Nocilla

Nocilla ExperienceLa “Nocilla Experience” de Agustín Fernández Mallo es muy suculenta, vaya eso por delante. Y ahora vayamos por partes: Agustín Fernández Mallo es un físico nacido en 1967 que siempre posa en las fotos con un aire desaliñado como de prota de cortometraje setentero en 8 mm. Su Proyecto Nocilla se compone de tres partes, porque sabido es que el mundo se ordena por trilogías y, si no, al tiempo. “Nocilla Experience” es la segunda y la que más se ve porque la edita Alfaguara; la primera fue “Nocilla Dream” (2006) pero no la publicaba Alfaguara ni semejantes así que es difícil de ver y la tercera será “Nocilla Lab”. Esta “Nocilla Experience” es como si hicieras zapping ante una tele de muchos canales de manera que te salen historias fragmentadas, entrevistas a estrellas del pop fragmentadas, citas fragmentadas, otras historias fragmentadas y así hasta que llegas al final de la lista de canales y entonces reaparecen en un orden aleatorio, como si pulsaras números sueltos del mando, y lo que ves (lees) son esas mismas historias fragmentadas, entrevistas fragmentadas y un etcétera fragmentado pero más adelantadas en el tiempo, claro.

Se ha escrito muchísimo sobre esta “Nocilla Experience”, bueno y malo, pero es curioso observar que casi todo lo que se ha escrito ha sido también fragmentario: sobre sus páginas se han acuñado términos como caleidoscopio ficcional, customización, collage, tetris literario, nihilismo, indieísmo, sundanceísmo, bloggismo, deconstrucción ferranadrianesca, fragmentación científico-lírica, miniepisodios docuficcionados…

(Jesús)

La verdad es que (casi) todo eso es verdad, es decir, que de (casi) todo eso hay en la receta de esta crema literaria, al igual que en la crema homónima y original hay leche, cacao, avellanas y azúcar y a saber qué otras cosas más no tan sanas que no caben en el estribillo de la canción y de eso se aprovecha el fabricante, afortunado él. El problema es que las voces críticas que se han alzado han incurrido en lo mismo que critican: acusan a Fernández Mallo de primar la forma sobre el fondo pero ellos hacen lo mismo: no reparan en que la forma está imbricada en el fondo y viceversa y, además, ni siquiera hablan del fondo. Y lo hay, y es lo mejor, lo más sustancioso.

Las historias de Fernández Mallo atrapan por su disposición, por su composición (ilimitadamente imaginativa) y por la forma en la que están narradas, con un tono como de letanía sobria, como de un funcionario de ventanilla que repasa la documentación sin poner un ápice de emoción en el gesto ni en la voz, como de notario que es escrupuloso en la certificación de los sucesos y los datos. Y es ese tono de línea plana, de recitativo contenido que como mucho se atreve a redondear alguna de las micro escenas con una frase final que las vuelve de golpe poema, el acierto fundamental que convierte esta experiencia en Experience, o sea, la que te lleva de fuera adentro del libro. Porque esa voz crea el clima y sobre ese fondo las historias transcurren con vida propia, todas raras, de una rareza asombrosa y de tan raras, maravillosas. La estructura que utiliza Fernández Mallo se puede imitar, el fondo no. Y la mezcla jugosa entre fondo y forma que da consistencia a esta crema de Nocilla literaria tampoco: es toque y secreto de cocinero talentoso. Yo me he quedado con ganas de más.

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