Diálogo

Hoy han pasado dos cosas. Por la mañana me han dicho en el hospital que se ha vuelto a descompensar el asunto. No me ha pillado de susto porque ayer por la tarde me puse fatal pero tampoco me hace gracia que me lo corroboren con los datos de las analíticas en la mano. El médico ha pedido pruebas, como si fuera un juez, y ha rellenado papelitos verdes, rosas y blancos. No sé por qué tanto color cuando la cosa se pone negra. También ha pedido una sangría con celeridad, porque vuelvo a tener un hematocrito estratosférico. Creo que vuelvo a ser una especie de bomba andante, por lo que he creído comprender. No es que sea tonto o que el médico se exprese mal, es que iba con la cabeza embotada y pensando en el agotamiento de pensar en lo que viene. Al médico no le ha hecho gracia algo relativo a esos calambres que empezaron hace cosa de un mes y que no terminan. Me ha mirado los reflejos de la rodilla y al dar con el martillito ha salido la pierna disparada de tal forma que por poco le doy una patada (involuntaria, como los reflejos) en los bemoles. La medicina es una profesión de riesgo. Me dice el instinto que si ha habido una vez en la que a este hombre se le haya pasado por la cabeza la posibilidad de quitarme la medicación marciana-pero-vital ha sido esta mañana. Se ha notado por su silencio, o por el gesto, o por las dos cosas. Es comprensible: entonces sí que nos encontraríamos ante un serio problema. Y no es por quitarle méritos al médico, pero más seria sería la parte que me toca, digo yo.

Estoy nervioso, sí, pero es ese nerviosismo sin nervios, esa desazón característica con la que el cuerpo expresa la poliglobulia y la hipertensión. Dice el médico que son los síntomas normales de una situación anormal en la que hay que intervenir ya. Perfecto, pero después de la charla del lunes. Hemos llegado a ese acuerdo aunque la charla la tengo atascada. Ahora debería estar con ella pero es que Richard Parker me ha dado un zarpazo de esos traicioneros y con eso tengo suficiente por hoy.

Lo segundo del día ha sido algo más agradable. Me llamó el otro día un hombre con un interesante bagaje a las espaldas; en su día fue una figura pública hasta que desapareció del mapa. Debía estar en un estudio de radio, por lo visto, porque me proponía una charla en plan “face to face”; algo tranquilo, sin anuncios, sin el toque periodístico que le dan a las entrevistas cuando tienes que promocionar un acto. Me sedujo la idea porque no lo conocía personalmente y me atraía la incertidumbre del enfoque de una entrevista así, un cara a cara con un tipo con amplia experiencia vital, de luces y sombras, intelectualmente solvente, con un indudable perfil humanista. Cuándo, le pregunté. El jueves a las 15:30. Y yo pensé: vaya, habrá que tomarse una coca-cola no vaya a ser que me de la modorra de la siesta y caiga hacia adelante con la frente apoyada en la alcachofa del micro. Pero no, qué va. Apasionante la experiencia. Es que no es frecuente que te encuentres con algo así, con alguien que te mira a los ojos y te hace sentir que el reloj y la lucecita roja le importan un pimiento, que lo que le importa es hablar tranquilamente, sobre todo, eso, hablar, y tranquilamente, sin guión y sin preparación previa, lo que vaya saliendo.

Y lo que sale es muchas cosas, la música, los libros, la peripecia vital, el dolor, una armonía de Satie, el proceso creativo, sus mecanismos, qué lo alienta, dónde empieza, quién está ahí, en las cinco líneas y en los cuatro espacios, si es que hay alguien, sí, hay alguien, claro; el desarrollo de los motivos, el papel del oyente como culminación de la composición, la presencia del intérprete, el actor en el escenario, el teatro, vuelta a la música, si cantaremos quizá cuando las palabras no son suficientes, y la música como bálsamo. Y oye, que las señales horarias han sido como cuatro bofetadas, como un despertador grosero que te dice que espabiles de par de mañana. Así que hemos quedado para seguir el próximo programa, ¿te parece? Por mí, encantado.

Como el estudio está fuera de la ciudad y ahora los ayuntamientos hacen carriles bici y vías para peatones, se me ha ocurrido volver dando un paseo tras intercambiar unas palabras post-emisión y estrechar las manos. Y volvía yo a gusto aunque con un dolor en las cuencas de los ojos, igual que el de ayer y el de esta mañana, y pasando por esas zonas en las que solo oyes pájaros y el aire y el sol están igualados de manera que ni frío ni calor, esas raras ocasiones en las que todavía puedes creer que existe la primavera, pues se me ha mezclado de repente lo del diálogo en el estudio, sincero y cercano, con el diálogo de esta mañana en la consulta, sincero y cercano, y se me ponía como un revoltijo raro en el pecho, pero no de cabreo, sino como si de pronto, no sé, todo estuviera bien, eso, caminar sin ninguna prisa sintiendo que los pasos, y el sol, y la brisa, y los pájaros, y hasta el dolor en las sienes y en la cuenca de los ojos, por qué no, todo eso de alguna forma encajaba en una línea a una voz que hablaba de la suerte de estar, de sentir, de sentir lo mucho que sientes y lo mucho que lo sientes; hay espacio para todo en esa emoción intensa que es cobrar conciencia del instante. Si los milagros existen, el más importante debe ser uno parecido.

4 pensamientos en “Diálogo

  1. C.

    Has creado (por lo menos) un momento intenso con ese instante intenso en un día intenso de una vida intensa.

    Gracias y un abrazo

    (Cuidado con ese Parker despiadado… pero mirándolo es como salen los kyries, qué se le va a hacer)

  2. toni

    dicen que esos momentos de milagro, o felicidad, como cada uno prefiera, son sólo instantes muy pequeños, casi imposibles de contabilizar con segundos y minutos y horas. que son como pequeñas burbujas que ahora están y blup, ahora ya no. pero que lo más importante es tenerlos de vez en cuando. y no muchas veces, porque, de lo contrario, se convierten en costumbre y luego ya no son tan intensos, ni, como dice C., salen los kyries (yo quiero oirlo, yo quiero oirlo). pero lo suficientemente seguidos para seguir andando despacio, con el sol o la luna o el frío en la cara y Cronos y Parker durmiendo la siesta.
    un abrazo despacio

  3. emejota Autor

    La costumbre neutraliza los efectos de las cosas, tienes razón, toni. Es mejor lo de las burbujas, no sólo es mejor, es que las cosas son así, con blup incluído. Otro abrazo para tí.

    Lo celebro intensamente, C. No hay de qué.

    (Se le podrá preguntar a Parker si ese Kyrie es de otro?)

    Un abrazo

  4. C.

    Es que Richard Parker es muy primario, y de kyries así en plan erudito creo yo que no sabrá mucho, aunque sea él quien los desate… Mantenlo a raya esta tarde y danos oportunamente el parte (por favor)

    Un abrazo

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