Slacker 14 abril, 2008
Escrito por emejota en : Cine
Personalmente, tener la oportunidad de ver la ópera prima de ficción de alguien que en su momento hizo esa delicia intimista que es “Antes del amanecer” (y su reencuentro, diez años después, porque aquello era un reencuentro más que una secuela) es algo apetecible. Hablo de “Slacker” (1991) y de Richard Linklater. De ahà que venga de atravesar la ciudad de Austin durante 24 horas condensadas en 96 minutos, cruzando pasos de peatón, entrando en tugurios cerveceros con cantante pésimo al fondo, subiendo escaleras, bajando escaleras, caminando por calles soleadas, inspeccionando casas ajenas donde hay muchas habitaciones llenas de cosas y una vacÃa con un puñado de postales en el centro del suelo; y todo por seguir a cien personas, cien, que sólo tienen en común el cruzarse ante la cámara en un momento dado haciendo que esta les siga durante unos instantes movida por la curiosidad extrema de lo que dicen, un relato fragmentado porque empieza empezado y quedará incompleto ya que para entonces alguien nuevo habrá entrado en plano y más de lo mismo. Y asà todo el (fascinante) rato.
El inicio de Slacker es revelador: con las primeras luces del dÃa, un joven llega en autobús a Austin y sube a un taxi y allà le mete la brasa al taxista, impávido como buen profesional, en forma de monólogo verborreico. El joven es Linklater, el director y guionista de la pelÃcula, y lo que cuenta un sueño raro que ha tenido en el autobús. En el sueño escribÃa un libro (un guión?) y el libro hablaba de que cada idea crea una realidad, sabe?. Lo que no haces se fracciona creando otra realidad. Al considerar los otros caminos se convirtieron en realidades, continuaron toda una vida que nunca veremos. Por ejemplo, al bajar del autobús se me ocurrió no tomar este taxi, sabe?. Ahora mismo existe esa otra realidad por el hecho de haberlo pensado. Y esa realidad se ve a sà misma como la única realidad. Desde esa otra realidad podrÃa soñar con esta.

De eso va Slacker. Una vez que Linklater se baja del taxi y desaparece del plano la cámara elige a quién seguir hasta que otras posibilidades se cruzan en su camino. Las opciones que quedan fuera de plano siguen existiendo, ya han creado una realidad en la que sucede una vida de la que nunca más sabremos. En esta pelÃcula la cámara es más oÃdo que ojo, al menos hasta ese final alucinante y alucinógeno, y recoge las conversaciones lisérgicas de pintorescos personajes anónimos que pueblan el dÃa de Austin haciendo filosofÃa de Scooby Doo o reflexionando sobre la supremacÃa de la realidad grabada en vhs de la otra que no se puede rebobinar ni pausar; de accidentes de coche y llamadas a una ambulancia, de la conspiración de los gobiernos que convierten a gente en zombis, no los ves, mira, van por la calle con amnesia de la memoria a largo plazo, y de que estamos en Marte desde el 62, concretamente desde el 22 de Mayo.
En el recorrido por Austin hay máquinas expendedoras del USA Today que se atascan al mediodÃa y camareras piradas que todo lo etiquetan y agobian al tipo que ha pedido un café como pretexto para que le den cambio diciéndole con un ojo tembloroso que deberÃa dejar de traumatizar a las mujeres con el sexo, deberÃa. Y prosigue la excursión mientras pasan las horas y la cámara deja de seguir a alguien que hace un análisis freudiano de Los Pitufos para irse con un anciano anarquista que estuvo en Barcelona cuando la guerra civil en el caso de que la guerra civil hubiera transcurrido 30 años después en un viaje de turista; y toman el relevo unos universitarios que tiran al rÃo una máquina de escribir eléctrica en un ritual en el que alguien lee un fragmento del “Ulises” de Joyce como si fuera la Biblia, y después una chica te sale al paso y te ofrece a buen precio una citologÃa de Madonna en la que han quedado dos pelos púbicos de la diosa.
Slacker es un collage inmenso de trocitos de palabras que, juntas, montan la pelÃcula, porque aquà la cámara sólo escucha y camina silenciosa, sin intervenir, y es inevitable que te sumes al paseo, atrapado por ese rÃo de personas y palabras, sobre todo las palabras, que te hipnotizan como si fuera una letanÃa infinita.
Nota: me cae bien Linklater porque representa el tipo de persona con las agallas que yo no tengo. Un dÃa Linklater dejó los estudios de literatura en la universidad y se fue a trabajar a una plataforma petrolÃfera en el Golfo de México. Allà ocupó la mayor parte de sus ratos libres leyendo. Volvió con el gusanillo del cine dentro, empleó los ahorros conseguidos en la plataforma en comprar un equipo de súper-8, un proyector, una mesa de montaje y se fue a Austin. De la frase anterior lo mejor es el “se fue” porque suena a “empezó” y a “posibilidades” y a más cosas, algunas más fáciles que otras, pero todas de un diccionario propio. Ya llegamos a Austin. Allà creo un cineclub en la universidad -qué gozada- con la única finalidad de dar a conocer su pasión por Bresson, Ozu, Von Sternberg y otros. Autodidacta total, miró a través del visor y empezó a plasmar su visión de las cosas en la retina del celuloide.
Comentarios»
Delicioso post, emejota.
Y es que la combinacion de valentÃa (u osadÃa, llámala como quieras) y genialidad suele dar como resultado mezclas deliciosas.
Sin embargo, la genialidad cobarde o la valentÃa sin duende son como cócteles mal mezclados.
En fin, que qué difÃcil es ser barman.
no sé si enfadarme porque en la imagen sale la portada del dvd de la filmoteca de la fnac o alegrarme mucho porque, como siempre, me has vuelto a abrir el apetito. he estado buscando por youtube el trailer o algo y aparecen varios fragmentos que no hacen más que alimentarme esa necesidad. y sÃ. eso son agallas. muchas. todsa las que nos dejamos en algún cajón y ahora no nos atrevemos a sacar por miedo a que las consecuencias no sean un éxito ni un fracaso, sino todo lo contrario. a mà también me cae bien Linklater.
De una que me gusta LinkLater sobretodo por “Antes del Amanecer” … Esta no tuve la oportunidad de verla, vere si la veo en mi videoclub—
Muy buen aporte!!!
Muchas gracias, tocayo. No sé si esta peli es carne de videoclub pero, en fin…
Yo me alegrarÃa, toni, sobre todo por lo del a filmoteca FNAC. Qué tÃos. Ahora han abierto más colecciones, la de rarezas de cine español (con los Ditirambo y primeras pelis de Gonzalo Suárez) y otra con los clásicos horrores Hammer (que en este caso son horrores en el sentido literal, claro, benditos horrores Hammer). Me gusta que también te caiga bien Lanklater.
Muchas gracias, causal. Yo creo que se nace barman y luego en todo caso se perfeccionan. Por eso cuando les ves hacer un cóctel te quedas admirado por esa abrumadora naturalidad con la que se desenvuelven. Es significativo que hasta disfruten haciéndose mirar. Qué tios.
Abrazos