Indy 18 mayo, 2008
Escrito por emejota en : Cine
En Cannes, en la mañana de este domingo, se ha proyectado por vez primera la cuarta entrega de las aventuras de Indiana Jones, tantos años esperada que ya la dábamos por imposible por aquello de que sà pesan los años, diga lo que diga el anuncio del agua mineral, y no sólo los kilos, y Harrison Ford hace la friolera de 19 años que se enfundó su sombrero y le dio al látigo por última vez dando brincos cual Douglas Fairbanks redivivo en versión ochentera. Asà que habrÃa que poner un énfasis mayor en la primera frase de este post y decir que se ha proyectado al fin y por primera vez la pelÃcula que ha roto el hechizo de la trilogÃa. La trilogÃa ya no es trilogÃa pero los tres señores de la foto, Ford, Spielberg, Lucas, siguen formando la trinidad a la que tanto deben nuestras infancias y adolescencias.
Confesémoslo. La expectación la tenÃamos dividida entre el entusiasmo y el temor. Dicen las primeras crÃticas que la cosa no ha decepcionado pero que tampoco ha sido para tirar cohetes. Las segundas crÃticas dicen que las escenas de acción, geniales, pero que la historia peor que las anteriores. ¿Nos da igual lo que digan? Pues sÃ, nos da igual porque Indy es una experiencia personal e intransferible, como todos los mitos que se forjan en la imaginación, si bien es cierto que estas crÃticas, en contra de lo que pueda parecer, son de lo mejor que podÃamos esperar. Porque independientemente de cómo sea esta pelÃcula, y lo sabremos en carne propia en breve, con lo que tiene que lidiar es con el tiempo, con el calendario. Cuando a comienzos de los 80 se anunció “En busca del arca perdida” como pelÃcula que recuperaba el espÃritu aventurero de las pelÃculas clásicas de Hollywood, los chavales sabÃamos de qué iba ese espÃritu porque en la Primera Sesión de los sábados por la tarde de Televisión Española nos ponÃan, daba igual si en blanco y negro o en technicolor, los tarzanes de Weismuller, la marabunta rugiente, el prisionero de Zenda, las minas del Rey Salomón y el Ivanhoe de Richard Thorpe, que de thorpe no tenÃa nada, el RobÃn de los Bosques de Curtiz y del otro que es más difÃcil de escribir pero que también formó parte de la que se montó en el Bosque de Sherwood de la Warner; en fin, cosas muy distintas a los cansinos telefilmes de desgracias y cánceres, psicópatas ensañándose con viudas y demás que ocupan, u okupan, el lugar actual de la parrilla catódica. Las generaciones de ahora no saben qué es el espÃritu clásico aventurero de Hollywood y seguramente ni les importa, y si alguna televisión proyectara alguna de esas pelÃculas en blanco y negro a las 4 de la tarde el share se desplomarÃa haciendo un estruendo muy gordo.
Cuando pasas del Cine Exin a ver cómo Christopher Reeve levanta el vuelo rascacielos arriba para coger en brazos a Lois Lane y de paso al helicópetro -qué secuencia, por Dios- eres un tipo afortunado. Porque esas cosas ya no pasan. El pasmo ante los rudimentarios dibujos animados japoneses de Marco no puede competir con chavales que a los 6 años ya no se inmutan ante los milagros digitales de Pixar porque ya están hasta el moño de verlos a todas horas. Eso también hay que tenerlo en cuenta: que no sólo éramos más inocentes y tal sino que hay que tener en cuenta el factor “visto y no visto”, que es lo que ocurrÃa cuando veÃas a ET en pantalla y querÃas aprovechar cada fotograma de la sesión de las 5 del domingo, abriendo bien los ojos, como si te lo quisieras grabar a fondo en la retina, porque a la salida del cine sabÃas que, verdaderamente, el bicho se habÃa ido a su casa. En la tuya, desde luego, no estaba; ni vÃdeos ni dvd´s ni consolas. El Cine Exin con quince metros de celuloide y eso como mucho. El sentirse propietario de aquellos sueños (y, de paso, que dejaran de serlo, que ese era el precio) no fue hasta después. Los lunes al ir al colegio estaban cambiando el afiche de la pelÃcula y eso certificaba que Supermán, Indiana Jones, ET y el Halcón Milenario ya sólo vivÃan en el recuerdo embobado y perpetuamente fascinado.
Todo esto viene a decir (que me voy por las ramas) que da igual que le pidamos a esta pelÃcula que viene a destiempo (pero viene) no se qué cosas sobre el espÃritu original cuando los que hemos cambiado somos nosotros. Y hablo de los mayores que entonces éramos chavales. Los chavales de ahora ven a un tipo con resuello dándole al látigo y quizá se remuevan inquietos en la butaca sintiendo mono de la última experiencia adrenalÃnica de tropecientos trillones de polÃgonos de la PlayStation 3. A finales de los años setenta y principios de los ochenta, el caldo de cultivo donde fermentaba la imaginación estaba todavÃa en el cine, que vivió para eso una edad de oro irrepetible; ahora está en las consolas y eso no es ni mejor ni peor, simplemente es asÃ. Uno se involucra haciendo suyas (haciéndose en ellas) las aventuras de la consola y quizá por eso no le importe si lo que ve en la pantalla blanca es plano siempre que pase el mÃnimo requisito de espectacularidad en pirotecnia pixelada. Esa es la frontera que separa que un huevo de hojalata analógica llamado R2D2 llegara a tener alma en 1977 mientras que los Epidodios I, II y III no tuvieran chicha, puro pellejo digital, como el hombre de hojalata que buscaba un corazón, pues igual.
Comentarios»
cuánta razón tienes, emejota. ese espÃritu aventurero ha dejado de existir para los chavales de ahora. no saben quienes son los Goonies, ni los Gremlins, por irnos a maravillas ochenteras. el cine era un espectáculo imposible de olvidar, porque era en el cine y en ningún otro sitio. y se hace difÃcil que entiendan eso. mi primo de trece años es un maestro de p2p y, cuando le propongo ir a ver pelis como Iron-Man (prxóxima crÃtica en http://www.fancine.es), me dice que ya la ha visto en screener. qué pena. pero Indy es mucho Indy y le voy a llevar al estreno, a la primera sesión, con látigo y sombrero. a ver si aprende. y sÃ, lo único importante es que no sea todo digital. pero es Spielberg, no? y no sólo Lucas. y eso es importante.
Ays… estos niños de ahora que no saben la diferencia entre ver una peli y “no verla”… Tengo unas ganas de sesión de Indy con palomitas que no veas… y yo también soy de las de abrir los ojos para capturarlo todo. Aún recuerdo el reestreno de las Galaxias de hace unos años como si no hubiera pasado el tiempo y fuera, de nuevo, la primera vez que veÃa a Luke, Leia y Solo en la gran pantalla, menudo regalo…
Por aquà estamos impacientes todos ante el estreno…
Pero ya sabes lo que opino -y la experiencia refrenda-: que si se quiere que aprecien aquel cine, nuestro cine, no hay más que ponerle un poco de interés. Desgraciadamente, ya no tenemos “Primera sesión” ni nada que se le parezca, pero contamos con la posibilidad, para nosotros milagrosa, de organizar nuestra primera sesión particular. Doy fe de que los niños de ahora pueden disfrutar y disfrutan con todos y cada uno de los tÃtulos que has nombrado, y con algunos que te dejas (porque enumerarlos todos serÃa el cuento de nunca acabar). Vamos, que Weissmuller con el cocodrilo sigue causando sensación, y el Indio Joe en technicolor del 37 todavÃa asusta, y qué decir de las gualdrapas ondeando al viento en torneos y batallas…
Aunque hayamos cambiado, revivir con ellos aquellas sensaciones es recuperar un trocito de infancia. Qué gusto. No dejes de probar con los sobrinos.
Más difÃcil es, como decÃs, que comprendan qué era eso de “no ver” una peli… y otras tantas cosas.