrategia de la repostera. Ella quiere que esperes y como sabe que una vez ojeado el infernal aparato los ojos enseguida van a querer cambiar de ángulo, rellena el mostrador, y digo bien, porque lo rellena hasta en las finas cornisas que bordean las vitrinas acristaladas donde están expuestas unas tartas que todas ellas son poesía, de bolsitas conteniendo una infinita gama de placeres que ponen a prueba tu voluntad. Afortunadamente, hay una vía de escape y es mirar el espejo oblicuo que hay arriba, detalle del decorador para agrandar el espacio mediante ilusión óptica, para sacarle miga, qué se yo. Y ahí ves quién entra a tus espaldas, como en las películas del Oeste cuando James Stewart toma tranquilamente su whisky con una mano extendida a lo largo de la barra del Saloon y en el momento de llevarse el vaso a la boca mira por el rabillo del ojo porque ha percibido una turbulencia momentánea en la luz, señal inequívoca de que se acerca, de manera traidora, el malo del western.
Estaba yo ante el mostrador, pero no del Saloon y, por tanto, sin whisky, ni falta que hace, debe dar eso unos calores que para qué, cuando por el espejo he visto entrar abanderado por el cuello, como si fuera la capa de Supermán pero en versión bandera española, acompañado de tres o cuatro banderas andantes más, al mensajero que desde hace unos años ha contribuído a llenar más de un estante y dos de mi filmoteca sin saberlo. A pesar de la confianza que dan los años de entregas, me resulta curioso ver la diferencia entre la cordialidad profesional y la desinhibición fuera de horas de oficina. Y es lógico, por supuesto. Pero me hace gracia. Porque en cuadrilla, en tribu, a ciertas edades, máxime si vas abanderado desde el cuello, la adrenalina o la testosterona, que a fin de cuentas, de eso se trata, de una cuestión de poner huevos, de ver quien los tiene más cuadrados, empieza a bullir, a golpear en las paredes de las arterias y las venas, como los toros que esperan el comienzo del encierro sanferminero y golpean contra las puertas que los separan de la inminente carrera, ahora la cuesta de Santo Domingo, ahora la calle de la Estafeta, y eso se nota en la manera de dirigirte a los otros colegas abanderados, y en la inquietud mostrada por un delator movimiento, ahora te apoyas en una pierna, ahora en la otra, como si te estuvieras meando, y sobre todo en los colores, y no precisamente en los de la bandera, sino en los de las mejillas. Esta noche de final de Eurocopa, la calle será un griterío tribal si hay victoria, una reunión de machos, en vez de portar la tibia del otro portarán la bandera o lo que sea.
El mensajero ha tecleado inquieto en su móvil mientras continuaba oscilando entre la pierna derecha y la izquierda y ha dicho pero vienes o qué cojones te pasa, y yo he pensado dos cosas, una, se lo dice a la novia, dos, definitivamente, de cojones va la cosa. Falta por saber si la novia sacará los suyos también. Un señor mayor a mi izquierda se ha vuelto y ha puesto cara como de decir, qué carácter; ese señor se ha vuelto porque no ha reparado en el espejo panorámico dispuesto discretamente frente a él, algo más arriba, y no será porque no ha visto westerns, que en más de uno y más de dos sale el truco del espejo. Yo creo que la frase del mensajero ha sido más impactante por el timbre testosterónico de su voz que por el mensaje en sí, porque ha sido decirlo y ya no ha dicho más, sólo un ah, bueno, como si acabaran de leerle la cartilla de arriba abajo.
Un euro con cinco vale la barra de pan, que es una barra rara, bastón lo llaman; lo raro no es la barra, es que le llamen bastón a una cosa que no tiene forma de bastón sino que parece una barra de pan pero más rústica. Llevas los cinco céntimos, un momento, sí, los llevo, gracias, de nada, adios, adios, siguiente? Mi proveedor habitual de películas ha reparado en el tipo al que con cierta periodicidad entrega unos paquetes pequeños, de forma rectangular y se ha sobresaltado un poco y ha puesto gesto de lunes y ha dicho un buenos días de miércoles, por poner ejemplos de días en los que suele pasar por aquí. Como yo no tengo nómina fija y no distingo entre laborables y festivos le he dicho sin sobresaltos si preparándonos para la Final, cosa obvia por otra parte pero era una forma de que se recuperara de su sobresalto, que luego me entra complejo de culpa, y él ha respondido sí, sí y le ha sonado el móvil con un politono galáctico. Igual no habían terminado de leerle la cartilla. Me he despedido con el gesto pero él se ha quedado con los ojos fijos en la pantalla, con esa cara que pones cuando no sabes si debes atender la llamada o no.
Felicitación 28 June, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 1 comentarioAyer pusimos una vela más en una tarta, pero se me olvidó dejar constancia en el blog.
Tontear 27 June, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentariosDice un amigo mío que cuando escribo sobre mis tribulaciones médicas lee el post de pasada para no llevarse mal rato. Qué morro, le digo, yo me llevo el mal rato aunque no haya post. El mundo no es justo. Lo último ha sido tontear, hacerme el sueco con la dosis del medicamento marciano, estirar el espacio entre una y otra, como si fuera una goma elástica, más que nada por los dichosos efectos adversos, que para adversidades ya tenemos bastantes. Tocaba el martes, pero hice como si fuera otro día, lo mismo el miércoles y lo mismo el jueves, aunque ayer por la mañana ya, cómo decirlo, pues no sé cómo decirlo, es difícil decir y más decir por escrito qué es estar bien sin estarlo o mal sin estarlo, o sea, estar y no estar (esa era la cuestión ayer, a ratos). Y hoy. Hoy es viernes y habrá que hacer como que es martes, que es cuando tocaba la dosis, porque esta mañana ya había olvidado los pasos necesarios para activar el mecanismo que conduce a la voluntad a la cocina, no digamos ya a la calle. La parálisis de la voluntad me impresiona de tal manera que el dolor físico que también reaparece, aunque localizado en puntos concretos, pasa a un segundo plano. Y el ánimo, que se cuela entre ambos estratos, amanecía hoy un poco pesaroso, tendente a melancolías, unas discurren por fuera, otras se quedan por dentro, en las corrientes subterráneas. Va a ser verdad que la farmacopea marca los tiempos de los cuerpos que creen ir por libre.
Semifinal 26 June, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 5 comentariosPues aquí, con el portátil en las rodillas, frente al televisor, a quince minutos de la semifinal. No me considero futbolero, tuve mi etapa, cierto, para ser más exactos dos etapas, una muy lejana, en la que veía con mi padre en la tele los goles en blanco y negro de Johann Cruyff y otra, posterior, en la que veía en la tele los (pocos) goles en color de Gary Lineker, alma carismática donde las haya que vino en un momento dulce al lugar equivocado. En resumidas cuentas: el Barcelona. El de Núñez quicir. Ahora que lo pienso (y me entrego a estos pensamientos para engañar los nervios del partido que empezará enseguida y porque no soporto a los de Cuatro, lo confieso, y confieso también que no sé la razón de no soportar a Cuatro cuando al principio me gustaba) pues, como iba diciendo, ahora que lo pienso, no sé dónde se quedó Maradona. ¿No es raro que no recuerde na-da del paso de Maradona por el Barça?
(anda que ya están en el túnel de vestuarios los jugadores, qué pinta de rusos los rusos, no?)
Lo de Maradona es como un pliegue raro en mi memoria, un vacío; paso de Cruyff a Lineker y no recuerdo nada del
(mira, ya están los de Cuatro con las porras y las leches)
astro argentino, que así se dice en el argot futbolístico, el astro argentino.
(suena el himno español, qué careto el de Torres, el de Villa, será la concentración del guerrero, será el canguelo, qué será)
Pues eso, que no me considero futbolero pero en casos así pues mira, aunque me pongo muy nervioso y miro todo el rato al reloj que está arriba a la izquierda de la pantalla y me muerdo las uñas
(suena el himno ruso, qué ruso es el himno ruso, no?)
y me entra una ansiedad que para qué. La calle se está quedando vacía y relampaguea aunque no llueve, allí sí está lloviendo y temen otro diluvio que deje sin señal, como pasó ayer cuando cayó el Centro de Comunicaciones de la cosa en Viena
(anda, la vicepresidenta, tiene cara de resignación, cosas del cargo tener que estar aquí, o sea, allí)
En fin, ya veremos a ver cómo queda la cosa. La del videoclub estaba que trinaba, ojalá que pierdan, decía con resentimiento comprensible. En cuanto al día de hoy, hay cosas para anotar y muy variadas, tanto que no sé si las pondría en “Asuntos propios”, como sería lo propio, o en “Varios”. Pero ahora no, que empieza el partido ya; de hecho acaba de hacerlo así que
Precisión 26 June, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentariosLeído en la prensa de hoy:

Viaje 25 June, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 6 comentarios
En la foto aparece Diego el verano que se fue a Guatemala. Algún día teníamos que ponerle nombre y rostro porque conocerle, le conocíamos. Viene y va de este blog, igual que hace fuera de él, que está aquí y de pronto está allá, así todo el rato.
Va una pista: un día escribí que estando sentado en un banco en una plaza rodeado de edificios ultramodernos muy altos de acero y cristal me acordé del inolvidable Tooru Okada, que en unas páginas de la no menos inolvidable “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” hace lo mismo. Me sentí Tooru Okada pero sin caramelo de limón en la boca y sin la señora enigmática que se para delante de él acrecentando el enigma, que para eso es señora enigmática. Lo que sí ocurrió fue que sonó el teléfono. Era un ex-alumno mío del año de la polka que se fue a la universidad después de hacer incursiones en la música sin saber que lo suyo era en realidad la literatura. Tuve esa convicción cuando él todavía iba al instituto y cayó en mis manos un relato suyo. Pues el del teléfono era Diego que me decía si me acordaba de él y tal. Pues claro, no me voy a acordar. Además de acordarme acordé con él que le daría clase a cambio de un relato. Luego me pasé por una librería y busqué un ejemplar de “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” y, según mi consulta, resultó que a Tooru Okada se le ocurre sentarse en una plaza a mirar a la gente una mañana de la página 355.
Pues esta tarde estaba leyendo en casa la página 182 de otro libro cuando ha vuelto a sonar el móvil y de nuevo era Diego. Me voy a China, ha dicho. Es normal que el título del libro que estaba leyendo pierda toda su importancia tras haber escuchado eso. Lo escuchas claramente pero repites: ¿A China? Sí, a China. Y yo: ¿Cuándo? Y él: mañana.
(y me he quedado así)
Tanto el paréntesis como el punto y aparte son pertinentes para indicar que me he quedado un poco sobrecogido, porque lo de Diego me parece absolutamente admirable, le da bocados a la vida, le pone ponerse a la aventura y supera las dificultades del camino con la recompensa de la búsqueda. Porque Diego busca, eso está claro, es cuestión suya saber qué y dónde encontrarlo, si allí en la China o acá por dentro. Muchas veces “dentro” está más lejos que la China. Lo de Diego me sobrecoge porque me parece admirable, pero esta tarde al escucharle por el móvil no he podido evitar preguntarle si me aseguraba que iba a volver, puede parecer absurda la pregunta pero es que Diego capaz es de quedarse o de dar otro salto, y eso ha sido quizá un poco egoísta por mi parte porque se lo he preguntado un poco temeroso, un poco entristecido, con la convicción de que no se puede ir del todo porque todavía queda mucho por hablar y por estar. Hay personas a las que extrañarías de una manera especial sin que sepas muy bien por qué, y tampoco hace falta saberlo, lo que hace falta es una vuelta dentro de dos meses, de dónde, pues de allí donde se vive ocho horas por delante a catorce horas de avión.
Si alguien que tiene que hacer 100 kilómetros por la noche para presentarse al punto de la mañana al último examen de la universidad para luego ir a Madrid y de allí volar a Londres y de allí a Pekin, y aún así insiste en pasar por tu casa a las 11 de la noche para charlar un rato y despedirse, ese es un amigo. Es más, es inevitable perdonarle que no haya cumplido con el trato de la entrega del relato. Diego es una de esas personas de las que dices: me importa. Y además lo sabe. Por eso cuando se marchaba le he vuelto a preguntar con ironía si prometía que iba a volver y le he dado un abrazo de esos en los que te sientes, por este orden, amigo, hermano mayor y un poco de padre. El primero le dice que la experiencia va a ser alucinante y enriquecedora, el segundo dice sin decir, como hacen los hermanos cuando se dan un abrazo y uno le desea al otro lo mejor, y el tercero le pide que escriba un mail cuando llegue aunque sea para poner eso: que llegó.
Iba Diego hacia el ascensor y se ha vuelto sonriente para decir con el índice en alto: volveré. Es un alivio saberlo.
Cierzo 24 June, 2008
Escrito por emejota en : Varios , 9 comentariosBendito este viento del norte que llega en nuextro auxilio para que podamos abrir las ventanas, respirar y de paso volver nítidos los contornos de esta ciudad a la que el calor empezaba a cubrir con un velo limeño. Que no tenga prisa.
Charlar 24 June, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentariosDe unos años a esta parte, los veranos son el tiempo de las charlas largas con Sergio, porque durante el resto del año el tiempo es limitado y lo bueno que tiene el verano es eso, que da la oportunidad de adentrarte en un tiempo suspendido, como ocurre en las películas de Rohmer. Desde que volvió de la universidad el jueves hasta su marcha de vacaciones mañana ha pasado por casa dos veces y hemos tenido dos charlas, una el viernes por la noche, con preludio de cena, otra hoy por la tarde, a la sombra de la frigoría. En total, diez horas de palabras.
Diez horas de palabras pueden ser un tormento o un placer indecible, sobre todo cuando surge la chispa alrededor de un tema y las ideas fluyen y se bifurcan en otras y así sucesivamente para regresar ocasionalmente al punto de partida y enriquecer el asunto principal con lo que nos traemos de la excursión. Las charlas de verano con Sergio transcurren sin prisa y, además, giran siempre en torno a temas muy interesantes. Sin pretenderlo, tiramos de la cuerda y ya estamos metidos en harinas filosóficas que tratan de cuestiones que nos atañen, siendo el “nos” nosotros y todos. Muchas veces tengo la sensación de que Sergio obtiene más respuestas a sus preguntas cuando hago preguntas a su pregunta. Y luego le pincho, sí.
Es cierto que le “pincho”, y las comillas aquí tienen que desempeñar el papel de acompañar a la palabra poniendo el gesto irónico y cariñoso que lo escrito a veces no nos deja expresar convenientemente y que funciona sin problemas cuando hablamos. Yo le pincho a Sergio para que busque los canales donde desarrollar su potencial, que no es pequeño precisamente; le pincho para alentarle, para despertarle, para que explore, para que esté atento ante las cosas que no se ven a la primera, para que ate cabos, para que los desate, para que arriesgue, para que deje un espacio donde quepa la palabra equivocarse, para que comprenda que no pasa nada y pasan muchas cosas, para que llene su vida de vida. Y soy consciente de que cuando lo hago estoy proyectando en él algo de mí, de lo que no pude, de lo que me arrepiento, de lo que me hubiera gustado. Pero sobre todas las cosas sé que no debo contribuir con ello a precipitar a un lado u otro de la balanza lo suyo, tengo muy claro que su vida debe tener contenido propio: sé mantenerme en la barrera aun cuando muchas veces lo fácil es saltar al ruedo. El día ya lejano en que comprendí que así tenía que ser me quedé muy tranquilo y sereno, satisfecho, como si hubiera aprendido una lección muy importante.
Verbena 23 June, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música, Televisión , 10 comentarios
En algún lugar de la conciencia, 25 años después, la Noche de San Juan sigue siendo la verbena que los del Planeta Imaginario celebran con risas de duendes a la orilla del mediterráneo en un atardecer azul y mágico de 1983.
Yo soñé allí.
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Bonus track 21 June, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 7 comentariosA Javier Bruna
Hoy es el Día de la Música. Antes, hoy solamente comenzaba el Verano. Ahora son las dos cosas a la vez. Aprovechando la circunstancia (es una excusa cualquiera) he hecho click en el directorio de los recuerdos (es un decir). Es un decir porque aunque lo que va a sonar abajo es un recuerdo no hay directorio de recuerdos. Hay un ordenador viejo ahí aparcado (ahí es abajo a la derecha) y los años han hecho que todo él se haya convertido en un almacén de recuerdos, sorpresas (anda, no me acordaba de tal cosa) y archivos que ya no tienen sentido. El otro día, al reencontrarme con las pistas de audio de Schumann, una de las cuales puse en un post reciente, apareció algo totalmente inesperado, no porque no lo recordara sino porque lo creía perdido. Cómo explicar de qué se trata. Pues empezando por el principio y yendo al grano.
A finales de los 90 mi amigo Javi había formado un grupo de música interétnica que fusionaba muchas cosas y las fusionaba bien porque al final era él quien cocinaba los ingredientes y le daba un toque inconfundible, evitando que los sabores se confundieran demasiado en el paladar. El grupo grabó un disco y funcionó muy bien. Para el segundo había ideas muy buenas, había un tema que el instinto de Javi ubicó inmediatamente como tema de apertura. Recuerdo que era un tema vivo, que difícilmente se dejaba atrapar por la barra del compás convencional. Lo que no recuerdo es si era un tema norteafricano o vasco, ya ves tú, como si fuera lo mismo. Una noche, en una cervecería de esas que pretenden pasar por irlandesas poniendo una decoración dickensiana y poca luz, le dije que por qué no terminaba el disco como por aquel entonces hacían los hermanos (Me)Cano, que reservaban un bonus track muy breve, un poemita musical de un minuto o así, al final de los discos.
Y mientras se lo proponía se me ocurrió otra cosa: por qué no terminar, de paso, haciendo sonar de nuevo el principio pero de otra manera, más íntima, con menos, menos qué, pues menos de todo, menos sonido, menos notas, menos luz, un track para hacer sonar cuando la gente ya se ha ido, ya ha escuchado el repertorio y la sala está vacía y las sillas movidas y los vasos amontonados sobre las mesas, y sólo quedan media docena de trasnochadores escuchando a un tío al piano haciendo sonar, como en un after hours intimista, lo que antes había sonado con todas las luces encendidas y los instrumentos al completo. De esa manera, el disco salía literalmente redondo: terminaba donde había empezado pero con aire de madrugada. Para entonces Javi tenía la ceja derecha levantada y en un gesto característico dijo: sí señor, como quien adjudica algo en una subasta, y brindamos entrechocando los vasos de coca-cola. Y aunque yo me hice el sueco, en parte porque me veía incapaz de reconvertir ese tema en algo aproximado a lo que yo mismo acababa de describir (proyectar es mucho más fácil que concretar y realizar) al día siguiente me senté delante del piano digital y no sé si salió una cosa rara o si salió lo que tenía que salir porque tenía las mismas notas del tema original, cierto, pero donde antes había luz ahora había penumbra, donde antes había energía ahora había sosiego. Era más de lo mismo pero menos, no sé si me explico.
En una primera versión algo macarrónica se lo hice llegar en un correo electrónico de los tiempos en los que las siglas ADSL no se conocían y hacía que un envío de estos fuera en diligencia y no en AVE. La grabación tenía una mancha justo al final, qué casualidad; no era un error, era una indecisión del dedo meñique de la mano derecha a la hora de dirigirse a la última nota, esa que te dice: hemos llegado a casa. Pero eran los tiempos en los que todavía no controlaba bien los dedos con las prótesis y al desplegar el arpegiado del último acorde, en lugar de sonar de tirón mi-fa-la-re sonó mi-fa-laaaaaaa-re. El pobre “la” tuvo que hacer tiempo hasta que el dedo reaccionó cerciorándose de que la tecla que iba a pulsar era la correcta: re, coño, re.
A Javi le gustó mucho, me lo dijo a los pocos minutos por teléfono porque siempre prefirió la cercanía de la voz a la lejanía de la escritura electrónica de los mail, sobre todo para estas cosas. Al final el disco no se grabó, una pena porque había temas muy buenos, y eso por supuesto no incluye este, cómo llamarlo, juego musical, broma amable. Y el otro día me lo encontré. Sigue sonando igual: un poco improvisado, con el despliegue de las voces interiores que le da un aliento lírico, melancólico, que el tema original no tenía porque era muy festivo, y con la indecisión ante la nota final. Sigue sin tener título pero ahora, tantos años después, se ha convertido en algo parecido a una vieja fotografía atrapada entre las hojas de un libro que atestigua tiempos felices.
Va por tí.
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Calor 20 June, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentariosHa llegado el calor. De golpe. Golpe de calor. Y esta mañana el paisaje urbano tiene nuevos elementos: la chavalería con la euforia de la liberación vacacional en la cara, el calor y la luz. Hay mucha luz. Tanta que la observación se agudiza y caminaba esta mañana por la calle y me he dado cuenta de que la gente tiene, en general, una cara fatal. La gente está peor de lo que parece, estoy convencido, la gente guarda una inmensa cantidad de secretos, miserias, temores, disimulos, infinidad de cosas que se reflejan en sus rostros. Y cuando llega la primera luz del verano, blanca y azul, y les sorprende por la calle, se les nota. Seguramente a ello contribuye que el calor les aplasta y entonces les hace parecer todavía peor, como descolocados, deambulan como si ese plató no fuera el suyo. A nada que mires un poco te das cuenta, no hace falta ser un lince. Yo, que tanto respeto me inspira el verano, aunque también es cierto que cierta curiosidad para un rato, iba tan tranquilo, y no es porque no se me note nada, es que yo soy el mismo en invierno que en verano, y si toca mal pues toca igual allí que aquí y si toca bien pues lo mismo.
Pero el calor y la luz, sobre todo la luz del verano, son implacables. Si algo se iba torciendo es probable que termine por romperse: una relación que no funciona, la enfermedad de un familiar que se lleva como se puede, la toma de conciencia y el cuestionamiento de lo que verdaderamente uno es, lo que hace, lo que debería hacer. Siempre sale en las noticias de la tele el psicólogo listo que dice que en verano aumentan las separaciones porque las horas de convivencia aumentan. Lo dice todos los años en las noticias y después pasan a los deportes. Los psicólogos van de listos porque dicen cosas que creen que los demás no sabemos y además las dosifican; en las noticias sólo dicen la punta del iceberg para que no cunda el desánimo en la población y la gente siga haciendo lo que hace, las vacaciones, por ejemplo, ser capaces de meterse en interminables retenciones en un horno de coche para llegar a una playa hormiguero y alojarse en una colmena a precio de escándalo y, a pesar de ello, decirse a sí mismos con honda satisfacción que esto es vida.
La gente se engaña. Los psicólogos no sólo lo saben sino que refuerzan el engaño. No lo hacen a mala uva, por supuesto; en el fondo se sienten como una ONG interconectada con dos objetivos comunes: aliviar a los otros y, de paso, aliviar las propias insatisfacciones sintiéndose útiles, que a ver si nos vamos a pensar que los psicólogos están por encima del bien y del mal. Pero refuerzan el engaño, sí, en esto y en todas las demás cuestiones de la vida.
Lógicamente, hay excepciones, gente liberada, afortunada, pero queda la duda de si el programa de su disco duro ha producido un error vertiendo en la corriente neuronal una interferencia en forma de espejismo, un chute hormonal que les hace decir, pues a mí no me pasan esas cosas, pues yo no lo veo así, pues no estoy de acuerdo. Claro, qué si no.
Agenda 19 June, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentariosSalgo para Pamplona. Me lleva Esther. Yo voy al médico y ella a acompañar a Vivaldi, pero al médico no, al piano. Vuelvo a la tarde.
Redes 18 June, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 6 comentariosTodo comenzó con una invitación por mail para entrar en Hi5, una más de las numerosas redes sociales que surgen como setas en internet aunque con distinto nombre. Me pilló en un día fácil e hice como en el anuncio aquel y se lo dije a mi vecina. Mi vecina, con buen juicio, duró poco en Hi5 a pesar de los intentos por convencerla con una doble estrategia: el socorrido no me abandones, tía, y la (hasta entonces) infalible llamada al morbo con la cosa de a ver quién nos sale por allí.
Pues nada, no hubo manera.
Entonces pasó una cosa muy curiosa: examiné la pantalla y lo que vi fue nada. Pero entonces empezó a llamar gente diciendo que quería que yo fuera su amigo y le di al botón de vale, de acuerdo, por qué no, más que nada para que no me llamaran misántropo, o borde. Ahora en la pantalla de Hi5 sigue sin haber nada y aunque nadie ha entrado a ella, oficialmente tengo más de cien amigos y amigas, desde Maylin hasta Onintze, desde Mikel hasta Ana pasando por Ignacios, Albertos, Naokos, Richards, Raisas, Tanias, Robertos, Paulas, en fin, un sin fin, y por si fuera poco y me sintiera solo me sugieren 87 amigos más, no 85 ni 90, justamente 87, entre los que se encuentran Borjas, Yasmines, Gondras, Antonios, Lulús, Álvaros, Jandros, Hildas, Leires, Mimosas, Rocíos y un largo etcétera.
Lo llamativo de un sitio como este es el (sin)sentido que adquiere aquí la palabra “amigo”: por lo visto, consiste en acumular nombres, sin más, sin interesar la persona que hay detrás, como el que colecciona cromos de la Liga de Fútbol, sabiendo que con cada nombre te llevas gratis la pandilla correspondiente; la parentela, vamos. La (in)utilidad principal del sitio es esa.
Por lo demás, resulta paradójico que entre este verdadero catálogo en continua expansión de rostros desconocidos, los tres únicos mensajes enviados a las tres personas que conozco de algo han caído en saco roto dado que al parecer no hay nadie al otro lado del aparato para responder mientras que ahora mismo hay seis personas a las que no conozco de nada y a las que importo aún menos que han solicitado que nos agreguemos mutuamente a la colección de amiguetes virtuales.
Todo esto cobra sentido aclarando que Hi5 es, básicamente, una red adolescente y se comporta como tal: importa lo grupal, agruparse, figurar, aparentar y poco más, dado que nadie dice nada: la comunicación parece un concepto desconocido. Todas los perfiles visitados al azar contienen en común vacío, nada. Otras redes, como Facebook, son básicamente adultas, allí sí que te encuentras a gente que te resulta próxima y donde se establece una comunicación verdadera. Otra cosa es el tema de la utilidad real del lugar puesto que muchas de las aplicaciones parecen más un juego del que te aburres a los dos minutos.
Prisa 18 June, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 6 comentariosTengo nueve minutos.
Qué prisa le ha entrado a la gente por terminar el curso. Si total, luego empezará otro y más difícil todavía. Hoy es día de últimas clases y menos mal porque la cosa viene de un concentrado que ellos no sé, pero a mí me van a estresar. Todo pinta como una especie de olimpiada en plan “abárquese tal obra de Debussy (pedazo de obra) en 90 minutos”. Hay que batir marcas y eso es absurdo pero, paradojas de la vida, los alumnos así se quedan más tranquilos. Yo no. Porque no sirve para nada hacerlo así, en plan express, y además me estreso. Y no son las clases en sí; la preparación también se lleva a cabo bajo las mismas circunstancias porque de repente te llaman por teléfono y la clase que era para el viernes tiene que ser el miércoles ahora, dentro de unos minutos. Resultado: hasta las tantas de la madrugada preparando una estrategia de urgencia, cual entrenador de fútbol, para abordar el partido. De hecho, ayer iba a contar lo de que me dejé secuestrar un rato por Gloria-madre y lo de que me dijo que lo que me faltaba era que me enamore. No lo dijo expresando un temor: lo que te faltaba! sino al revés, como expresando un deseo, una necesidad: lo que te falta ahora es eso. Pero a las tres y media de la madrugada no es plan de entrar al blog a debatir o rebatir la cuestión así que se quedó en nada.
Tengo dos minutos.
Qué prisa tiene la gente. Luego vuelvo.
Andante spianato 16 June, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 6 comentariosDurante siglos, el lenguaje musical de la tonalidad giró en torno a la tensión que se establecía entre estos acordes:

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Es una sístole y una diástole, una momentánea tensión sonora en busca de reposo y descanso. Que la práctica totalidad de las obras tonales concluyan con estos acordes, hasta el punto de que el oído los reconozca como señal de punto y final, de que se acabó lo que se daba, responde al hecho de que la tonalidad establece una jerarquía de acordes sobre los cuales esta pareja, esta polaridad tensión-reposo, reina.
En el Romanticismo, sobre todo durante la segunda mitad del siglo XIX, se observan los primeros indicios de un movimiento (sísmico) en el interior del sistema: la tonalidad empieza a manifestar signos de fatiga y desgaste y empiezan a operarse los primeros cambios sobre la cadencia formada por estos acordes. Resulta curioso observar que estos cambios se dan en diferente dirección: o bien se procede a rebajar la tensión entre ambos, debilitándola e incluso llegando al punto de disolverla o bien dicha tensión se intensifica mediante la inserción de elementos que distorsionan la configuración habitual de estos acordes. Precisamente uno de esos acordes fue aquel que sacrificaba una de sus notas para agregar, en cambio, una nueva, una nota intrusa que siempre era la misma y siempre se colocaba arriba, en las voces superiores, a fin de que la novedad fuera apreciada convenientemente, La introducción de una nota ajena al acorde sumada a la tensión natural del mismo daba como resultado esta combinación:

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Dado que entre las dos notas superiores se produce un pequeño salto, es fácil encontrar ejemplos en los que una nota de paso queda intercalada entre ambos acordes, rellenando el espacio en blanco:

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En cualquiera de sus configuraciones, esta simple cadencia forma parte del lenguaje armónico de Chopin con honores de predilección. Más aún: lo interesante aquí es que una mera función armónica trasciende su condición hasta convertirse en protagonista melódico. Dicho de otra forma: lo que a Chopin le gusta, lo que le produce placer, es simplemente su sonoridad, sin importar otra cosa que eso, hacerla sonar.
Hay una obra que se distingue entre las demás por estar construída única y exclusivamente como pretexto para poner en práctica este placentero juego sonoro: es el maravilloso y misterioso Andante spianato, misterioso porque es una obra que no termina de encajar en ningún sitio, tal y como delata su título o, más bien, su ausencia de título, ocupado aquí por lo que en realidad es una indicación de tempo y no una descripción. No es un Nocturno, ni una Balada; no merece el encabezamiento de Preludio o denominación similar. Pero quizá este detalle ahonde en la tesis hedonista: toda la pieza no es otra cosa que un (delicado) pretexto para hacer sonar porque sí esta progresión de acordes, convertida en manos de Chopin (nunca mejor dicho) en un verso sonoro. La obra comienza con un acompañamiento sosegado y ondulante, reiteradamente expuesto por la mano izquierda:

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De él brota una de las inspiradas melodías chopinianas hasta que el incesante flujo de notas desemboca en un paisaje novedoso, de trazo sobrio, protagonizado por esta pareja de acordes:

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Observemos su disposición cambiante: en un primer momento el acorde portador de la tensión no ocupa, como sería previsible, la parte fuerte del compás:

Sí que lo hace a continuación, adelantando un tiempo su presencia. El efecto de esta nota adelantada resulta muy curioso al oído, hace las veces de pequeña contención en el suave fluido melódico:

Este cambio en las acentuaciones sugiere al intérprete un rubateo, una inflexión en el tiempo; le indica que este fragmento, núcleo y fundamento de la composición, merece un esmero en la expresión, en el caso de que Chopin no haya conseguido contagiar la placentera sensación que a sus oídos produce este enlace de acordes.
Tal es la importancia de este fragmento, que reaparece para concluir la obra protagonizando una Coda doblemente justificada: por un lado se trata de una recapitulación del material esencial y por otra, su condición original de fórmula armónica conclusiva obliga a colocarlo en el vagón de cola de la composición:
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Chopin consigue transformar un rutinario procedimiento técnico en un elemento estético de carácter melódico.
Lista 15 June, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentariosCosas que me preocupan en estos momentos por orden de importancia, y si no están en orden, no importa:
-Me preocupa la posibilidad de haber tirado la toalla hace tiempo y no recordar haberlo hecho.
-Me preocupa todavía más la posibilidad de haber tirado la toalla y que nadie alrededor se haya dado cuenta, confundiendo lo que ve con otra cosa.
-Me preocupa la incertidumbre.
-Me preocupa el dolor que no duele, porque es el peor con diferencia.
-Me preocupa la indiferencia con la que vivo ese dolor cuando estalla la burbuja de la impotencia.
-Me preocupa que no haya anestesia para el dolor; me preocupa más que sea el dolor el que anestesie.
-Me preocupa que lo que esta mañana era blanco ahora sea negro; me preocupa que los médicos lo consideren normal sólo porque “entra dentro de lo previsto”. Mañana volverá a ser blanco, supongo. No sé si me preocupa más lo blanco o lo negro o el hecho de que entre tanto blanco y negro uno se vuelva transparente porque ya no sabe de qué color es.
-Me preocupa preocupar.
(Ya no me preocupo más por hoy)
Alquiler 14 June, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentariosViernes (porque esto fue el viernes).
Querido blog:
He vuelto al videoclub. He vuelto por las mismas razones por las que lo abandoné, allá por el mes de Enero: por ninguna en especial; fue de repente, un día va y no vas. Pensándolo mejor, quizá fueron las series, sí, va a ser eso, las series. Descubrí a un tipo que comparte con los demás las series por internet y conmigo la obsesión por el pixel bien definido; vamos, que el tío es un maniático de la definición y domina con virtuosismo el tema de la compresión hasta el punto de convertirme a la causa, a mí, escéptico, mordaz, crítico despiadado hacia esas cosas del divx y demás.
Sí, soy un converso.
Desde entonces, docenas de capítulos, temporadas enteras de a saber cuántas series se almacenan ocupando unas parcelas de las 500 gigas de extensión de un disco duro externo. Series buenas, claro; en realidad, de muy buenas a excelentes. Ese es otro motivo que me alejó del videoclub: con frecuencia me resulta más estimulante lo que me ofrecen las series que lo que me ofrece la pantalla grande, pero eso es algo que comparto con un número creciente de personas, creo, como le pasa al que comprime las series, que las comparte. Aquí la cosa es compartir. ¿De dónde si no, Weeds, Damages, Studio 60, Dexter, y etc, etc?
Y también está el hecho de que lo que más me interesa del cine no lo suelo encontrar en el videoclub. Eso es porque o soy muy raro en gustos o porque los videoclubs de aquí son muy pequeñitos. O por las dos cosas. Pero por alguna razón, el viernes hacia las 9 de la noche (si se le puede llamar noche a las 9 de la noche a mediados de Junio) decidí dar un paseo y fuí a parar al videoclub. Entré y la dueña estaba detrás del mostrador con la cabeza apoyada en una mano y el codo apoyado en el mostrador (¿se podrá resumir lo anterior diciendo simplemente “con la cabeza acodada en el mostrador”? creo que sí pero de repente he visto la cabeza de la mujer en una posición un poco rara) En fin, sigo: entré y estaba en esa postura con la mirada perdida y entonces me reconoció y se le abrieron los ojos pero mucho y se incorporó y salió del mostrador con los brazos medio en alto y el torso un poco ladeado, igual igual que el típico gesto de las actrices del cine mudo cuando exhibían sus dotes dramáticas. Hago esa comparación porque es que la mujer del videoclub no decía nada, como en las películas mudas, bueno, más que eso incluso porque no había hombre del piano acompañando el gesto de las manos en alto, ese gesto que no sabes muy bien si interpretar como que te están diciendo atrás, atrás, o dichosos los ojos, o ande vas o si, simplemente, se están protegiendo de algo que cae del piso de arriba.
Era lo segundo. La mujer me dio un abrazo de esos que comprometen la caja torácica y me plantó sendos besos, de esos besos que no se dan y punto sino que se dan y se quedan un rato y además hacen mmm, como dejando una impronta, como maternales, apresurémonos a precisarlo, que el mmm por escrito y más entre abrazos y besos se presta fácilmente a malentendidos. Sorprendido por la efusividad a mí no se me ocurrió otra cosa que dar unas palmaditas a la espalda como cuando le ayudas a un bebé a echar el aire después de la papilla y justo entonces me sentí muy ridículo y ví por un monitor los ojos exoftálmicos de Elijah Wood mirándome desde Oxford y casi daba miedo y todo. La mujer del videoclub me tocaba el brazo como si no terminara de creérselo y decía madre mía, madre mía, pero chico, pero tú sabes lo que nos hemos acordado de tí, pero bueno, pero qué tal estás, pero fíjate que le preguntaba a fulanito y a menganita pero sabéis que es de emejota y a ver si te veían y, bueno, pero qué cuentas, chico, y qué tal estás, trabajas mucho o qué. Y la mujer del videoclub hacía todas esas preguntas seguidas sin que yo pudiera siquiera empezar a contestar a ninguna.
Iba a contestar finalmente a una cuando de pronto, como si se hubiera acordado de algo esencial guardado desde la fecha de mi último alquiler, me da un codazo y me dice: oye, sabes que siempre siempre siempre te nombramos en casa porque eres igual igual igual que uno de “Operación Triunfo”? Y ahí me quedé como Elijah Wood, con los ojos así, igual igual igual. Y antes de preguntarle (con fundado y confundido temor quién) se encargó ella misma de decírmelo pero no supe a quién se refería. Un profesor pero no sé cuál. Y me dió una rabia. Porque ya que te “pareces” a alguien qué menos que saber a quién. Total, que puestos ambos al día del orden del día, a saber, las tribulaciones del negocio y las personales, me dije que ya que estaba allí iba a echar un vistazo. Todo nuevo, claro, después de tantos meses. Alquilé “Juno”, porque todavía no la había visto, y pasé de largo por “No es país para viejos” porque me da una pereza terrible esa película, y no sé por qué.
No sé, igual retomo las visitas esporádicas al videoclub a pesar de las series y a pesar de lo que se ve en los expositores del videoclub. Deberían abrir un videoclub de series. Lo que pasa que entonces echaríamos de menos al tipo que comprime las series mimando como mima al pixel.
Expo (I) 13 June, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 9 comentarios
Casi voy a echar de menos el follón de los meses pre-Expo, de la Expo que se inaugura esta noche en Zaragoza, la del agua, esa por la que los técnicos suspiraban para que el Ebro todavía llevara algo de agua para el día de autos, que con el cambio climático vete a saber, y mira por dónde que el río va que se sale, literalmente; vamos, que se ha salido y bien, como si el Ebro hubiera dicho, queréis agua? pues toma agua. Y, además, marrón chocolate, como mandan las buenas riadas.
Pero decía que (casi) iba a echar de menos el follón pre-Expo, el largo periodo que tiene lugar antes de la ceremonia de inauguración, cuando cada viaje a Zaragoza era una sorpresa (no siempre agradable) porque cada vez era todo distinto: donde antes se entraba ahora se salía, donde se iba ahora se venía, donde la carretera giraba hacia la izquierda bordeando la rotonda ahora giraba a la derecha sin que, por cierto, quedara de la rotonda ni rastro, donde había un terreno llano ahora había un socavón por el que pasaba una autopista que parecía haber estado allí abajo esperando a que las palas excavadoras la destaparan, así de rápida había sido la transformación. Y los cambios (y re-cambios). Por ejemplo, cerrar una estación de tren, borrar del mapa el edificio, desmontar las vías, poner encima una carretera, rotondas, plazas, como el que despliega un trozo de maqueta donde ya vienen insertadas las cosas y, justo entonces, cambiar de opinión y volver a hacer la estación (nueva) y, volver a echar vías, ahora bajo tierra para no causar un caos circulatorio mayor todavía. Una locura.
Durante este tiempo de impresionantes transformaciones (a partir de ahora, la silueta de la Pilarica compartirá el sky line maño con unas edificaciones marcianas, pero marcianas-marcianas) mis informadores improvisados han sido, básicamente, los taxistas. Si entras en un taxi y al poco el taxista te dice, anda el jaleo que nos han metío aquí es que el hombre tiene ganas de que le tires de la lengua, normal, es un aburrimiento eso del taxi si es taxi todo el rato, supongo, así que en esos casos es apropiado dejar caer la pregunta: pero van a llegar a tiempo con las obras o no?. La pregunta es pertinente visto el desolador paisaje que hasta ayer rodeaba de socavones y demás los alrededores de la faraónica estación del AVE, una cosa desproporcionada y fría que responde al nombre de “Delicias” (aunque yo sigo sin verle las delicias al sitio). Pues le preguntas eso al taxista y es como si abrieras las compuertas de una presa de palabras amontonadas y lo primero que sale es un JA! o similar. Y es curioso que todos los taxistas con los que he compartido trayecto aseguraban haber llevado ayer por la mañana a un técnico de la Expo, un pez gordo, ya me entiende usted, que, por cierto, por poco se deja un maletín, menos mal que me di cuenta. La tercera o cuarta vez que oí contar la historia me acordé de aquella otra historia de la chica de la curva y no supe si asustarme o qué, pero todos contaban la misma historia, que empezaba diciendo que ayer por la mañana tal y tal y que el pez gordo ese les había dicho, en plan colegueo, mire usted, negaré que he dicho esto, pero no se va a llegar a tiempo, ni de coña. Y entonces el taxista volvía a decir un JA! pero según fuera el taxista era un ja de satisfacción, como diciendo, ahora os jodéis, o era un ja como diciendo, no te fastidia, después de tanto incordio encima no van a llegar a tiempo.
Por lo que yo sé, aunque vete a saber si no será como la historia del pez gordo que ayer por poco se deja un maletín (más vale que el taxista se dio cuenta), el rascacielos principal, esa torre del agua, tiene muchas plantas rellenas a todo correr de pladur del baratillo para dar sensación de terminada. Y a los taxistas les jode especialmente que vuelvan a abrir la antigua estación, aunque ahora sea nueva estación y sólo para Cercanías, porque van a perder el chollo, tooooda esa clientela que de golpe y porrazo vio que iba de compras y en lugar de aparecer en mitad de la ciudad ahora aparecía en el quinto carajo y, claro, o bus o taxi. En el bus, en ese bus, yo es que voy dándome cogotadas de lado a lado, qué le vamos a hacer, y mira que por eso que Peter llama “conciencia ecológica” siempre me digo: voy a subir al bus, voy a subir al bus, pero cuando salgo de la estación entre señales de cuidado, por aquí, controles de policía, scaneres, más señales de cuidado por los socavones, sentimos las molestias, tropecientas personas esperando a pleno sol un autobús que no viene entre ruídos infernales de maquinaria pesada (pero pesada por el ruido sobre todo) pues al final la carne, que es débil, aunque el bolsillo también, dice, bueno, total, y se sube a un taxi ante la satisfacción del taxista que sabe que ese chollo durará poco y al que si le preguntas si las obras se terminarán a tiempo seguro que te dice que ayer mismo recogió a un técnico de la Expo, un pez gordo, ya me entiende usted, y dijo que nanai. Ah, y casi se deja un maletín en el taxi. Menos mal que el taxista se dio cuenta.
Vacaciones 13 June, 2008
Escrito por emejota en : Album , 3 comentarios
“Cuando eres joven, tienes muchos momentos de felicidad, crees estar viviendo en un lugar mágico, como debió ser la Atlántida. Luego crecemos y nuestros corazones se parten en dos”
“Corazones en Atlántida” (2001)
Cuando eres pequeño, los veranos son un espacio de tiempo infinito y maravilloso, libre de preocupaciones. En el cole deben estar dando ya las vacaciones. El blog no se va de vacaciones. Hay que tratar, por ejemplo, el asunto de los corazones que se parten en dos, que queda muy bien explicado en la novela “La cura Schopenhauer”, del psiquiatra Irvin D. Yalom. Lo explica tan bien que me tocó el corazón (sin romperlo) y me quedé ahí, pensativo, y no seguí, aunque lo haré. No seguí en parte por darle vueltas y en parte porque la inspiración, o algo parecido, me sigue haciendo trabajar. Lo dicho, ¿aquí vacaciones? Aquí desde luego no.
Diario 12 June, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentariosEmpecemos por la mitad, hacia media tarde. La señora Esperanza, vale? Noventa y tantos años y tan lozana, saliendo todas las mañanas al jardín de su casa para elegir unas flores y hacer un ramo para regalárselo a mi madre. Pues todo empieza en un ay, ay y aparece en escena el médico para decir que se le han parado los riñones y que es cuestión de horas. Cuando lo ha dicho las flores seguían en el jardín meciéndose al viento. Es terrible. Pensaba en esto mientras esperaba a que se disolviera un paracetamol efervescente de un gramo en un vaso de agua. Si observas el proceso por el cual una pastilla redonda se desintegra en una efervescencia interminable te entra como una melancolía tonta, una nostalgia de no sabes qué, como si el siseo suave y los puntitos blancos que salpican las paredes del vaso actuaran como un mantra que te deja en un estado de pausa en el que, sin embargo, esta tarde no podía evitar dejar de pensar en lo de la señora Esperanza y sus flores, y no sé por qué me la imaginaba en su jardín por la tarde sabiendo que ella salía de mañana toda la vida. Luego me dicen que tengo un sentido trágico de la existencia. En fin, de verdad que lo siento.
El paracetamol efervescente resulta ser un asco, podían ponerle algún edulcorante o algo. También resulta desconcertante, sí, porque, sinceramente, no sé todavía las razones exactas por las que debo tomarlo durante unos días. Dijo el médico: cuatro gramos diarios durante cuatro días. Y yo: ¿cómo? Y él: cuatro gramos diarios durante cuatro días. Y yo: ya, si eso lo he oído, era una expresión de asombro. Y él: ¿asombro por qué? Y yo: pues hombre…
Este médico, por lo visto, viene de la escuela de su ilustre colega el Dr. Hugo Z. Hackenbush, que “Un día en las carreras”, allá por 1937, ofreció píldoras de caballo para las anginas de la sufrida Margaret Dumond. La pobre sostenía en una mano una bola del tamaño de una pelota de ping pong y se llevaba la otra a la garganta y decía, pero doctor, cómo pretende que trague esto? y Groucho Marx le contestaba que con tres o cuatro litros de agua sería suficiente y que la yegua no se quejaba, oiga. Como soy muy escéptico con la medicina pero al mismo tiempo sigo siendo algo obediente, en lugar de cuatro gramos diarios tomo uno, pero sobre todo por el rato en el que me agacho a la altura del vaso y contemplo en su integridad el proceso de efervescencia, tan hipnótico, aunque luego el brebaje sepa a rayos.
Por la mañana ha tocado clase de discurso. Digo bien: discurso. De un tiempo a esta parte me he dado cuenta de que la principal carencia de quienes vienen preparando una oposición no es tanto la cuestión musical como la capacidad de expresarse oralmente, cosa que tienen que hacer ante un tribunal el día que les toque. Tienen dificultades para dar forma a las ideas, luego para ordenarlas, pero donde realmente dan el cante es a la hora de hablar. La cosa es tan terrible que se agobian de oirse ellos mismos así que toca tranquilizar el ambiente primero y después marcar unas pautas. Hacemos ensayo general. Yo soy el del tribunal y me tienen que contar el rollo. Y el rollo empieza más o menos así: “Bueno pues… entonces a ver… ehhhh… el estilo de Brahms, sí, bueno, se ve claramente en esta composición y… y es un estilo que se ve en los motivos… o sea… no hay motivos pero… bueno… todo se extrae de los motivos y…” Y yo, haciéndome notar sutilmente, tanto que lo pongo entre paréntesis, digo: (ejem, perdón). Y ellos (sea él o ella): ¿si? Y yo: perdona pero, entonces ¿hay motivo o no hay motivo? Y vuelta a empezar.
Por la noche me ha escrito un mail una de las chicas del vídeo del post de abajo. Me dice que el lunes empiezan a ensayar mi nueva obra y me pregunta si tengo algo en contra de las cuartas voces por lo del mi bemol. Luego se ríe un poco con lo cual deduzco que me lo reprocha cariñosamente. Ellas pueden con ese mi bemol, estoy seguro. Me he puesto muy contento con la noticia aunque al localizar ese mi bemol en la partitura (no recordaba dónde estaba) hete aquí que me he dado cuenta de que al lado hay un error en la transcripción del cuaderno al Finale. Nada, una nota que se ha colado donde no debía. Lo corrijo ahora y lo mando de nuevo para allá. Qué invento el correo electrónico.
Vox Tronica 11 June, 2008
Escrito por emejota en : Kantika, Música , 10 comentarios
La Kantoría: “Vox Tronica”, T. Stokes. Zumárraga, Junio de 2008 (Grabación doméstica)
La alegría del día ha venido a través de este enlace que me ha conducido al Vox Tronica, el juego musical compuesto por T. Stokes para provocar el asombro y desplegar las sonrisas. En una interpretación como la que recoge este vídeo se explica perfectamente lo mío con esta gente, llámalo admiración profunda, fascinación, flechazo, qué se yo: es esa receta de perfección compuesta por una mezcla justa de disciplina férrea combinada con pura alegría de cantar (que todo el mundo sabe que es inoxidable). Por eso sale lo que sale. Y además, contagia, aunque en vídeo menos, claro. Qué asombrosa capacidad de hacer pasar por natural lo que en realidad es un intrincado bosque de polirritmias, efectos vocales y glissandos en los que se disuelven los tonos hasta el infinito. Qué afinación, qué empaste de conjunto. Qué feliz facilidad. Esa es la frase que lo define todo.
Big Bang 10 June, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 11 comentariosUna vez exploté y me llevé por delante lo que encontré por el camino.
Hecha esta afirmación, veraz como pocas, conviene ahora hacer una pertinente matización habida cuenta de su contundencia: no hice nada malo ni raro, no le puse a nadie la mano encima, cómo le voy a poner a alguien la mano encima si el mero pensamiento de hacerlo me sobrecoge. No, mi explosión consistió en mandar a la mierda a alguna y a algunos y a casi todas las cosas que hasta ese momento me rodeaban. Eso sí, lo hice con tal contundencia que la onda expansiva todavía debe estar estremeciendo el eter allá por la estratosfera. Visto desde la distancia, me arrepiento en todo caso de las formas pero no del hecho en sí. Motivos no faltaban.
Cuando uno explota de tal manera que es consciente de que a partir de entonces ya nada va a ser lo mismo y con la incertidumbre de si será para mejor o para peor, pasan dos cosas: visto desde fuera, explotas y punto. Pero visto desde dentro, que es como yo lo viví, lo peor viene tras la explosión. Porque lejos de pensar que te liberas, lo que ocurre es que las grietas que se han producido empiezan a supurar y escuecen, y en el intervalo entre el hasta aquí hemos llegado y reunir las mínimas fuerzas necesarias para decir empiezo de nuevo hay un espacio de tiempo dolorosísimo y desconcertante.
El día que me bajé del mundo, empezaron a ocurrir cosas, algunas buenas, otras no tanto. Entre las no tanto está que al detenerte y comprobar que, sin embargo, el mundo no se detiene, descubres con una nitidez cruel que la vida no es reversible. Y en una circunstancia como la mía, en la que desde el final de la infancia has vivido, sí, pero siempre a la espera de poder volver a incorporarte a la vía principal, donde circulan todas las vidas, con sus logros y sus frustraciones, sus esperanzas y sus coscorrones en la pared, ese descubrimiento te agobia. Mucho. Entre las cosas buenas estuvo el descanso y el tiempo para la reflexión, por ejemplo del asunto de la frase anterior y de otros tantos. El paisaje tardó mucho en reconstruirse tras el terremoto pero una vez puesto en pie me puse en contacto con algunas de las personas a las que había afectado la onda expansiva para disculpar las formas, en algunos casos también el fondo. Únicamente pretendía decir: no soy así, no son mis formas. Y que cada cual siguiera su vida. Nada más. Hubo quien lo aceptó pero en líneas generales observé que en el fondo la gente no perdona y mucho menos olvida. Y todavía menos si quien ha sacado los pies del tiesto es el chico formal de toda la vida. Para ellos, sencillamente, ya no eres el mismo. Esto es extensible a los satélites, es decir, a las personas no afectadas pero alineadas con las otras. Como en la guerra, igual. Cada uno de nosotros somos la imagen que los otros se han hecho de nosotros mismos, lo que quieren que seamos: yo toda la vida he sido el chico formal, el modelo a seguir en no se qué, y a alguien así está visto que no se le tolera que mande a la mierda a la gente con una contundencia que dejaría temblando al mismísimo Fernán Gomez.
Mientras tanto, los médicos explicaron la virulencia de la explosión uniendo a las circunstancias ambientales la acción en el organismo de los fármacos anti-TNF, elevando el hematocrito hasta la estratosfera, y la hipertensión, y la ansiedad generalizada por el bloqueo de no se cuántos neurotransmisores y todo ese rollo que quedó escrito y descrito aquí. En contra de lo que pueda parecer, eso no me sirvió de excusa sino que, al contrario, me hizo sentir peor puesto que me encontré a merced de los elementos; vamos, que yo no llevaba el timón. Y si uno va a perder los estribos qué menos que hacerlo a gusto y a sabiendas, digo yo.
Estas personas, ella, ellos, lo supieron. Lo supieron porque no te perdonan, no te miran, te evitan, te cerrarían la puerta de su casa. Pero te leen. Según me pille me parece mezquino o divertido. Como he vuelto a perder el sentido del humor y desde el domingo por la noche se ha apagado la luz y no precisamente por esto, hoy no me parece divertido. Mezquino tampoco. Solamente lo rememoro y, de paso, recuerdo que un blog personal está para dejar constancia de lo que pasa, lo bueno y lo malo, y no para medir las palabras por si te lee uno u otro. Con la mano puesta en el corazón, no deseo ningún mal a estas personas. Pero tampoco me inspiran el menor interés. Uno no explota y manda a alguien a la mierda con mayúsculas porque sí. Allá cada cuál con su silencio y su conciencia, aunque estoy convencido de que la gente se inventa hasta la conciencia y zambulle su insatisfacción vital en una ficción líquida. Quién pudiera, pienso a veces. Otras no.
Migraña 10 June, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentariosPues eso.




