Parto 9 mayo, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 14 comentarios , trackbackEstoy muy contento. Tengo ante mà a la criatura recién parida.
Especifiquemos: me estoy refiriendo a mi primera composición original (es decir, que no es una armonización ni una elaboración sobre material pre-existente sino que ha partido de cero) desde… 1999!
Especifiquemos más: es la primera composición cien por cien propia que ha pasado satisfactoriamente los (férreos) controles de autoexigencia.
Aquà la tengo, delante de mÃ. Porque por las noches me ha dado por ver de nuevo “Mujeres desesperadas” desde el primer capÃtulo, a capÃtulo diario (qué grande la primera temporada de “Mujeres desesperadas”) que si no ahora mismo me ponÃa a pasarla a limpio; hay que hacerlo cuanto antes porque tal y como está el borrador es probable que para dentro de dos dÃas no me acuerde de lo que dice ni lo que pone. A los médicos les sigue intrigando (y les intriga porque lo han corroborado) la acción de los anti-TNF sobre algún neurotransmisor que se traduce en un bloqueo de la creatividad. De ahà mi amnesia creativa desde finales de 1999. Se comprenderá, por tanto, que el parto ha sido especialmente doloroso pero también la satisfacción ahora es doble porque uno no puede evitar sentirse vencedor de un pulso. Alguna vez tenÃa que ganarle a los anti-TNF, digo yo, aunque sea una vez.
He estado a nada, a eso de las siete y media, de llamar qué se yo a quién o a quiénes, bueno, sà lo sé, por la cosa del entusiasmo, pero me he contenido, no sé, me debo estar volviendo sensato o igual es que no terminaba de creérmelo. Ya anoté por ahà abajo que algo estaba diciendo que voy, que voy y al final ha venido. Y lo que ha venido es una obra para coro mixto con divisi ocasional para voces blancas sobre la última estrofa del texto latino del “Stabat Mater”. ¿Cómo describir esta música? Pues estoy en ello, porque tonalmente no está establecida en ninguna región concreta y rÃtmicamente es libre, ha costado meterla en el traje del compás y aún asà he dejado muchos botones sin abrochar porque tiene un vuelo propio. Habrá que advertirlo en la partitura por si alguien se atreve a montarla, que hay directores que tienen ojo y estas cosas las ven pero otros no.
¿Y por qué en latÃn si yo no hablo latÃn? Este es un asunto curioso. Yo no sé componer en castellano, si me hicieran poner música a, pongamos por caso, esta frase: “Qué te parece si quedamos a las nueve y media” me caerÃa de espaldas. Imposible. Pero en latÃn puedo hacerlo. La explicación es sencilla, aunque paradójica: el castellano me resulta demasiado nÃtido, estoy pendiente de cada palabra; sin embargo, el hecho de ver difuso el latÃn (difuso porque tengo una idea aproximada de lo que dice pero no domino la lengua) hace que el asunto funcione porque me quedo con la idea general de la frase, aunque subraye algún término puntual, y eso es suficiente para que la música actúe en consecuencia sin interferencias. Es como mirar un cuadro de cerca o contemplarlo desde cierta distancia: a cierta distancia se ve más definido. Supongo que también es una cuestión de flexibilidad: el latÃn es increÃblemente flexible. Y evocador. Por eso ha salido una reformulación contemporánea de ciertos aires gregorianescos. Creo que eso puede explicar que haya fragmentos en esta obra que se resistan a ser medidos y que casi se escapen flotando como si no pesaran nada, como si en algún compás no existiera la gravedad. Eso me gusta. Porque el texto viene a decir:
Cuando mi cuerpo muera,
haz que a mi alma se le conceda
la gloria del ParaÃso”
Y la música actúa en consecuencia, perdiendo lastre poco a poco, elevándose hacia unas simbólicas alturas hasta llegar al verso “Paradisi gloria” y ubicarse en una región armónica sin contornos, ni aristas, ni sombras. Como un susurro, un soplo leve en el que se disuelve un último acorde, que apenas parece que sea eso: último.