Diario

Para que luego digan de la sugestión y esas cosas: me encuentro perfectamente (en términos relativos, se sobreentiende).

La crónica del fin de semana viene a ser esta: el viernes estuve un rato en casa de los vecinos. En la calle había animación veraniega, arriba había animación de tertulia. Se me volvió a olvidar pasarle a la vecina un regalo que tengo para ella que huele muy bien y que debe estar muy rico. A la tercera va la vencida, fijo. Me invitaron a quedarme a cenar pero dije que no, que gracias pero que no; tenía que encontrar la orilla de la charla de mañana y me iba a quedar más tranquilo sabiendo que el trabajo estaba terminado.

Al salir del portal y bajar las escaleras de esa calle que es una calle que yo creo que la hicieron en versión Las Calles de San Francisco, por la pendiente, ví al joven Malvás entre un grupo de gente de viernes y le mandé un sms a la vecina para decírselo que sé que le gusta porque le da un poco de rabia saber que, si se asoma a la ventana, entre ese mar de cabezas está la del joven Malvás y ella sin saber quién es todavía. Que conste que no lo sabe porque no quiere, le pone lo de la intriga, al parecer. No puede terminar lo de la charla porque quería prepararle a Esther un menú degustación chopiniano para el sábado por la mañana. A veces hacemos eso para buscar las claves del lenguaje de un compositor: vemos tal cosa aquí y la reecontramos allí y allí y, de paso, vemos las modificaciones o las transformaciones, si las hay. Creo que es algo muy interesante. También a ella le mandé un sms para decírselo, que tocaba menú.

Mi tranquilidad para poder decir que ya están terminadas las notas sobre la disertación del lunes tuvo que esperar, cierto, pero me tranquilicé igualmente y aún diría que de una forma especial, al escuchar a Evgeny Kissin tocar, y decir tocar es mucho, más bien rozar, acariciar, ese ejercicio de hipnosis que es la Berceuse Op. 57 de Chopin. Qué maravillosa obra. Así que hubo clase el sábado por la mañana y por la tarde sí, entonces ya pude dedicarme al trabajo pendiente. A partir de ahí, tranquilidad.

3 pensamientos en “Diario

  1. toni

    alégrome de varias cosas, así, en lunes por la mañana y sin avisar. de la primera, que es que te encuentres perfectamente (aunque sea en término relativos). de la segunda, la visita a los vecinos, tertúlia incluída, y el paseo por las calles de San Francisco. de la aparición del joven Malvás y del menú chopianiano con Esther. no sé si me da mucha envidia o mucha curiosidad. lo podremos probar algún día? el nustro ha sido un poco más movido. pero esta semana es corta y va a merecer la pena salir tarde cada día.
    (cuídate mucho)

  2. Rachel

    rabia rabia no sé si es la palabra….morbo morbo entre toda esa algarabía de fin de semana estaba Malvás, pero mejor que siga sin cara, así sigue estando en mi cabeza de una manera más especial.

  3. emejota Autor

    Bueno, un poco de rabia sí te da, no lo niegues, porque una cosa es el morbo de no saber para que Malvás sigua estando en tu cabeza de una manera más especial y otra el morbo de saber quién, quién, pero quién! :P

    No había caído en lo de la semana corta, toni, pero debe ser porque yo no distingo muy bien entre días excepto los domingos, que todavía conservan algo de ese sindrome de la edad escolar que hace que se emborronen de una tristeza como de goma Milán porque al día siguiente hay lo que hay.

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