Archivo por días: 28 mayo, 2008

Aniversario

La Idea del Norte cumple hoy tres años.

Para un blog eso ya son años porque abrir un blog es fácil, sí, pero mantenerlo despierto y darle de comer, ah, amigo, eso ya es otro cantar (y contar, sobre todo contar). Un blog suele empezar con empuje y luego pueden pasar tres cosas, siendo la más habitual que los posts se espacien cada vez más en el tiempo; luego están los blogs que, súbitamente dejan de hablar. Personalmente son los que más me inquietan porque como soy fatalista siempre me da por pensar que alguna desgracia terrible le ha pasado al propietario o propietaria de la bitácora en lugar de pensar, simplemente, que se han cansado y punto, que supongo que será lo habitual. Y luego están los blogs que siguen al pie del cañón, que debemos ser los raros de la red.

Tres años dan para hacer un ejercicio en primera persona consistente en tirar de archivo, decir madre mía lo que hay por aquí y pasearse una noche cualquiera. Una noche cualquiera fueron dos o tres hace un par de semanas. La experiencia fue muy curiosa: había cosas que no recordaba (cosas que me agradó recordar y cosas que hubiera preferido no recordar) y también aparecieron en los comentarios personas que vinieron, estuvieron un rato y se fueron. La distancia en el tiempo hace que pasearse por el archivo del blog sea lo más parecido a leer lo que otro ha escrito más que releer algo propio. Te sorprendes a tí mismo diciendo al leer algún post, pero éste de qué va, y otras veces hasta te ríes a gusto. Y si haces el paseo en el silencio de la noche es como si recorrieras las salas de un museo con la luz de la linterna en la mano, dirigiendo la luz aquí y allí donde se amontonan las cosas, tantas cosas, tus cosas. Fue curioso, sí.

Tres años de blog son lo más parecido a un serial televisivo, con lo que a mí me gusta el mecanismo del serial. Podemos decir que cada año ha correspondido a una temporada a trescientos y pico capítulos. Y al igual que ocurre con las series, en cada temporada el asunto evoluciona, apartándose poco a poco de la idea general o retomando las esencias; incorporando nuevas formas de contar o manteniéndose fiel al estilo; de todo puede haber. Tengo un recuerdo algo raro de esta tercera temporada, por un lado creo que ha sido la más flojita por las circunstancias externas, que al mismo tiempo son internas porque atañen a uno mismo; también ha influído que el blog, quieras que no, deja de ser una novedad y ya no te entregas a él con tanta dedicación (la pereza y eso). Luego te entran remordimientos y es cuando descubres realmente el cariño que le tienes a este cuaderno y piensas: no tengo que descuidarlo. Es un poco como lo que hace el Principito con su rosa pero sin Principitos ni rosas.

Y luego está la gente: la que se deja sentir y la que presientes. La primera ya forma parte de este blog: este blog también es suyo. Entre los segundos hay de todo: para bien y para menos bien. Algún día explicaré a qué me refiero. Hoy no. Y entre todos, los unos y los otros, un día descubres, de pronto, que este rincón solitario donde podías decir lo que te daba la gana sigue siendo un rincón (menos solitario) donde puedes decir lo que te de la gana… pero midiendo las palabras. El objetivo de la cuarta temporada debería ser replantear eso (tengo que reunirme conmigo mismo, lo anoto).

La principal novedad de este año, al menos la que más se ha notado, ha sido el cambio de Blogger a WordPress. No me arrepiento de ello. Es curioso que la otra casa, la de Blogger, que debe acumular un polvo que ni sé a estas alturas, sigue recibiendo visitas. Algunos dejan allí sus comentarios creyendo que todavía hay alguien en casa. En el capítulo de ausencias suele ser el buzón el que te recuerda: ¿qué pasa con Gould? ¿y las autoentrevistas? Eso me dicen. Y tienen toda la razón, coño, qué pasa con Gould, eh?, y con las autoentrevistas?

La semana pasada un médico que había escuchado una obra mía observó que el dolor yo no lo proyecto en mi música y me preguntó que dónde lo hacía, porque en algún lado lo tenía que hacer. Yo le contesté que en la escritura y para que no pensara que esto era algún dramón decimonónico me apresuré a aclarar que el dolor, aquí, suele ir de la mano de la ironía. No siempre, claro, pero sí muchas veces. Y que hay algo que me gustaría recuperar y que se me perdió. El qué. Estoy en ello, en saberlo. Espero que eso pase en la cuarta temporada, que empieza en el post siguiente. Porque esto sigue, desde luego.

Gracias a todos los que os habéis asomado por aquí, a los fijos y a los móviles.