Paisaje 29 mayo, 2008
Escrito por emejota en : Varios , 1 comentario , trackback
Desde que me asomé por primera vez a este atardecer ando un poco más confundido. Para fotografiar un atardecer asà hay que viajar 55 millones de kilómetros, posarse en la superficie de Marte y mirar a ese sol empequeñecido por la distancia. Y entonces te sobrecoges. Un paisaje asà debe estar ahà por algo porque si no qué derroche y cuánta soledad. Qué enorme misterio es todo y qué bien está concretado en esa fotografÃa. La historia de la humanidad tiene en común un movimiento ascendente de cabeza para dirigir las miradas al cielo nocturno dibujando interrogantes y ahora nos encontramos, de pronto, mirando desde el otro lado. Hay que digerirlo durante un rato. Si a Christiaan Huygens le llegaran a decir que un dÃa podrÃa poner su telescopio en ese punto del firmamento que escudriñaba con silenciosa fascinación cada noche habrÃa llenado de más aes su nombre y, a buen seguro, su boca. Y Johannes Kepler habrÃa desesperado aún más en su particular enigma de Dios. Hoy a buen seguro habrá quien contemple esta imagen con la indiferencia con la que se mira una postal, pero en un desierto de silencio helado como este terminan y comienzan al mismo tiempo todos los sueños, todos los interrogantes. ¿Habremos cometido un disparate invirtiendo los términos que convino la naturaleza? ¿DeberÃan quedar inéditas bellezas como la de la imagen de arriba? ¿Tendrá algún sentido esa desoladora llanura que se proyecta hasta el horizonte? ¿Qué sentido cobran desde este lugar el dolor de las almas y la alegrÃa de los corazones que laten en un punto insignificante y remoto? No sé cuántas puestas de sol contemplarÃan aquà el Principito y su melancolÃa sentados en su silla. Yo sigo estremecido.