Archivo por días: 7 abril, 2008

Diario

Llueve bastante y la temperatura ha bajado. Lo primero lo sé porque, a lo tonto, llevo un rato largo mirando por la ventana. A un lado tengo esta ventana donde escribo el post y a otro la ventana en la que llueve. Y de fondo suena “Rather lovely thing” y “Song for Jesse”, de la banda sonora de “El asesinato de Jesse James a manos del cobarde Robert Ford” y produce un efecto narcotizante, como en la película. Por la ventana se ve pasar a los coches en fila deslizándose en procesión sobre el asfalto mojado al compás de la melodía.

Me he puesto una camisa de estar por casa encima de la camiseta de estar por casa porque en casa se nota el número 9 que aparece iluminado en rojo en el termómetro de lo que antes era la sucursal de un banco, luego lo fue de otro banco y ahora no se sabe muy bien qué es, pero un banco seguro que no. A pesar del 9 y gracias a la lluvia, de vez en cuando me levanto de la silla y abro la ventana y aspiro. Cómo me gusta ese olor. Hasta hace no mucho tiempo estaba convencido de que a ese olor de lluvia y de tierra mojada se le llamaba mojama y el día que me enteré que era algo relacionado con el pescado por poco vomito. Por Dios, qué asco. Debe ser un error del diccionario porque la palabra tiene resonancias bien claras. Desde luego, en tardes como la de hoy, cuando llueve fuerte y abro la ventana y aspiro me digo: el olor de la mojama. Y me quedo tan ancho.

Esta mañana han venido con una ambulancia y se han llevado a la señora Mercedes al hospital. No sabemos si será grave o no pero, desde luego, es terrible. Siempre es terrible.

Ayer llamó Alain por teléfono. Me invitan a pasar el fin de semana a Bilbao. En principio dije que sí y eso que todavía no me habían dicho que entre los motivos de la invitación estaba aprovechar para ir a escuchar a los Lumega, que son los Kantika que se hicieron mayores. Veremos a ver. De momento, en el horizonte cercano está lo de mañana en Pamplona. Ya está el ordenador en el maletín porque ya no toco ni un punto, vamos. Así se queda.

Una vez alguien lloró y después sonrió. Y yo dejé escrito un consuelo para el día de mañana. Por si hiciera falta.