Archivo por días: 9 abril, 2008

Cruz de migrañas

Cuánto disfruté ayer en el transcurso de la conferencia cuando enseguida ví que sí, que adelante; eso lo dice un lenguaje especial que el público emite con el silencio y la mirada y alguna sonrisa ocasional; te dicen eso sin saber, quizá, que te lo dicen y eso te allana el camino, vía libre, y disfrutas comunicando cada una de las palabras que forman las frases que forman las ideas que vas desgranando con todo el mimo del mundo, que es como me gusta trabajar a mí.

Antes, desde el mediodía, tuve a mi lado a un hada madrina gracias a la cual pude transitar ese impresionante campus de la Universidad de Navarra repleto de edificios como de película futurista sin sentirme perdido o empequeñecido. Debo resultar un ponente algo peculiar a ojos de quien organiza los eventos: comí en un Pan´s and Company y una hora antes de la conferencia me metí entre pecho y espalda un Bollycao, sí, qué pasa, la carne es débil y la tentación a veces fuerte.

Al final de la conferencia vino gente que no conocía de nada a transmitir su felicitación de manera muy afectuosa aunque iba con el tiempo justo porque el viaje de vuelta salía en 45 minutos. Pero ahí estaba al quite mi alumno, si hombre, si ya lo conocemos, el que me debe un relato aunque yo siempre le perdono y le concedo prórrogas porque siempre tiene cosas entre manos y yo siempre digo que bueno, que no se preocupe. Ayer, por ejemplo, salía para Barcelona pero quiso estar en la conferencia y, además, insistió en acercarme en su coche del campus a la estación de autobuses a pesar de que le esperaba una jartá de kilómetros. La gente te transmite su afecto de muchas maneras: aceptando comer contigo en un Pan´s que quita el apetito de verlo o retrasando la salida de un viaje hasta horas incómodas para acompañarte y oirte, aunque te haya escuchado tantas veces a solas, en nuestras charlas caseras alrededor de lo que sea que tenga cinco líneas y cuatro espacios y hasta de lo que no tenga, y llevarte a la estación y casi casi ayudarte a salir del coche, que poco faltó, que el reflejo le llevó a extender el brazo, así iba yo cargado de bultos y de un cansancio creciente.

La cruz vino en el viaje de vuelta. Una migraña de esas que hacen que los puntitos de luz de las farolas que pasan por las ventanas del autobús se te claven dolorosamente al fondo de la retina y te deslumbren y que el estómago te comunique que igual vomita y todo. Un horror. Hasta esta mañana. Creo que es la forma que tiene el cuerpo de avisar que la batería aguanta cada vez menos, como la de los móviles o los portátiles, y que estar desde la mañana danzando por el mundo, sin ser nada, quizá fue excesivo. Porque por la conferencia en sí firmo porque todas resulten así.