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Ensayo 13 marzo, 2008

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentarios , trackback

Pues la cosa va bien. Ha habido prueba de equipos a primera hora de la mañana y a última aún tenía que pasarme por una emisora. Tras el fiasco radiofónico del otro día iba con ciertas dudas pero mira tú qué cosas, no sólo hemos alargado los 10 minutos previstos a casi media hora sino que he salido de allí con una propuesta firme para colaborar semanalmente. Es que hay que hablar de estas cosas por la radio, ha dicho el que manda en la radio. No sé exactamente a qué cosas se refiere pero se le veía muy convencido. Esto de que un día no sepas qué decir y que otro sí va a ser cosa de que se necesita el juego de miradas y gestos. Una entrevista por teléfono es una cosa rara, una voz te dice cosas a la oreja pero lo que ves es la obra del solar de enfrente; sin embargo, en el estudio una voz te pregunta y a la vez te mira y completa la pregunta con el gesto y luego tú haces lo mismo. Reciprocidad, vamos.

El día ha empezado muy bien. Por la noche le eché morro y le llamé a la vecina a ver si me acompañaba a la prueba de equipos. Dijo que sí antes de preguntar por qué, y esa es una de las razones por las que le llamé, supongo; la otra es por complicidad, valoro mucho su presencia en estos trances. Cuando íbamos para la iglesia nos ha parado una señora mayor y me ha dicho que se alegraban mucho de mi vuelta y que allí estarán a la hora. Que te digan algo así es lo mejor que te puede pasar un día como hoy. También hay una complicidad en esto, es lo que tiene la comunicación de maravilloso: das y te dan. De momento dan las mil para comer, es tarde. Luego vuelvo.

Pasión (2) 12 marzo, 2008

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 7 comentarios , trackback

Una noticia buena y otra mala.

La mala es que hay dos noticias malas. La buena es que sólo me afecta una.

Y todo por no serle honesto a este blog y callarme lo del medio susto de aquella tarde en Zaragoza y el susto entero de aquella noche en casa. El caso es que no se qué que viene pasando con las plaquetas desde hace tres análisis por un lado, y por otro unas súbitas descargas por todo el cuerpo como si me hubiera caído un rayo, o como si me pincharan con tropecientos microalfileres en el pecho, o en las pantorrilas, o donde caiga, sin avisar, zas, te da, te dobla y se pasa y hasta la próxima, dan como resultado que, o la enfermedad ha ascendido un peldaño o estoy empezando a manifestar un rechazo a la medicación. Agárrate los machos, que dirían los clásicos.

Lo de las plaquetas, pues mira, no duele; lo otro es que es para darte terror, no me extraña que los de la Universal le pusieran esos pelos electrizados a Elsa Lanchester en el laboratorio del doctor Frankenstein. A estos latigazos les llaman Neuropatías, así, en abstracto. Son como descargas eléctricas desproporcionadas que emite al cerebro a las terminaciones nerviosas periféricas. ¿Causa? La enfermedad o la medicación. Dice el médico que lo primero viene en los libros y lo segundo en el prospecto. No me extraña que los médicos nos salgan literatos por estos lares. La vitamina B12 suele ser eficaz en estos casos y en eso estoy. Reconozco que ayer me puse un poco de los nervios delante del médico como resoplando y tal. Decía él: y ahora, qué hacemos contigo, eh? Y yo estuve a punto de contestarle: y vosotros, qué coño hacéis al respecto, eh? Pero el hombre lo dijo, a ver, cómo calificarlo, con una mezcla de comprensión ante la impotencia, ironía afectuosa, tonillo paternal, no, eso quítalo, lo del tonillo paternal quítalo, e intención tranquilizadora porque es que me puse negro.

Pero negro.

Más o menos todos esos matices intuí en su pregunta. Lo mío iba sin retóricas, más directo, al grano, zas, como las descargas estas y con cierta mala baba, lo confieso. Pero se quedó en el borde de los labios.

Ayer por la noche no estaba de humor. Pero hoy sí, mira. Ya he hecho el ensayo general de lo de mañana y me ha gustado el resultado. Mientras hago los últimos retoques la vitamina B12 parece hacer de cinta aislante ante los cables desnudos y no me ha vuelto a dar calambre.

Post #974 11 marzo, 2008

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 1 comentario , trackback

No sabía qué título ponerle a este post y he dejado el que viene por defecto. Esta mañana ha sido un poco rara porque me han llamado de la radio para grabar una entrevista y he tenido que llevar todas las preguntas hacia mi terreno. ¿Y eso? Porque no he entendido ninguna y no eran nada del otro jueves, aunque eran sobre el jueves.

Por partes.

Llevar las preguntas hacie el propio terreno exige, modestia aparte, la habilidad de contestar otra cosa distinta a la que te preguntan sin que se note. Eso lo hacen los políticos por costumbre y por interés. Yo lo he hecho porque es que no entendía las preguntas y, la verdad, me he preocupado un poco. Tanto que he terminado la conversación con la mano izquierda sudorosa (en la mano izquierda sostenía el auricular) y se lo he dicho a Germán, que disculpara y tal, que no estaba inspirado, pero Germán ha respondido con un bah (Bach?) tranquilizador.

Germán me ha hecho tropecientas entrevistas e incluso durante un par de años mantuvimos un diálogo semanal en directo vía telefónica sobre lo que salía al paso. Como un post pero en diálogo y por la radio. Así que no será por falta de costumbre. O igual se nota el parón de dos años y los reflejos andan faltos de ejercicio. O la edad. O las medicaciones nuevas. O la suma de todo que da como resultado la resta de algunas cosas. Qué cosa lo del teléfono esta mañana. Nos hemos despedido dos veces, como se acostumbra en estos casos, una despedida queda en la cinta y otra se queda para nosotros, y tras el click me he quedado mirando un poco el auricular. En las novelas el autor diría que me he quedado mirando perplejo al auricular pero esto no es una novela. Esto es un lío.

Para intentar arreglarlo he llamado a mi hermana para felicitarla por su cumpleaños. Mis sobrinos llevan dos días esperando la tarta. Isabel se ha puesto al teléfono para decirme que si quiero un trozo tengo que ir a la tarde y si no, nada. Isabel no ha hecho preguntas para la radio, ha sido un alivio. De fondo se escuchaba cómo mi hermana le decía a Carlos dile hola al tío pero Carlos ha dicho que no quería decir hola, que lo que quería decir es adiós y se ha puesto al teléfono y ha dicho adiós, tío y me he quedado compuesto y sin tarta hasta que he vuelto a oir la voz de mi hermana. En las novelas el escritor pondría al otro lado del hilo telefónico y tal y una variante de esa fórmula es lo que me ha pasado esta mañana: que he perdido el hilo de las preguntas por teléfono. Pero bah.

Diario 10 marzo, 2008

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Esta madrugada, hacia las dos, el pensamiento tomó las bridas y empezó a galopar que no veas. Pensamiento acelerado, lo llaman. Qué nombre le van a poner si no es ese, a las cosas hay que nombrarlas bien. El pensamiento echó a correr justo cuando yo estaba muy quieto, con la cabeza apoyada en la almohada, mirando hacia al techo que se supone está al otro lado de la oscuridad. Hacía tiempo que no ocurría pero habida cuenta de que un rato antes me había administrado la dosis del medicamento que es la madre de todos los remedios y, al mismo tiempo, la madre de todos los efectos adversos, entre ellos éste, cabría suponer un cierto alivio, porque somos así, nos pasa algo y nos sigue pasando, pero si mientras tanto hemos visto la causa o le han puesto la etiqueta, esto es un cólico de riñón, esto es gastroenteritis, esto es un trastorno de ansiedad generalizada, decimos ah, y parece como si nos conformáramos un poco.

Yo no.

A las 3 y media de la madrugada mi pensamiento elucubraba sobre todas las cosas habidas y por haber sin que se las hubiera invitado, que no son horas, y reproducía conversaciones grabadas en la memoria y si no se las inventaba, o planeaba sobre las conversaciones de mañana o pasado. Cuando el pensamiento se pone pesado y sale a dar una vuelta, que en realidad son mil vueltas, te pones un Orfidal debajo de la lengua como te han indicado para estas ocasiones y yo que soy tan obediente, aunque mi obediencia responde más bien a una inercia desencantada o desentendida o no sé, una cosa rara, pues me pongo el Orfidal debajo de la lengua. Tiene ese acto algo de comunión farmacológica, se me hace extraño recibir la pastillita blanca del Orfidal debajo de la lengua y esperar a que se disuelva confiando en redimirme de ese trance mientras allá arriba, el pensamiento se pregunta y se responde y le da al play de mil músicas. Para entonces el Orfidal poco sirve, si llega con la fiesta empezada no se le hace el caso que merece; pero entonces digo yo, y le digo al médico, qué pasa, que tengo que desarrollar un sexto sentido para saber cuándo va a empezar el jolgorio y ponerme el Orfidal debajo de la lengua con anticipación? Qué complicadas te ponen las cosas, por Dios.

Hacia las 4 y diez pensaba que va a ser verdad que esta va a ser mi semana de Pasión. ¿Puede el acto del jueves estar detrás de esta movida en la azotea?, me he preguntado. Interesante pregunta, pensemos en ella, me he respondido. Pues yo creo que no, al menos en el sentido de que lo del jueves, el mero acto, me pueda provocar ansiedad, incertidumbre, nervios, en fin, esas cosas que trae consigo lo escénico. No, a estas alturas de la película no. De hecho, le tengo ganas al momento, creo que me voy a ver en mi salsa. Lo que sí es posible que en este frágil ecosistema en el que me desenvuelvo desde hace un tiempo y en el que un estímulo, grande o pequeño, sea positivo o negativo, resuena y te hace encogerte de hombros un rato por si acaso algo se mueve, la preparación de lo del jueves, que se ramifica porque sí y porque el ordenador y el sonido y los cables y el guión y las radios, y el martes a las 11 te grabo para el informativo de la 1, y los medios escritos, ya he recibido el cartel en .tiff, ya podían hacer así todos, coño, pues todo eso igual mueve algo, no?

Y a pesar de todo, Bach sigue proporcionándome consuelo.

Elecciones 9 marzo, 2008

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En resumidas cuentas, han ganado todos.

Invasores 9 marzo, 2008

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Invasores de MarteNunca agradeceremos lo suficiente la edición española de la colección L´atelier 13 en dvd que, en un gesto de honestidad, declara en las carátulas que de lo que se trata es de ofrecer una edición limitada de lo mejor y lo peor del cine de ci-fi, y de los 50 principalmente, añado yo, porque eso es lo que más me gusta, eso y los colorines del technicolor cuando lo hay y el polvo cósmico que se ha pegado al celuloide y que se ve en la pantalla en forma de rayas (rayos?) cósmicos o lluvia sideral. Y hace clas clas en la banda sonora. Da lo mismo porque así se disfruta más. “Invasores de marte”, del 53 y de William Cameron Menzies y con 78 minutos de colorín, maravillosa duración para una película, fue objeto de fascinaciones varias durante mi infancia.

Por ejemplo, la valla, imagen recurrente de la película y elevada a la categoría de icono en mi imaginería galáctica:

Invasores de Marte

Otro ejemplo: el nombre. Cuál. Pues el del director. Hay películas que parecen todas ellas un pretexto para lucir el nombre del director, pero eso sólo pasa cuando te llamas William Cameron-Menzies, así de largo y de elegante y de no sé cómo explicarlo pero de pequeño miraba el afiche (que, para variar, también me fascinaba, con sus verdes y rojos en technicolor) y leía: “Invasores de Marte de William Cameron-Menzies” y era, sencillamente, genial. Cuando eres pequeño hay cosas que te parecen sencillamente geniales, sin que haga falta saber qué es exactamente lo que quieres decir con eso. Antes “Invasores de Marte” era genial, luego le perdí la pista. Lo que pasa con estas películas es que cuando eres pequeño te encantan, cuando te haces un poco mayor te desencantan y cuando te haces mayor del todo o las colocas en su contexto o te descolocan. Cabe la posibilidad de que ocurran las dos cosas al mismo tiempo.

Pues genial.

A mis 38 años, he vuelto a ver esta invasión marciana y he visto cosas que antes no. Genial. Me ha llamado la atención la solución imaginativa como respuesta sistemática a la escasez de medios como, por ejemplo en el aprovechamiento de los decorados:

Invasores de Marte

Invasores de Marte

Las escenas de los dos fotogramas de arriba se rodaron en el mismo decorado, como se ve enseguida. Con colocar los mínimos elementos identificativos en el frontal del fotograma basta y sobra. Como el tipo de espaldas, con los dos farolitos y el teléfono al lado. Con eso se hace una comisaría. En la composición hay mucho de estética de cómic. Ese pasillo largo, la elevación de la tarima donde espera la autoridad y la perspectiva que empequeñece al chaval en apuros aumentando su angustia, tiene un aire kafkiano. Lo del laboratorio lo que tiene es gracia. El tipo de la bata blanca juega al quimicefa en la misma mesa en la que el policía anotaba sus cosas sin importarle, al parecer, tener el laboratorio montado en el pasillo.

Luego está la lectura de la película, que es común a muchas de las películas de este tipo de la época. Hay un libro de Javier Memba, “La edad de oro de la ciencia-ficción (1950-1968)” que lo explica muy bien. Dice que en tiempos del telón de acero y la guerra fría, el miedo hacia el terror marxista encontró su mejor forma de expresión en la ci-fi por una sencilla razón: producía en el espectador la misma sensación de indefensión ante la hipotética invasión de lo desconocido. La salvedad es que aquí los malos no eran rojos sino verdes (si bien es cierto que casi todos venían del planeta rojo).

En “Invasores de Marte” hay un instante en que el gran marciano (que, por cierto, es muy pequeño) muestra sus intenciones reales y dice que lo que quiere es someter la voluntad de los humanos a una inteligencia superior. Pienso que una de las satisfacciones que encontraba el espectador americano de entonces como recompensa ante tanto soponcio estratosférico era asistir a la indefectible exhibición de poderío militar patrio y a la genialidad de sus cerebros científicos, que lucían pero sólo a partir del minuto 65 o así de la película. Si un cerebro lucía antes, mala señal para el científico. Fijo que lo desintegraba una pistola marciana o lo envolvían en baba de caracol y para la despensa. La ci-fi de los 50, a diferencia de la de los 30, no es escapista sino beligerante. Ahora veo yo lo segundo. Antes veía lo primero y me parecía genial. Qué tiempos.

Para un rato de estos espera sobre la mesa una cosa inenarrable: “Devil Girl from Mars”. Ahí queda eso.

Lumega 8 marzo, 2008

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Esta tarde se presenta en Leioa el nuevo coro juvenil Lumega formado por 24 chavales ex-componentes de Kantika, que también intervendrá en el concierto. Así Kantika vuelve a ser un coro infantil y el trabajo conseguido con las voces que ya se van haciendo mayores no se pierde. Paradojas del mundo coral infantil: cuando el trabajo madura llega el tiempo de la despedida. Suerte a Lumega.

Andamios 7 marzo, 2008

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Ya.

Ya quiere decir 9 horas (más) delante del ordenador y los papeles. La diferencia es que estas nueve horas han dejado como resultado algo que ya puede empezar a considerarse como cercano al final. Mañana más y a ver si salgo un poco que desde el miércoles no piso la calle pero es que cuando estoy en faena soy de los de jornada intensiva y sólo cuando veo que la cosa empieza a tener forma, o siento que está bajo control, o la veo abarcable o, sencillamente, la veo, es cuando ya puedo volver a tomar conciencia del exterior.

Del exterior ha venido el cartero para traerme los primeros ejemplares impresos de la Nana de Leioa, cortesía de la editorial. Al final se va a quedar con lo de Nana de Leioa como nombre, ya lo verás. Tener en las manos la música editada me ha hecho mucha ilusión, sobra decirlo, y recorriendo los pentagramas donde aparece la música tan ordenada y bien impresa me he dicho a mí mismo que qué diferencia con el original.

El original es un caos, un collage de trocitos con trazos de lapicera que plantea soluciones diversas a un mismo pasaje. Empieza tanteando el terreno, colocando las notas en cuestión y poco más, quizá ese poco más sea un posible pasillo por donde se pretende hacer transitar un contrapunto a la melodía principal o simplemente se trate de un acorde plantado en la vertical del pentagrama que plantee un posible cambio de color armónico. Todavía tengo el cuaderno donde se escribió (me duran mucho los cuardernos porque no escribo apenas) y he buscado el pasaje del “si-la”. El pasaje del sila toma su nombre de dos notas que en esta composición no son dos notas cualquiera: aparecen con frecuencia culminando los periodos de las frases recordando a su paso el ritmo característico de la nana, corchea más negra en compás de seis por ocho, el ea, vamos.

En diferentes lugares de las hojas izquierda y derecha del cuaderno aparece al principio en forma embrionaria:

Algunas de estas ideas se desechan. Las que siguen adelante se desarrollan. El final del pasaje de la imagen siguiente es un desarrollo de la escueta idea que aparece de la imagen anterior:

Y lo que viene me ha llamado la atención porque aparece recuadrado (señal de que lo consideré como solución válida) pero, curiosamente, no se utilizó al final. Quzá el recuadro se deba a una tentación de la debilidad, eso que se da cuando uno está estancado y no hay manera y a la primera de cambio traza el recuadro y dice se acabó. Lo que pasa que al día siguiente vuelve descansado y con cierto remordimiento de conciencia y reconoce que no, que no es válido, que qué va:

Pues de esto sale luego un ejemplar limpio, liso, ordenado a la vista, qué cosas. Música sin andamiaje. El producto final. La edición de una obrita a la que le tengo cariño. El proceso para una charla con presentación multimedia como la que estoy preparando no se diferencia mucho. Confío que el resultado, una vez quitado el andamiaje y pasado el aspirador, también sea el mismo.

Diario 6 marzo, 2008

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Se pasa por varias etapas.

La primera es la de la ansiedad ante el folio en blanco. Se sigue diciendo folio en blanco pero en realidad es pantalla en blanco casi siempre. La segunda es el esfuerzo gordo cuando cristalizan los primeros conceptos. No es exageración: esfuerzo gordo. Cuando se tiene la maquinaria desengrasada (o algo tocada) (o ambas cosas) ponerlo todo en orden, empezar siquiera a hacerlo, cuesta. Cuesta tanto que, por una vez, vamos a utilizar una retórica de andar por casa: cuesta un huevo. La tercera etapa tiene lugar cuando, por primera vez en mucho tiempo, tienes un trocito, grande o pequeño, hecho, revisado y aprobado. Pulsar “guardar” en ese momento produce la satisfacción (ya olvidada) de la tarea cumplida. Y es un placer tal que vuelves a abrir el documento y vuelves a pulsar “guardar”. Como premio te pones a ver, pongamos por caso, la segunda temporada de “Weeds”. Pero mira cómo son los de “Weeds”. Y después te vas a dormir.

Pasión 4 marzo, 2008

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Ya no hay marcha atrás. Este año sabático que ha resultado ser de dos llega a su fin y me pongo al frente del micro para recrear la Pasión según San Juan de Bach o la Pasión según Bach, como a mí me gusta llamarla porque ese título refleja mejor de qué va la cosa. Será el jueves 13, lo digo para los próximos que se asomen aquí y les apetezca. Además la entrada es libre. Llevo tiempo trabajando en ella pero aún me queda un buen trecho, para qué nos vamos a engañar. Pero es apasionante. Es apasionante volver y hacerlo con esta Pasión. Hasta me apasiona sentir cierta inseguridad, será que soy un poco masoca o será que lo que necesitaba era sentir y me conformo con sentir cualquier cosa o será que intuyo que va a ser una inseguridad pasajera. Veremos.

Campaña (3) 3 marzo, 2008

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El mega-debate en el aire. Dice la radio que hay quien se ha reunido en bares, peñas, sociedades gastronómicas, pabellones deportivos y demás con cervezas y pizzas y lo que se tercie. Alguna cadena de televisión ha retirado esta noche el capítulo de su serie estrella para ahorrarse mañana por la mañana un disgusto con el share y, de paso, ahorrar: la ficción sale muy cara.

En el pase por la alfombra roja, los cronistas ya se han fijado en la arruga impertinente del traje y han debatido sobre el lado inoportuno hacia el que parece desviarse la corbata. En el plató, los candidatos comparecen de pie ante la audiencia a ambos lados de la periodista. Tiene la imagen un cierto aire a prolegómenos de combate de boxeo, casi parece que los candidatos van a empezar a blandir puños al aire, dando saltitos nerviosos. Tras los anuncios, el candidato de la derecha se ha sentado a la izquierda y el candidato de la izquierda lo ha hecho a la derecha, ambos de azul. La periodista se ha sentado en el centro y como no se sabe de qué pie cojea se ha puesto un traje del color de la pantera rosa. Yo estoy con el portátil en las rodillas y, escudado tras la pantalla, de vez en cuando me asomo. Ya se han producido dos o tres dolpes directos, de esos que te hacen dejar de teclear, poner cara de uy, eso ha dolido, y mirar para comprobarlo.

Me da la sensación de que no importa si el candidato de un lado u otro de la mesa tiene una buena intervención porque su contrincante va a hacerse el sordo y salir con otro tema. Pero de lo que estoy convencido es que el verdadero debate se va a crear cuando este que está sucediendo ahora termine. El verdadero debate está en la mesa de edición. Ya sea de manera torticera o por medio de un simple, aséptico y recto ejercicio de su habilidad profesional, los técnicos de edición de vídeo de las respectivas cadenas harán, con sus respectivos resúmenes, cortes o ráfagas lanzadas al aire, que el discurso y el efecto del discurso sea distinto. Así quedó patente en el capítulo de la semana anterior. Un periodista, invitado a un debate donde se debatía el debate, dijo tras colarse una de esas ráfagas por la ventana de la tele: “pues visto así me convence más que en el debate, la verdad”. Y apoyó la espalda en la silla, perplejo. El verdadero debate no tiene lugar en el directo del debate sino en el enlatado posterior. De todas formas, por lo que estoy viendo, la cosa está clara. Haremos zapping en los resúmenes.

Album 2 marzo, 2008

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King Kong 1933

New York celebra hoy el 75 aniversario del estreno del “King Kong” de la RKO. Espero que nosotros no tengamos que esperar tantos años para celebrar el día que a los señores de Manga Films (con quienes no tenemos nada en contra) les caduquen los derechos de la película y que, al fin, Warner pueda poner en circulación su versión restaurada. Claro que puede que los derechos ya hayan caducado. Si es así, que alguien haga una llamada a los señores de Warner recordando el asunto pendiente. Gracias.

Retiro 2 marzo, 2008

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Alfred BrendelAlfred Brendel ha anunciado su retiro. Me enteré gracias a Bart, cuyo blog ya creía retirado pero no, volvió y entre otras cosas dijo lo del retiro de Brendel y lo sentí. Que enmudezca el pianismo de Brendel no es una buena noticia porque se trata de algo irremplazable que nos deja sin una de las pulsaciones más maravillosas y exquisitas que hemos oído. Hay pianistas que consiguen elevar la relación entre sus dedos y las teclas a la categoría de bien común y universal, algo a lo que acudes cuando lo precisas y de quien siempre obtienes un bálsamo para el espíritu. Eso es lo que ocurre con sus grabaciones de los Conciertos para piano de Mozart de la década de los 70 para Philips, con la St. Martin de Neville Marriner. No se trata solamente de la belleza ultraterrena que emana, de por sí, de esos segundos tiempos de los últimos tiempos mozartianos, sino de convertir el acto mecánico de pulsar en un gesto poético, fuente inagotable de placer para los sentidos.

Dice Brendel que se va ahora que se encuentra en buena forma porque no quiere parar cuando sea demasiado tarde y con su sentido del humor británico añade: “siento que no debería esperar hasta que me desintegre”. Des-integrado, flotando en la ingravidez, me encontré yo la otra tarde volviendo en el tren cuando las manos de Brendel hicieron sonar de improviso el K. 503/II en mis oídos. Fue un descuido del iPod mientras por la ventanilla se divisaba un trozo de primavera increíblemente verde y azul iluminado por un sol que ya no quiere perderse cosas así tan temprano. No sé muy bien qué le entregué al revisor, ni sé muy bien si pasó el revisor, la verdad.

(Post relacionado: “Fácil“, 14 de Septiembre de 2005)