Memorial 30 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentariosA Adrián.
“…Creo que para su evasión aprovechó la migración de una bandada de pájaros silvestres…”
Antoine de Saint-Exupéry, “El Principito”
Razones 29 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 1 comentarioEstando esta mañana en el hospital con una vía abierta en un brazo por la que entraba suero mientras que del otro salía sangre, he decidido que iba a meter el iPod en el bolsillo, subirme al próximo tren y pasarme por la FNAC. La enfermera decía que es normal que luego te encuentres flojico, bueno, ya sabrás por otras veces, no? almuerza algo abajo y descansa, y yo he respondido que sí, sí, pero por dentro ya lo había decidido. Soy así de contradictorio o de borrico pero si una cosa se me mete en al cabeza ya no hay más que hablar. Digamos en mi descargo que había razones de peso para hacerlo:
1. Soplaba el cierzo. El cierzo es el viento norte que te garantiza cielo azul y sol sin calor (de hecho, a la sombra hacía frío de invierno) Lo mejor para viajar, sobre todo tras la visita del calor durante el fin de semana pasado anunciando que enseguida se muda para aquí. Entonces no habrá quien se mueva. Yo, desde luego, no.
2. Me quemaba desde hace unas semanas el cheque de puntos acumulados de la FNAC, que mostraba una generosa cantidad en euros. Cuando eso ocurre lo más inteligente es emplearlo en algo que realmente merezca la pena. Y eso es justamente lo que pasa en el punto 3.
3. Y ciertamente 3, sí. Tres años esperando a que alguien se dignara a traer una de las ediciones USA imprescindibles: la integral Harold Lloyd, editada en 2005, restaurada meticulosamente y equipada con abundante y suculenta documentación adicional. Unas 24 horas en 10 dvd´s. Soy un incondicional de Harold Lloyd, el tercer genio, como lo llamó una serie británica documental. Sobra decir que también soy un incondicional de los otros dos genios, Chaplin y Keaton, del último me proyecté la otra noche esa maravilla que es “Sherlock Jr” y tengo previsto volver a hacerlo porque me quedé con ganas de más, pero a Lloyd se le tiene más perdido, quizá por aquello de que lleva 80 años colgado de las manecillas del reloj.
Me he vuelto en el tren tan ufano con mi pack Lloyd conseguido a precio ridículo al intercambiarlo por el cheque de puntos. La cajera se me ha quedado mirando en plan así no nos vamos a ganar el sueldo de este mes, chico; o igual la mirada era de otra cosa, mirada de vaya mala cara que lleva este hombre, si está blanco. Claro, me habían vampirizado las esbirras de Christopher Lee de par de mañana.
A la vuelta me ha salido a recibir a pie de vagón mi sobrino Carlos. Definitivamente, mi sobrino Carlos es como Pocoyo. Igual. Estaba tan contento de ir a la estación a esperar al tío que venía en el tren y yo tan contento de la recepción. Le he dado dos achuchones y del bolsillo de su pantalón ha sacado un caramelo azul del tamaño de una lenteja. Me lo ha ofrecido. Mi sobrino es muy generoso. Hemos esperado en una chocolatería a que la abuela hiciera un recado aunque no hemos tomado chocolate. Pero hemos hablado de los trenes, de las burbujas del refresco del tío, de cuál será la razón de que los cubitos de hielo estén siempre tan fríos y nunca calientes, de que el botellín de agua del que nunca se separa Carlos no tenga burbujas, de los coches de color rojo y de algo de El Rey León que no he terminado de descrifrar muy bien.
Al final hemos quedado que un día vendrá a comer a casa, hoy no porque él ya había comido y no se puede comer dos veces, según ha dicho. En la despedida le he dado otro achuchón y él se ha ido con la abuela y yo me he venido a casa con Harold Lloyd. Antes le he preguntado a Carlos si le gustaba Pocoyo. Ha dicho que sí, claro.
Pi 28 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Libros , 4 comentarios
Me da la sensación de que este pequeño libro al que mis manos han recurrido con el tacto una y otra vez en el transcurso de la disertación ha movido algunas emociones esta tarde. Pocas veces recuerdo que tras el aplauso se haya producido un silencio y una inmovilidad semejantes en el público, que te obligan a decir algo, no sé, habrá que salir, no?, o cosas semejantes, porque lo has dicho todo y ya no te queda dentro más, sólo la sensación de que lo ocurrido en esa sala allí debe quedarse, lo que nos convierte en compañeros y cómplices en esta travesía a través del océano de palabras que es, al mismo tiempo, espejo donde todos, más o menos, nos reconocemos cuando nos damos cuenta de qué va la cosa en realidad.
Ahora queda una íntima satisfacción por lo realizado y la necesidad de descansar, de desconectar. Al punto de la mañana hay que subir a la cuarta planta del hospital, la misma que la de la película, donde hay gente a la que le ocurre lo mismo que en la película; a mí me van a quitar sangre y me pregunto si con en esa sangre se irán cansancios raros como el de esta tarde, cuando Richard Parker miraba fijamente desde el fondo del pasillo de la sala sin que lo supiera nadie poniéndomelo un poco difícil. Lo ha venido poniendo difícil todo este tiempo, pero yo lo he intentado solucionar hoy poniendo la mano sobre el libro, acaricíando sus páginas como si fuera algo tranquilizador o familiar, o un asidero, y hablando despacio y con un tono de voz más bien bajo. Y me alegro de haber podido ganarle este pulso a ese bichejo insolente.
(Gracias de nuevo por el reportaje, sanvani)
Hallam Foe 28 April, 2008
Escrito por emejota en : Cine , 3 comentariosCosas que me gustan de “Hallam Foe” (David Mackenzie, 2007) que hacen que “Hallam Foe” me guste. Pues así, para empezar, me gusta mucho este viaje en tren:


Me gusta también la luz de Glasgow y Edimburgo, aunque si no fuera en Glasgow y en Edimburgo me gustaría lo mismo con tal de que, uno, se tratara de esas alturas del hemisferio y dos, que al director de fotografía no le importara desplazarse por el mismo precio.
Me gusta la historia que cuenta la película, un conflicto edípico con tintes voyeurísticos y rollo reptador incluído por esos tejados que tanta lluvia atlántica han debido dejar resbalar:


Me gusta la manera en la que del drama surge prácticamente un cuento de hadas sin que el drama se diluya y en el que no falta el instante mágico en el que la amante/mamá sustituta rompe el hechizo con el beso necesario, el beso ansiado y anhelado en larga y penosa peregrinación iniciática para que todo vuelva a su ser:

Me gusta la química que se establece inmediatamente entre los dos, Sophia Myles y Jamie Bell; me hacen sentirme cómodo entre ellos siempre que mi presencia no moleste, claro. Si eso hago como que no miro:


Me gusta que parte de su historia transcurra igualmente por los tejados, al menos la parte de la historia más importante para todos aquellos que son capaces de ver que los tejados de una gran ciudad son almenas y los áticos torreones donde rescatar a las princesas, o a las hadas que llevan dentro a una mamá. Me gusta pensar que al director le gusta agrupar a sus actores a un lado del plano porque esa torre del reloj del fondo es la torre del castillo y no otra cosa, y tiene que verse:



Me gusta que cuando se va la luz el director siga agrupando a sus actores al mismo lado para dejar ver al fondo lo mismo mientras los héroes del cuento velan armas y dudan o se arman de coraje, o las dos cosas, que nadie dijo que las cosas fueran fáciles:

Me inquieta el personaje de Jamie Bell: complejo, imprevisible, desvalido, inteligente, herido, enigmático, muchas cosas; me inquieta que sean tantas cosas. Me parece que realiza un trabajo espléndido. Por otra parte, Jamie Bell me inspira mucho respeto como actor, he terminado por convencerme aquí, debajo del aguacero, sobre los tejados, aunque ya tenía mis sospechas.
Reducto 27 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentarios
Tanta prisa para contar las palabras y al final el periodista ha dejado para la semana que viene las Cuatro preguntas a… Ya lo dejó entrever la fotógrafo con el gesto. En el periódico de hoy sí que venían Cuatro preguntas a… pero eran a otro. Ahora que lo pienso, no he mirado a ver si a él le habían salido las cuentas, lo que sí he visto, y en la portada además, ha sido la noticia de que ayer hizo aquí el día más caluroso en lo que llevamos de año, 30.2º, terrible. Tengo pavor veraniego en lo que a temperaturas se refiere y esto ni siquiera ha empezado. Quizá por eso, subiendo el otro día al hospital, me quedé embobado ante la estampa de la cumbre nevada del Moncayo como si fuera la primera vez que la contemplaba.
Hay días de atmósfera limpia en los que se ven muy nítidos los detalles de la falda del monte y en la cumbre la nieve brilla como si fuera una crema blanquísima. Tiene algo de conmovedor ese último reducto del invierno que luce todo su esplendor al sol antes de deshacerse dignamente para reaparecer colándose en un descuido del otoño. Tan hermosa me pareció esa estampa, más todavía por fugaz, que eché en falta mi cámara de fotos pero me recordaron que el móvil lleva una. Es verdad. Nunca la había usado antes porque se me hace raro sacar una foto con un teléfono, convertir en ojo lo que de normal es un oído digital, se me hace extraño, y más si se trata de hacerle un homenaje póstumo al invierno pulsando la tecla Menú. Lo cotidiano está hecho de momentos desconcertantes.
Diario 27 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentariosPara que luego digan de la sugestión y esas cosas: me encuentro perfectamente (en términos relativos, se sobreentiende).
La crónica del fin de semana viene a ser esta: el viernes estuve un rato en casa de los vecinos. En la calle había animación veraniega, arriba había animación de tertulia. Se me volvió a olvidar pasarle a la vecina un regalo que tengo para ella que huele muy bien y que debe estar muy rico. A la tercera va la vencida, fijo. Me invitaron a quedarme a cenar pero dije que no, que gracias pero que no; tenía que encontrar la orilla de la charla de mañana y me iba a quedar más tranquilo sabiendo que el trabajo estaba terminado.
Al salir del portal y bajar las escaleras de esa calle que es una calle que yo creo que la hicieron en versión Las Calles de San Francisco, por la pendiente, ví al joven Malvás entre un grupo de gente de viernes y le mandé un sms a la vecina para decírselo que sé que le gusta porque le da un poco de rabia saber que, si se asoma a la ventana, entre ese mar de cabezas está la del joven Malvás y ella sin saber quién es todavía. Que conste que no lo sabe porque no quiere, le pone lo de la intriga, al parecer. No puede terminar lo de la charla porque quería prepararle a Esther un menú degustación chopiniano para el sábado por la mañana. A veces hacemos eso para buscar las claves del lenguaje de un compositor: vemos tal cosa aquí y la reecontramos allí y allí y, de paso, vemos las modificaciones o las transformaciones, si las hay. Creo que es algo muy interesante. También a ella le mandé un sms para decírselo, que tocaba menú.
Mi tranquilidad para poder decir que ya están terminadas las notas sobre la disertación del lunes tuvo que esperar, cierto, pero me tranquilicé igualmente y aún diría que de una forma especial, al escuchar a Evgeny Kissin tocar, y decir tocar es mucho, más bien rozar, acariciar, ese ejercicio de hipnosis que es la Berceuse Op. 57 de Chopin. Qué maravillosa obra. Así que hubo clase el sábado por la mañana y por la tarde sí, entonces ya pude dedicarme al trabajo pendiente. A partir de ahí, tranquilidad.
Diálogo 24 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentariosHoy han pasado dos cosas. Por la mañana me han dicho en el hospital que se ha vuelto a descompensar el asunto. No me ha pillado de susto porque ayer por la tarde me puse fatal pero tampoco me hace gracia que me lo corroboren con los datos de las analíticas en la mano. El médico ha pedido pruebas, como si fuera un juez, y ha rellenado papelitos verdes, rosas y blancos. No sé por qué tanto color cuando la cosa se pone negra. También ha pedido una sangría con celeridad, porque vuelvo a tener un hematocrito estratosférico. Creo que vuelvo a ser una especie de bomba andante, por lo que he creído comprender. No es que sea tonto o que el médico se exprese mal, es que iba con la cabeza embotada y pensando en el agotamiento de pensar en lo que viene. Al médico no le ha hecho gracia algo relativo a esos calambres que empezaron hace cosa de un mes y que no terminan. Me ha mirado los reflejos de la rodilla y al dar con el martillito ha salido la pierna disparada de tal forma que por poco le doy una patada (involuntaria, como los reflejos) en los bemoles. La medicina es una profesión de riesgo. Me dice el instinto que si ha habido una vez en la que a este hombre se le haya pasado por la cabeza la posibilidad de quitarme la medicación marciana-pero-vital ha sido esta mañana. Se ha notado por su silencio, o por el gesto, o por las dos cosas. Es comprensible: entonces sí que nos encontraríamos ante un serio problema. Y no es por quitarle méritos al médico, pero más seria sería la parte que me toca, digo yo.
Estoy nervioso, sí, pero es ese nerviosismo sin nervios, esa desazón característica con la que el cuerpo expresa la poliglobulia y la hipertensión. Dice el médico que son los síntomas normales de una situación anormal en la que hay que intervenir ya. Perfecto, pero después de la charla del lunes. Hemos llegado a ese acuerdo aunque la charla la tengo atascada. Ahora debería estar con ella pero es que Richard Parker me ha dado un zarpazo de esos traicioneros y con eso tengo suficiente por hoy.
Lo segundo del día ha sido algo más agradable. Me llamó el otro día un hombre con un interesante bagaje a las espaldas; en su día fue una figura pública hasta que desapareció del mapa. Debía estar en un estudio de radio, por lo visto, porque me proponía una charla en plan “face to face”; algo tranquilo, sin anuncios, sin el toque periodístico que le dan a las entrevistas cuando tienes que promocionar un acto. Me sedujo la idea porque no lo conocía personalmente y me atraía la incertidumbre del enfoque de una entrevista así, un cara a cara con un tipo con amplia experiencia vital, de luces y sombras, intelectualmente solvente, con un indudable perfil humanista. Cuándo, le pregunté. El jueves a las 15:30. Y yo pensé: vaya, habrá que tomarse una coca-cola no vaya a ser que me de la modorra de la siesta y caiga hacia adelante con la frente apoyada en la alcachofa del micro. Pero no, qué va. Apasionante la experiencia. Es que no es frecuente que te encuentres con algo así, con alguien que te mira a los ojos y te hace sentir que el reloj y la lucecita roja le importan un pimiento, que lo que le importa es hablar tranquilamente, sobre todo, eso, hablar, y tranquilamente, sin guión y sin preparación previa, lo que vaya saliendo.
Y lo que sale es muchas cosas, la música, los libros, la peripecia vital, el dolor, una armonía de Satie, el proceso creativo, sus mecanismos, qué lo alienta, dónde empieza, quién está ahí, en las cinco líneas y en los cuatro espacios, si es que hay alguien, sí, hay alguien, claro; el desarrollo de los motivos, el papel del oyente como culminación de la composición, la presencia del intérprete, el actor en el escenario, el teatro, vuelta a la música, si cantaremos quizá cuando las palabras no son suficientes, y la música como bálsamo. Y oye, que las señales horarias han sido como cuatro bofetadas, como un despertador grosero que te dice que espabiles de par de mañana. Así que hemos quedado para seguir el próximo programa, ¿te parece? Por mí, encantado.
Como el estudio está fuera de la ciudad y ahora los ayuntamientos hacen carriles bici y vías para peatones, se me ha ocurrido volver dando un paseo tras intercambiar unas palabras post-emisión y estrechar las manos. Y volvía yo a gusto aunque con un dolor en las cuencas de los ojos, igual que el de ayer y el de esta mañana, y pasando por esas zonas en las que solo oyes pájaros y el aire y el sol están igualados de manera que ni frío ni calor, esas raras ocasiones en las que todavía puedes creer que existe la primavera, pues se me ha mezclado de repente lo del diálogo en el estudio, sincero y cercano, con el diálogo de esta mañana en la consulta, sincero y cercano, y se me ponía como un revoltijo raro en el pecho, pero no de cabreo, sino como si de pronto, no sé, todo estuviera bien, eso, caminar sin ninguna prisa sintiendo que los pasos, y el sol, y la brisa, y los pájaros, y hasta el dolor en las sienes y en la cuenca de los ojos, por qué no, todo eso de alguna forma encajaba en una línea a una voz que hablaba de la suerte de estar, de sentir, de sentir lo mucho que sientes y lo mucho que lo sientes; hay espacio para todo en esa emoción intensa que es cobrar conciencia del instante. Si los milagros existen, el más importante debe ser uno parecido.
Vecindario 24 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Varios , 2 comentariosEste blog tiene vecinos muy amables. Bart Collins, desde “The well tempered blog”, siempre ha tenido palabras afectuosas hacia este lugar, las últimas muestras aquí y aquí. No olvido la anotación que Jam, desde “JamSession”, hizo aquí. A ambos mil gracias.
Contestador 23 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 1 comentarioHola.
En este momento no puedo atenderte. Volveré a primera hora de la tarde. Si quieres algo deja un mensaje más abajo.
Gracias.
(click)
Kyrie 22 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , Añade un comentarioUna cosa rara. Había previsto una tarde espartana en lo que se refiere a ponerme delante del ordenador, surcar el océano de palabras de “Vida de Pi” e intentar otear el horizonte en busca de tierra, tierra a la vista, cuando de repente me ha salido un Kyrie. ¿Es normal? He dejado este teclado a mitad de algo y me he ido al otro, al de las teclas blancas y negras, y ha salido un Kyrie de tirón. Eso tampoco es normal porque soy lento, lentísimo en esto de tejer las líneas melódicas y esculpir los acordes; más bien soy escrupuloso en el trabajo: limpio las virutas que se han caído de un intervalo al intentar fijarlo en la pared del pentagrama y pruebo, repruebo y apruebo una inversión de acorde muchas veces. Pues no ha pasado nada de eso. Estaba escribiendo sobre lo que ocurre en mitad del océano sin quitar ojo a Richard Parker, que ya se sabe cómo se las trae, cuando me he levantado directo al piano y me ha salido un Kyrie de tirón y sin pasar el paño ni la escoba.
Un Kyrie tiene que salir del alma porque es una súplica. Conviene recordarlo porque hay Kyries festivos, alegres y hasta exuberantes, y es cierto que son una gozada muchos de ellos pero también es cierto que eso demuestra que muchas veces se pone música a un texto sin importar lo que dice. Y en música vocal el texto debería ser subrayado por la música y esta brotar de él. Un Kyrie es una súplica: ten piedad; a quien lo cante le tiene que salir de dentro y a quien lo escuche le tiene que doler en el alma. Así lo veo yo, vamos. Y así ha salido este Kyrie. Puede parecer una inmodestia que uno diga que le ha salido un Kyrie que duele en el alma pero antes de llamar la atención sobre lo feo del gesto, el autor debería añadir que al poner punto final al Kyrie y escucharlo entero le ha dado la sensación de que eso ya lo había escuchado antes, nota por nota, exactamente así. Y estoy dándole vueltas porque no sé si es que ya lo llevaba dentro sin saberlo (y por eso me resulta tan familiar) o porque es una obra de alguien y ahora no caigo. Qué cabeza.
(Richard Parker lleva toda la tarde durmiendo la siesta)
Cuestionario (2) 21 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentariosHa vuelto a llamar el periodista. El de las “4 preguntas a…”. Este domingo yo soy el … al que hacen las 4 preguntas. Tenían que ser 190 palabras. Al final fueron 132 y el periodista dijo que la cosa se quedaba escasa pero es que me tomé al pie de la letra lo de ser conciso. Hubo que rehacer el asunto, estirarlo más bien, y el cómputo final dio 194. Pues hoy ha vuelto a llamar el periodista. Que la cosa sigue quedando un poco escasa pero que, en fin, bueno. No termino de comprender muy bien esta incursión del número en el discurso y de ambos en el espacio. ¿Y si las palabras son largas? ¿Cuenta lo mismo “y” que “relativamente”?
Ahora toca la foto. Las que tienen no les sirven, no sé por qué pero no les sirven. Será porque son varias y ahora sólo quieren una. Me da un poco de cosa que tenga que venir un fotógrafo sólo para eso así que me he ofrecido a ir yo adonde me digan. El fotógrafo era ella y donde me digan ha resultado ser en exterior, día. La conversación con el periodista ha tenido una prolongación más allá de lo meramente profesional; se ha interesado por el blog. Es que me pidieron una breve semblanza de mí mismo, que es lo más difícil que me pueden pedir, y como lo mío es comunicar me vino el blog a la cabeza, quizá porque es una parte de mi semblanza que está fresca. Tiene interés el periodista en saber qué se cocina aquí, a qué sabe el guiso, qué aire se respira; cosas que expliquen que la gente venga de visita y se quede un tiempo porque los periódicos tienen que regalar cuberterías y bicicletas ya que, al parecer, andan de capa caída. Quería mencionarlo en el cuestionario como “dato curioso” y yo, intentando que no me malinterpretara, que no tomara por intromisión en su oficio lo que en realidad era una intromisión en toda regla, he sugerido que quizá eso no venía a cuento con el cuestionario que, recordémoslo, preguntaba lo del duende y tal. Creo que se ha quedado conforme.
Cartografía 20 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Varios , 3 comentariosLas heridas que se arrastran desde muy lejos envueltas con los años son las que nos definen siempre y al final nos permiten alcanzar la dignidad en medio del naufragio”
Manuel Vicent
Rubato 19 April, 2008
Escrito por emejota en : Análisis, Música , 1 comentarioDicen los académicos que “rubato” es una indicación que, en música, prescribe abandonar el rigor del compás a favor de una interpretación expresiva, acelerando unas notas o ralentizando otras. Yo una vez escribí aquí que el rubato son cubitos de tiempo derretido; o trocitos de tiempo que se se dilatan o se contraen al ritmo de un latido distinto al del compás y que, por eso, si se intenta medir (uno, dos, tres) lo que pone en la partitura y se escucha lo que toca el intérprete no salen las cuentas. Lo decía a propósito de Tamás Vásáry, al que le salían muy bonitos los rubatos cuando tocaba en un disco algunas obras de Debussy.
El rubato deja en evidencia las abrumadoras limitaciones de la grafía musical, incapaz de indicar esa elasticidad temporal de las cosas. Por eso el rubato apela directamente a la musicalidad del intérprete. El rubato está asociado a la figura de Chopin y sus obras. Sin el rubato no hay Chopin, es una de sus señas de identidad. El problema es qué rubato es el de Chopin, porque testimonios acerca de su manera de interpretar hay y no pocos y, además, fiables; yo me fío de Schumann, por ejemplo. De Liszt menos, fíjate, pero es por su propensión a la hipérbole literaria aplicada a su idolatría chopiniana, que por otra cosa no; de hecho, sus observaciones en otros ámbitos suelen ser muy interesantes.
Pero estaba en el problema del rubato, del de Chopin concretamente. Las descripciones escritas no sirven de nada a falta de registros sonoros, que no los hay. Lástima tremenda. El rubato que le salía a Chopin debía ser muy especial, indudablemente, y le saldrían imitadores que lo transmitirían por tradición oral (es un decir, claro, pero ya nos entendemos). Hay otro problema con el rubato: se tiende, equivocadamente, a asociarlo a algo delicado, a una intención que parece venir de fuera de la música, y eso no es cierto; esa fluctuación del tiempo responde a un impulso interno que forma un cierto oleaje en la superficie melódica. Aunque se aplique en un momento dulce, el rubato tiene siempre algo de eco que asciende del magma de un arrebato.
El rubato no es cosa de ángeles; el rubato requiere duende. O a Martha Argerich, que viene a ser lo mismo. A la Argerich le sale siempre un rubato precioso, de una hermosura que duele, de tal manera que uno se plantea si será ella la que culmina el proceso compositivo. Con Argerich, la obra se redondea. No se sabe si tal frase está hecha para ella o si es ella la que le da sentido único a la frase con su rubateo genial, delicado y apasionado a un tiempo, como tiene que ser.
Uno de los rubatos más geniales que he escuchado aparece en su grabación del primer tiempo de la Sonata Op. 35 de Chopin. Terrible sonata: enrrabietada. Pero en trances así es donde la Argerich reina. Tras un arranque feroz que rompe en jirones al primer tema, las manos de Argerich se posan en la tonalidad de Re bemol Mayor para arrancar, no se sabe si del teclado, de la partitura o de dentro de sí misma, uno de los temas más líricos y apasionados que escribió Chopin, una luz en la tormenta negra de esta obra imponente. Necesita este tema al rubato de tal manera, que la propia elasticidad del tiempo lo estira y lo alarga hasta llevarlo lejos, quién lo iba a decir de una melodía que nace con vocación de poner orden. Por si fuera poco, el rubato está implícito en el dibujo melódico: las notas de los compases 5 y 6 son las mismas que las de los compases iniciales, pero con más prisa:

Se puede comprobar la elasticidad y el efecto del rubato observando la transformación de las cuatro negras que aparecen enmarcadas en el ejemplo siguiente:

A manos de la Argerich, estas cuatro notas pierden el valor. Las comprendemos.
Click para escuchar. Mp3, 1 MB.
Tira de archivo: aquí
1007 19 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentariosEste es el post 1007 de La Idea del Norte. Casi tres años esperando a que llegara el 1000 (porque yo soy muy cuadriculado para estas cosas) y se me pasa. Si es que… Seamos sinceros y por partida doble: en primer lugar, ni loco pensaba que iba a llegar a escribir 1000 posts; en todo caso, empecé a sospecharlo allá por el segundo cumpleaños de este blog, cuando vi que, a lo tonto, la cosa iba sumando. En segundo lugar, porque no sé si el número que pone arriba, en el título, hace honor a la verdad, y es que en la despensa hay varios posts empezados en su día y que, por una u otra razón, no se terminaron, o si se terminaron, no se le dio al botoncito de Publicar, que es el que hace posible que esto salga en antena.
Una de los inconvenientes de esta manía mía de titular cada post con una sola palabra es que luego miras en la despensa y ves cosas como Anatomía, Cuento, Errores, Agenda, Línea, Oportunidad, Identificación, Tilde y algunos más y no tienes ni idea de a qué se refieren, ya no lo recuerdas. Cualquier día de estos saco tiempo para mirar por dentro a ver qué contienen, qué dicen, aunque lo digan a medias. Más que nada por el morbo de la curiosidad, que también eso me tira.
De todo esto se deduce que igual este no es el post 1007 y que el que se encuentra siete plantas más abajo de este rascacielos de palabras tampoco será el 1000, pero también queda en evidencia que soy cuadriculado para estas cosas y maniático para poner títulos de una sola palabra (salvo excepciones excepcionales). Y lo del morbo, que es algo que comparto con alguien. Y contigo también.
Efectos 18 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentariosAyer ocurrió algo que me llamó mucho la atención y es que después de tanto tiempo ví claramente la relación causa efecto entre la administración del medicamento marciano-pero-vital y sus efectos sobre algo que va más allá de lo físico. Porque no duele nada pero a las horas te sientes algo sordo y ciego para la música, y para formar un texto las piezas que montan las frases tienes que pensarlas dos veces y releerlas tres, y eso en el caso de que se te ocurra alguna frase. Para que se te ocurra alguna frase, hablo en el caso del blog, es necesario tener algo que contar y esa es otra de las cosas que pasó: que de pronto había una nube, una niebla por la que entreveías ésto y lo otro pero sin posibilidad de asirlo. Asirlo, ves? me suena de repente raro. Existe asirlo? Desde hace cuántos siglos no se utiliza eso?
En fin, a lo que voy, eso es lo que ocurrió. Y eso, que ya lo veníamos observando, que no es nuevo, sí que fue especialmente llamativo porque lo sentí de forma especial, quizá porque vino a romper un periodo de relativa normalidad, bendita palabra que diría Unamuno, normalidad, y porque lo único que cambió en cuanto a circunstancias fue la administración, horas antes, de la dosis quincenal. Hasta ahora, la medicina ha podido controlar el TAG, al menos es algo, que no es poco, pero es que esto otro es distinto; es algo que no genera ansiedad sino una cosa parecida a una incapacidad de la voluntad, que no es que no quiera hacer, es que no puede, no encuentra.
La medicina trata cosas que tienen nombre y apellido, que tienen etiqueta; no es el caso. Y entonces no sabe muy bien qué hacer. Eso les intriga a ellos y me intriga a mí. Y de paso me jode bastante, y me desconcierta y lo que se pueda imaginar. Pero doler, no duele nada. Insisto en lo del dolor porque es curioso que los médicos lo primero que te preguntan es eso, si te duele, y yo contestó, el qué, y son ellos entonces los que se desconciertan y añaden pues no sé, algo. Pues no, no me duele nada. Pero lo otro, pongámoslo entre comillas y en cursiva, “lo otro”, es otra forma de dolor, un dolor mudo, un dolor blanco, un dolor de humo, una nada en la que te pierdes un tiempo, cuánto, no se sabe.
Afrontar un dia cotidiano de esta manera supone hacer un acopio ingente de energías de par de mañana, de tal forma que ya te levantas vacío, agotado. No me las estoy dando de héroe; de héroe no tengo nada. Yo estoy preparado para cualquier cosa menos para morirme y eso a los héroes no les importa.
Pensando 17 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentariosUn poco.
Cuestionario 16 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentariosEl correo sigue dando sorpresas. Estaba hace un rato en las costas del libro de Pi (“Vida de Pi” es un libro que tiene una parte de costa y otra de océano) cuando me ha llegado el mail de un periodista solicitándo que responda a cuatro preguntas sobre la conferencia del otro día en la universidad. Dice que es para la edición del domingo, que es una sección didáctica que se llama “4 preguntas a…” y que las respuestas no pueden pasar de 190 palabras. Un cuestionario haiku, he pensado. Los Mecano cantaban aquello de 50 palabras, 60 palabras o 100 pero en una canción es distinto. Al final del mail venía un número de teléfono. Le he llamado.
Han sobrado muchas de esas 190 palabras para abrirme paso entre la redacción (le paso, un momento) llegar a su despacho y ponerme en comunicación con él y decirle que, paradojas de la vida, para el cuestionario sí que me iban a hacer falta unas cuantas más, igual si redondeamos a 200, mejor. Él ha reconocido que, en realidad, al final se quedan en menos de 190 lo cual significa que las respuestas encogen un poco una vez puestas al aire pero también ha dicho que si son más, la gente no las lee. Tiene razón. No sólo nos falta tiempo sino que, además, cada vez somos más impacientes. De todas formas, para algunas preguntas la parte proporcional de 190 palabras es al mismo tiempo mucho y poco, por ejemplo, para la segunda pregunta del cuestionario: ¿qué es el duende? Primera respuesta que me ha venido a la cabeza: uf.
Foto 16 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 1 comentarioDe vez en cuando el correo te trae sorpresas. Me acaban de mandar un mail con una foto que ocupa 808 k y tiene 2048 pixels de ancho y 1360 de alto. En ella aparece un pequeño grupo de personas posando ante la cámara. La segunda empezando por la izquierda es el joven Malvás. Mira de frente con esa mirada suya tan característica que parece venir de lejos para mostrarse con abrumadora franqueza. No reconozco el entorno pero no hay nada en ese horizonte de árboles que denote cercanía. El asunto del envío está en blanco pero no importa porque la cosa está clara. Lo agradecemos, eso también está claro.
Tira de archivo: click y click.
Espejos 15 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Libros , 10 comentarios
Rosa, la viuda de Julio Mazo, librero emblemático de esta ciudad y amigo entrañable, ha vuelto a confiarme la disertación literaria del II Memorial “Julio Mazo” que tendrá lugar el próximo lunes día 28 en el mismo lugar que el año anterior. Aunque supone meterse de nuevo en faena, que las cosas no caen llovidas del cielo, para mí es un honor y una emoción, y es una de esas cosas que te salen del corazón. Como esta ciudad es como es, y a veces parece alimentarse de murmuraciones maledicentes, habrá voces que digan, otra vez éste, de qué va, y otras cosas más. A Rosa no le importa. A mí, que en todo caso soy el afectado y además soy menos fino que Rosa, me la suda. Rosa dice que me confía un acto que para ella tiene una gran importancia en lo íntimo por afecto, por conexión personal y por otras cosas más que no soy yo el que las tiene que repetir. Hablando de repeticiones, me gustaría aprovechar el doblete para no repetirme: no sólo voy a cambiar de libro -cosa obvia- sino que el enfoque va a ser totalmente distinto. Esta vez me gustaría hablar de aquellos libros en los que, en lugar de encontrar cosas, nos encontramos a nosotros mismos. Libros que son un espejo. Libros que te sacuden por dentro y quedan en tí, o quedas en ellos, para siempre.
O sea, “Vida de Pi”.
Nota: las fotos del año pasado, aquí. Y por cierto, no se me olvida el enigmático episodio acaecido por aquellos días.
Slacker 14 April, 2008
Escrito por emejota en : Cine , 4 comentarios
Personalmente, tener la oportunidad de ver la ópera prima de ficción de alguien que en su momento hizo esa delicia intimista que es “Antes del amanecer” (y su reencuentro, diez años después, porque aquello era un reencuentro más que una secuela) es algo apetecible. Hablo de “Slacker” (1991) y de Richard Linklater. De ahí que venga de atravesar la ciudad de Austin durante 24 horas condensadas en 96 minutos, cruzando pasos de peatón, entrando en tugurios cerveceros con cantante pésimo al fondo, subiendo escaleras, bajando escaleras, caminando por calles soleadas, inspeccionando casas ajenas donde hay muchas habitaciones llenas de cosas y una vacía con un puñado de postales en el centro del suelo; y todo por seguir a cien personas, cien, que sólo tienen en común el cruzarse ante la cámara en un momento dado haciendo que esta les siga durante unos instantes movida por la curiosidad extrema de lo que dicen, un relato fragmentado porque empieza empezado y quedará incompleto ya que para entonces alguien nuevo habrá entrado en plano y más de lo mismo. Y así todo el (fascinante) rato.
El inicio de Slacker es revelador: con las primeras luces del día, un joven llega en autobús a Austin y sube a un taxi y allí le mete la brasa al taxista, impávido como buen profesional, en forma de monólogo verborreico. El joven es Linklater, el director y guionista de la película, y lo que cuenta un sueño raro que ha tenido en el autobús. En el sueño escribía un libro (un guión?) y el libro hablaba de que cada idea crea una realidad, sabe?. Lo que no haces se fracciona creando otra realidad. Al considerar los otros caminos se convirtieron en realidades, continuaron toda una vida que nunca veremos. Por ejemplo, al bajar del autobús se me ocurrió no tomar este taxi, sabe?. Ahora mismo existe esa otra realidad por el hecho de haberlo pensado. Y esa realidad se ve a sí misma como la única realidad. Desde esa otra realidad podría soñar con esta.

De eso va Slacker. Una vez que Linklater se baja del taxi y desaparece del plano la cámara elige a quién seguir hasta que otras posibilidades se cruzan en su camino. Las opciones que quedan fuera de plano siguen existiendo, ya han creado una realidad en la que sucede una vida de la que nunca más sabremos. En esta película la cámara es más oído que ojo, al menos hasta ese final alucinante y alucinógeno, y recoge las conversaciones lisérgicas de pintorescos personajes anónimos que pueblan el día de Austin haciendo filosofía de Scooby Doo o reflexionando sobre la supremacía de la realidad grabada en vhs de la otra que no se puede rebobinar ni pausar; de accidentes de coche y llamadas a una ambulancia, de la conspiración de los gobiernos que convierten a gente en zombis, no los ves, mira, van por la calle con amnesia de la memoria a largo plazo, y de que estamos en Marte desde el 62, concretamente desde el 22 de Mayo.
En el recorrido por Austin hay máquinas expendedoras del USA Today que se atascan al mediodía y camareras piradas que todo lo etiquetan y agobian al tipo que ha pedido un café como pretexto para que le den cambio diciéndole con un ojo tembloroso que debería dejar de traumatizar a las mujeres con el sexo, debería. Y prosigue la excursión mientras pasan las horas y la cámara deja de seguir a alguien que hace un análisis freudiano de Los Pitufos para irse con un anciano anarquista que estuvo en Barcelona cuando la guerra civil en el caso de que la guerra civil hubiera transcurrido 30 años después en un viaje de turista; y toman el relevo unos universitarios que tiran al río una máquina de escribir eléctrica en un ritual en el que alguien lee un fragmento del “Ulises” de Joyce como si fuera la Biblia, y después una chica te sale al paso y te ofrece a buen precio una citología de Madonna en la que han quedado dos pelos púbicos de la diosa.
Slacker es un collage inmenso de trocitos de palabras que, juntas, montan la película, porque aquí la cámara sólo escucha y camina silenciosa, sin intervenir, y es inevitable que te sumes al paseo, atrapado por ese río de personas y palabras, sobre todo las palabras, que te hipnotizan como si fuera una letanía infinita.
Nota: me cae bien Linklater porque representa el tipo de persona con las agallas que yo no tengo. Un día Linklater dejó los estudios de literatura en la universidad y se fue a trabajar a una plataforma petrolífera en el Golfo de México. Allí ocupó la mayor parte de sus ratos libres leyendo. Volvió con el gusanillo del cine dentro, empleó los ahorros conseguidos en la plataforma en comprar un equipo de súper-8, un proyector, una mesa de montaje y se fue a Austin. De la frase anterior lo mejor es el “se fue” porque suena a “empezó” y a “posibilidades” y a más cosas, algunas más fáciles que otras, pero todas de un diccionario propio. Ya llegamos a Austin. Allí creo un cineclub en la universidad -qué gozada- con la única finalidad de dar a conocer su pasión por Bresson, Ozu, Von Sternberg y otros. Autodidacta total, miró a través del visor y empezó a plasmar su visión de las cosas en la retina del celuloide.
Defrag 13 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentariosPues al final no fuí a Bilbao. Después de una semana movidita, la perspectiva de tener que levantarme a las 7 de la mañana el sábado para pegarme cuatro horas de autobús sabiendo, además, que los vecinos van en quince días y me hacen un sitio en su coche fue suficiente para que mi cuerpo dijera tranquilidad, fin de semana de tranquilidad. Y así ha sido. Ni móvil, ni fijo, ni mail. Ahora, domingo por la noche, empiezo a conectarme de nuevo. Esta semana hay cosas pero entre ellas he decidido que me voy a dedicar al blog. Más. Más que nada porque hay cosas pendientes, unas fruto de la reflexión del fin de semana, otras esperando a que pasaran las últimas actividades laborales, concretamente su preparación, porque las actividades en sí pues mira, apenas ocupan espacio, pero la correspondiente preparación consume mucha memoria, de la mía, y muchos recursos, los míos también. De ahí el defrag de este fin de semana y listos para empezar nuevos proyectos. Pero también lo del blog, que si no hay cosas que se pierden y algunas no importa pero otras me gustaría encontrármelas un día, dentro de mucho tiempo, tirando de archivo, para decir, anda, mira, si ya no me acordaba.
Despertar 12 April, 2008
Escrito por emejota en : Libros , 2 comentariosLos miércoles por la mañana la señora Honey entra en mi habitación como siempre y sube las persianas y abre la gran ventana francesa. Deja entrar la luz danzante y el zumbido del mar, el crujido de las barcas ancladas en Roads y el sonido del cortacésped; el olor a hierba cortada y a syringa y el silbido desvergonzado del mirlo.
Luego viene hacia mi cama y se queda de pie, una mano pegada al costado, su vieja cara arrugada como si tuviera alguna noticia que dar y no supiera cómo hacerlo con delicadeza.
-Hoy es un día sin carne, dice.
Katherine Mansfield (1888-1923), “Diario”
Balada 10 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 2 comentariosChopin duele siempre.
Esther esperaba hoy el sms de costumbre que le anuncia, siempre que hemos terminado capítulo, con qué obra vamos mañana, para que traiga la partitura. Y el sms decía: Chopin, Balada 3, y es de esos sms que cuando has terminado de escribirlos y le das a enviar te sonríes porque sabes lo que va a pasar cuando abran el sobrecito amarillo que se materializa siempre en el buzón al que le dices ve, qué cosa. Y lo que va a pasar es que tu teléfono suena al momento y al otro lado escuchas un ay con muchas i griegas, pero no porque duela, sino que es un ay de los que manifiestan alegría, como cuando le quitas el papel bonito a un regalo y resulta que lo de dentro aún es más bonito y entonces lo que te sale es eso, un ay.
Un ay de los otros viene cuando te asomas a la partitura, que es lo que me acaba de pasar, después de tanto tiempo, abriendo la característica edición de pastas amarillas del (o de la) Polskie Wydawnictwo Muzyczne, nunca pensé que lo iba a escribir, tomo III de las Obras Completas de Chopin, Baladas, cortesía del Instytut Fryderyka Chopina, por qué le dirán Frideryka si fue Fryderyk, debe ser cosa de las declinaciones, y ya puestos, por qué le dirán Federico a Chopin cuando a Beethoven se le llama Ludwig, sin traducir, porque eso sí que no es cosa de declinación, en fin, al grano, que ya me he vuelto a enredar en otra de esas frases llenas de comas que tanto me gustan.
Pero hay que hablar del ay.
La Balada 3 empieza con una línea de trazo suave a la acuarela, que apenas parece impregnar el pentagrama, pero sabes que ahí dentro está ya lo esencial, lo sabes, es cuestión de tiempo que se deje ver, que se muestre sin camuflaje. Enseguida cae desgajado un intervalo. Sólo eso. Un intervalo. Después lo hace la más elemental de las células rítmicas (papán) y antes de que puedas darte cuenta el uno y la otra se han convertido en una sola cosa y para cuando quieres reaccionar y ponerte al día esa unidad recién formada se eleva movida por la marea del compás y rompe clavándote en el pecho el filo de un verso.
Ay.
Eso es. Infalible. Así pasa siempre con Chopin, músico poeta, maestro absoluto: de la melodía, de la armonía, de la textura, de lo que vuela, de lo que flota, del pesar que se arrastra por el fondo; maestro de los silencios que vuelve negros los de blanca y al revés si le da la gana. Mago. Cuando a Chopin le da por tambalear el edificio tonal que venga Schönberg y tome nota y se agarre y de paso que se quede un rato y se duela también, claro, hombre; un ay de los de Chopin es una herida luminosa. La contemplación de lo que es asombrosamente bello siempre nos hace exclamar un ay, como si el alma se hiciera un lío del susto y tomara por dolor lo que es un gozo infinito. Ese es uno de los misterios de la existencia, fijo que sí, y se reproduce con deliciosa asiduidad en Chopin.
Escuchando a Krystian Zimerman tocar esta Balada yo he puesto las yemas de los dedos sobre las notas impresas, deslizándolas de izquierda a derecha, como si leyera braille y en realidad algo así es, porque yo ya no puedo ver con los dedos esta obra pero puedo recrear en la sien las sensaciones táctiles de la obra. La memoria táctil no se pierde. Chopin duele siempre. A Esther ya le ha salido un ay por el móvil, aunque sea un ay de los otros, de momento. Ahí no hay ay malo.
Cruz de migrañas 9 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 7 comentariosCuánto disfruté ayer en el transcurso de la conferencia cuando enseguida ví que sí, que adelante; eso lo dice un lenguaje especial que el público emite con el silencio y la mirada y alguna sonrisa ocasional; te dicen eso sin saber, quizá, que te lo dicen y eso te allana el camino, vía libre, y disfrutas comunicando cada una de las palabras que forman las frases que forman las ideas que vas desgranando con todo el mimo del mundo, que es como me gusta trabajar a mí.
Antes, desde el mediodía, tuve a mi lado a un hada madrina gracias a la cual pude transitar ese impresionante campus de la Universidad de Navarra repleto de edificios como de película futurista sin sentirme perdido o empequeñecido. Debo resultar un ponente algo peculiar a ojos de quien organiza los eventos: comí en un Pan´s and Company y una hora antes de la conferencia me metí entre pecho y espalda un Bollycao, sí, qué pasa, la carne es débil y la tentación a veces fuerte.
Al final de la conferencia vino gente que no conocía de nada a transmitir su felicitación de manera muy afectuosa aunque iba con el tiempo justo porque el viaje de vuelta salía en 45 minutos. Pero ahí estaba al quite mi alumno, si hombre, si ya lo conocemos, el que me debe un relato aunque yo siempre le perdono y le concedo prórrogas porque siempre tiene cosas entre manos y yo siempre digo que bueno, que no se preocupe. Ayer, por ejemplo, salía para Barcelona pero quiso estar en la conferencia y, además, insistió en acercarme en su coche del campus a la estación de autobuses a pesar de que le esperaba una jartá de kilómetros. La gente te transmite su afecto de muchas maneras: aceptando comer contigo en un Pan´s que quita el apetito de verlo o retrasando la salida de un viaje hasta horas incómodas para acompañarte y oirte, aunque te haya escuchado tantas veces a solas, en nuestras charlas caseras alrededor de lo que sea que tenga cinco líneas y cuatro espacios y hasta de lo que no tenga, y llevarte a la estación y casi casi ayudarte a salir del coche, que poco faltó, que el reflejo le llevó a extender el brazo, así iba yo cargado de bultos y de un cansancio creciente.
La cruz vino en el viaje de vuelta. Una migraña de esas que hacen que los puntitos de luz de las farolas que pasan por las ventanas del autobús se te claven dolorosamente al fondo de la retina y te deslumbren y que el estómago te comunique que igual vomita y todo. Un horror. Hasta esta mañana. Creo que es la forma que tiene el cuerpo de avisar que la batería aguanta cada vez menos, como la de los móviles o los portátiles, y que estar desde la mañana danzando por el mundo, sin ser nada, quizá fue excesivo. Porque por la conferencia en sí firmo porque todas resulten así.
Diario 7 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentariosLlueve bastante y la temperatura ha bajado. Lo primero lo sé porque, a lo tonto, llevo un rato largo mirando por la ventana. A un lado tengo esta ventana donde escribo el post y a otro la ventana en la que llueve. Y de fondo suena “Rather lovely thing” y “Song for Jesse”, de la banda sonora de “El asesinato de Jesse James a manos del cobarde Robert Ford” y produce un efecto narcotizante, como en la película. Por la ventana se ve pasar a los coches en fila deslizándose en procesión sobre el asfalto mojado al compás de la melodía.
Me he puesto una camisa de estar por casa encima de la camiseta de estar por casa porque en casa se nota el número 9 que aparece iluminado en rojo en el termómetro de lo que antes era la sucursal de un banco, luego lo fue de otro banco y ahora no se sabe muy bien qué es, pero un banco seguro que no. A pesar del 9 y gracias a la lluvia, de vez en cuando me levanto de la silla y abro la ventana y aspiro. Cómo me gusta ese olor. Hasta hace no mucho tiempo estaba convencido de que a ese olor de lluvia y de tierra mojada se le llamaba mojama y el día que me enteré que era algo relacionado con el pescado por poco vomito. Por Dios, qué asco. Debe ser un error del diccionario porque la palabra tiene resonancias bien claras. Desde luego, en tardes como la de hoy, cuando llueve fuerte y abro la ventana y aspiro me digo: el olor de la mojama. Y me quedo tan ancho.
Esta mañana han venido con una ambulancia y se han llevado a la señora Mercedes al hospital. No sabemos si será grave o no pero, desde luego, es terrible. Siempre es terrible.
Ayer llamó Alain por teléfono. Me invitan a pasar el fin de semana a Bilbao. En principio dije que sí y eso que todavía no me habían dicho que entre los motivos de la invitación estaba aprovechar para ir a escuchar a los Lumega, que son los Kantika que se hicieron mayores. Veremos a ver. De momento, en el horizonte cercano está lo de mañana en Pamplona. Ya está el ordenador en el maletín porque ya no toco ni un punto, vamos. Así se queda.
Una vez alguien lloró y después sonrió. Y yo dejé escrito un consuelo para el día de mañana. Por si hiciera falta.




