Indy

Indiana JonesEn Cannes, en la mañana de este domingo, se ha proyectado por vez primera la cuarta entrega de las aventuras de Indiana Jones, tantos años esperada que ya la dábamos por imposible por aquello de que pesan los años, diga lo que diga el anuncio del agua mineral, y no sólo los kilos, y Harrison Ford hace la friolera de 19 años que se enfundó su sombrero y le dio al látigo por última vez dando brincos cual Douglas Fairbanks redivivo en versión ochentera. Así que habría que poner un énfasis mayor en la primera frase de este post y decir que se ha proyectado al fin y por primera vez la película que ha roto el hechizo de la trilogía. La trilogía ya no es trilogía pero los tres señores de la foto, Ford, Spielberg, Lucas, siguen formando la trinidad a la que tanto deben nuestras infancias y adolescencias.

Confesémoslo. La expectación la teníamos dividida entre el entusiasmo y el temor. Dicen las primeras críticas que la cosa no ha decepcionado pero que tampoco ha sido para tirar cohetes. Las segundas críticas dicen que las escenas de acción, geniales, pero que la historia peor que las anteriores. ¿Nos da igual lo que digan? Pues sí, nos da igual porque Indy es una experiencia personal e intransferible, como todos los mitos que se forjan en la imaginación, si bien es cierto que estas críticas, en contra de lo que pueda parecer, son de lo mejor que podíamos esperar.  Porque independientemente de cómo sea esta película, y lo sabremos en carne propia en breve, con lo que tiene que lidiar es con el tiempo, con el calendario. Cuando a comienzos de los 80 se anunció “En busca del arca perdida” como película que recuperaba el espíritu aventurero de las películas clásicas de Hollywood, los chavales sabíamos de qué iba ese espíritu porque en la Primera Sesión de los sábados por la tarde de Televisión Española nos ponían, daba igual si en blanco y negro o en technicolor, los tarzanes de Weismuller, la marabunta rugiente, el prisionero de Zenda, las minas del Rey Salomón y el Ivanhoe de Richard Thorpe, que de thorpe no tenía nada, el Robín de los Bosques de Curtiz y del otro que es más difícil de escribir pero que también formó parte de la que se montó en el Bosque de Sherwood de la Warner; en fin, cosas muy distintas a los cansinos telefilmes de desgracias y cánceres, psicópatas ensañándose con viudas y demás que ocupan, u okupan, el lugar actual de la parrilla catódica. Las generaciones de ahora no saben qué es el espíritu clásico aventurero de Hollywood y seguramente ni les importa, y si alguna televisión proyectara alguna de esas películas en blanco y negro a las 4 de la tarde el share se desplomaría haciendo un estruendo muy gordo.

Cuando pasas del Cine Exin a ver cómo Christopher Reeve levanta el vuelo rascacielos arriba para coger en brazos a Lois Lane y de paso al helicópetro -qué secuencia, por Dios- eres un tipo afortunado. Porque esas cosas ya no pasan. El pasmo ante los rudimentarios dibujos animados japoneses de Marco no puede competir con chavales que a los 6 años ya no se inmutan ante los milagros digitales de Pixar porque ya están hasta el moño de verlos a todas horas. Eso también hay que tenerlo en cuenta: que no sólo éramos más inocentes y tal sino que hay que tener en cuenta el factor “visto y no visto”, que es lo que ocurría cuando veías a ET en pantalla y querías aprovechar cada fotograma de la sesión de las 5 del domingo, abriendo bien los ojos, como si te lo quisieras grabar a fondo en la retina, porque a la salida del cine sabías que, verdaderamente, el bicho se había ido a su casa. En la tuya, desde luego, no estaba; ni vídeos ni dvd´s ni consolas. El Cine Exin con quince metros de celuloide y eso como mucho. El sentirse propietario de aquellos sueños (y, de paso, que dejaran de serlo, que ese era el precio) no fue hasta después. Los lunes al ir al colegio estaban cambiando el afiche de la película y eso certificaba que Supermán, Indiana Jones, ET y el Halcón Milenario ya sólo vivían en el recuerdo embobado y perpetuamente fascinado.

Todo esto viene a decir (que me voy por las ramas) que da igual que le pidamos a esta película que viene a destiempo (pero viene) no se qué cosas sobre el espíritu original cuando los que hemos cambiado somos nosotros. Y hablo de los mayores que entonces éramos chavales. Los chavales de ahora ven a un tipo con resuello dándole al látigo y quizá se remuevan inquietos en la butaca sintiendo mono de la última experiencia adrenalínica de tropecientos trillones de polígonos de la PlayStation 3. A finales de los años setenta y principios de los ochenta, el caldo de cultivo donde fermentaba la imaginación estaba todavía en el cine, que vivió para eso una edad de oro irrepetible; ahora está en las consolas y eso no es ni mejor ni peor, simplemente es así. Uno se involucra haciendo suyas (haciéndose en ellas) las aventuras de la consola y quizá por eso no le importe si lo que ve en la pantalla blanca es plano siempre que pase el mínimo requisito de espectacularidad en pirotecnia pixelada. Esa es la frontera que separa que un huevo de hojalata analógica llamado R2D2 llegara a tener alma en 1977 mientras que los Epidodios I, II y III no tuvieran chicha, puro pellejo digital, como el hombre de hojalata que buscaba un corazón, pues igual.

3 pensamientos en “Indy

  1. toni

    cuánta razón tienes, emejota. ese espíritu aventurero ha dejado de existir para los chavales de ahora. no saben quienes son los Goonies, ni los Gremlins, por irnos a maravillas ochenteras. el cine era un espectáculo imposible de olvidar, porque era en el cine y en ningún otro sitio. y se hace difícil que entiendan eso. mi primo de trece años es un maestro de p2p y, cuando le propongo ir a ver pelis como Iron-Man (prxóxima crítica en http://www.fancine.es), me dice que ya la ha visto en screener. qué pena. pero Indy es mucho Indy y le voy a llevar al estreno, a la primera sesión, con látigo y sombrero. a ver si aprende. y sí, lo único importante es que no sea todo digital. pero es Spielberg, no? y no sólo Lucas. y eso es importante.

  2. Marina's mom

    Ays… estos niños de ahora que no saben la diferencia entre ver una peli y “no verla”… Tengo unas ganas de sesión de Indy con palomitas que no veas… y yo también soy de las de abrir los ojos para capturarlo todo. Aún recuerdo el reestreno de las Galaxias de hace unos años como si no hubiera pasado el tiempo y fuera, de nuevo, la primera vez que veía a Luke, Leia y Solo en la gran pantalla, menudo regalo…

  3. C.

    Por aquí estamos impacientes todos ante el estreno…
    Pero ya sabes lo que opino -y la experiencia refrenda-: que si se quiere que aprecien aquel cine, nuestro cine, no hay más que ponerle un poco de interés. Desgraciadamente, ya no tenemos “Primera sesión” ni nada que se le parezca, pero contamos con la posibilidad, para nosotros milagrosa, de organizar nuestra primera sesión particular. Doy fe de que los niños de ahora pueden disfrutar y disfrutan con todos y cada uno de los títulos que has nombrado, y con algunos que te dejas (porque enumerarlos todos sería el cuento de nunca acabar). Vamos, que Weissmuller con el cocodrilo sigue causando sensación, y el Indio Joe en technicolor del 37 todavía asusta, y qué decir de las gualdrapas ondeando al viento en torneos y batallas…
    Aunque hayamos cambiado, revivir con ellos aquellas sensaciones es recuperar un trocito de infancia. Qué gusto. No dejes de probar con los sobrinos.

    Más difícil es, como decís, que comprendan qué era eso de “no ver” una peli… y otras tantas cosas.

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