Archivo por días: 18 abril, 2008

Efectos

Ayer ocurrió algo que me llamó mucho la atención y es que después de tanto tiempo ví claramente la relación causa efecto entre la administración del medicamento marciano-pero-vital y sus efectos sobre algo que va más allá de lo físico. Porque no duele nada pero a las horas te sientes algo sordo y ciego para la música, y para formar un texto las piezas que montan las frases tienes que pensarlas dos veces y releerlas tres, y eso en el caso de que se te ocurra alguna frase. Para que se te ocurra alguna frase, hablo en el caso del blog, es necesario tener algo que contar y esa es otra de las cosas que pasó: que de pronto había una nube, una niebla por la que entreveías ésto y lo otro pero sin posibilidad de asirlo. Asirlo, ves? me suena de repente raro. Existe asirlo? Desde hace cuántos siglos no se utiliza eso?

En fin, a lo que voy, eso es lo que ocurrió. Y eso, que ya lo veníamos observando, que no es nuevo, sí que fue especialmente llamativo porque lo sentí de forma especial, quizá porque vino a romper un periodo de relativa normalidad, bendita palabra que diría Unamuno, normalidad, y porque lo único que cambió en cuanto a circunstancias fue la administración, horas antes, de la dosis quincenal. Hasta ahora, la medicina ha podido controlar el TAG, al menos es algo, que no es poco, pero es que esto otro es distinto; es algo que no genera ansiedad sino una cosa parecida a una incapacidad de la voluntad, que no es que no quiera hacer, es que no puede, no encuentra.

La medicina trata cosas que tienen nombre y apellido, que tienen etiqueta; no es el caso. Y entonces no sabe muy bien qué hacer. Eso les intriga a ellos y me intriga a mí. Y de paso me jode bastante, y me desconcierta y lo que se pueda imaginar. Pero doler, no duele nada. Insisto en lo del dolor porque es curioso que los médicos lo primero que te preguntan es eso, si te duele, y yo contestó, el qué, y son ellos entonces los que se desconciertan y añaden pues no sé, algo. Pues no, no me duele nada. Pero lo otro, pongámoslo entre comillas y en cursiva, “lo otro”, es otra forma de dolor, un dolor mudo, un dolor blanco, un dolor de humo, una nada en la que te pierdes un tiempo, cuánto, no se sabe.

Afrontar un dia cotidiano de esta manera supone hacer un acopio ingente de energías de par de mañana, de tal forma que ya te levantas vacío, agotado. No me las estoy dando de héroe; de héroe no tengo nada. Yo estoy preparado para cualquier cosa menos para morirme y eso a los héroes no les importa.