Archivo por días: 19 mayo, 2008

Pruebas

A toro pasado ya puedo anotar que el viernes por la mañana perdí el sentido del humor. De golpe. Con él mi capacidad para casi todo, siendo el casi todo la incapacidad para dar una clase, para salir a la calle y comprar el periódico y hasta para dormir. No vino a sustituirlo el mal humor, no; lo que vino fue nada. Para mí, el sentido del humor es el indicador de muchas cosas, o de una, pero importante. Y creo que todo fue, o al menos así quiero creerlo, porque este lunes me tocaba enfrentarme al enésimo viaje de 100 kilómetros para internarme en los inacabables y laberínticos pasillos de un hospital poco hospitalario para que me hicieran unas pruebas largas, desagradables y, en el mejor de los casos, destinadas a arrojar un resultado cero, un nada en el resultado, como la nada que vino el viernes para sustituir al sentido del humor y que invadió el fin de semana hasta el domingo por la noche, cuando este blog pudo hablar al fin un poco. Decía que creo que el enésimo viaje exploratorio tenía que ver con lo ocurrido porque me da la impresión de que el cuerpo ya se rebela, y lo hace así, desfondándose a ratos, como si fuera esa su forma de protestar, de cruzarse de brazos. Antes no pasaba pero es que antes eran 26 años antes. Luego no sé qué pasará, prefiero vivir en el presente aunque vengan a pasar estas cosas.

He entrado esta mañana en una habitacion llena de aparatos y monitores para saber a– si la medicación está jodiendo, con perdón, el sistema nervioso periférico o b– si es mi enfermedad la que lo está haciendo. Hay otra hipótesis: c– que lo que se esté jodiendo sea otra cosa, lo haga la medicación, la enfermedad o vete a saber. Me decía una de esas enfermeras veteranas que lleva la vocación en la sangre y que se quedaría a trabajar aunque la administración le pusiera en bandeja una prejubilación de oro, me decía con su mirada de ojos grandes: lo peor es la incertidumbre. Cierto. Totalmente cierto. La incertidumbre es una brújula que se ha vuelto loca o un paisaje de niebla. Por eso no sé si lo que agota son las pruebas en sí o la incertidumbre o lo de la nada del fin de semana o todo junto. Porque a la vuelta me he dormido en el autobús y por la tarde en casa mi madre ha tenido que despertarme a la hora y media de volver a quedarme dormido para que no se me cambiara el ciclo del sueño. Creo que ha sido un poco tarde porque ahora son las tantas y estoy escribiendo esto porque no tengo sueño. Pero ya ha vuelto el sentido del humor, o lo que yo entiendo por tal, y además estoy tranquilo. Es como si hubiera cumplido una obligación con alguien y el resultado que espero fuera con otro y no conmigo.

Por otra parte, sabido es que cuando lo paso mal la cosa de la música fluye y sin sombras, misterio, así que a última hora de la tarde estaba trabajando en una nueva armonización, pretexto para volver a eso que tanto me gusta tras la experiencia reciente de una composición cien por cien propia. Pero, pretexto sobre pretexto, en esta ocasión, la melodía es la excusa para hacer algo que solía hacer en tiempos: poner la melodía en el bajo y convertir el presunto acompañamiento en declarado contracanto. Una prueba, no como las de esta mañana, sino de tarde, y de tarde en tarde.