Archivo por días: 31 marzo, 2008

Cambio

Debo estar haciéndome viejo.

Dicen que el cambio horario lo notan sobre todo los niños y los ancianos y yo esta mañana me he despertado a las siete menos cuarto con la radio puesta a todo meter en la cabeza y ya no ha habido manera. La tranquilidad de las últimas semanas -bendita última pastillita- se ha esfumado de par de lunes y el TAG ha pisado el acelerador. Ahora lo llaman así, TAG. Es que lo mío es raro, porque lo normal es que los pacientes que tienen algo vayan al médico y que su algo vaya a mejor o a peor. Sin embargo, lo mío siempre está ahí, igualico, pero son los médicos los que le cambian la etiqueta y cuando lo llaman ciclotimia te convencen de que te pasa eso y de que eres así y cuando llegas a creértelo lo cambian. Lo último es TAG, que quiere decir Trastorno de Ansiedad Generalizada, cortesía por efecto secundario de los anti-TNF. El sufrimiento se resume en siglas. Yo prefería el TANG de naranja al TAG, qué cosa es el lenguaje, una consonante te cambia un refresco por una leche, pero gorda. Pero así vienen las cosas.

A las siete menos cuarto de la mañana mi cabeza estaba tan fresca y he saltado de la cama como con ánimo de conquistador. De qué. De nada, es un decir o, más bien (más mal) un estar (un malestar). Luego la pastillita va poniendo las cosas en orden pero ya te deja el día asincopado, como si hubiera salido raro. En estos casos, si fuera posible, uno cambiaría el día, oiga, me da otro lunes, es que este ha salido arrugado. Pero no se puede. O lo planchas tú o nada. Esta mañana tenía que sentarme para seguir las aventuras de la “Niña de los Peines” y compañía pero no, lo he dejado para la tarde. En su lugar me he ido a cortarme el pelo.

Llevo treintaycuatro años (¿treintaycuatro o treintaicuatro?) cortándome el pelo en la misma peluquería y me lo corta el mismo peluquero. Hablamos poco; él porque se ensimisma en lo suyo; yo porque me ensimismo en mí mismo. Pero hoy el peluquero ha decidido hacerme partícipe de su ensimismamiento y hemos entablado conversación. Al fin. El tema: la muerte. Yo hacía tac tac con el pie disimuladamente como diciendo anda con el tema. Porque me aterroriza. De un tiempo a esta parte me aterroriza, creo que no somos conscientes de lo que realmente supone que te puedes morir, que un día te vas a morir, y por eso cada muerte que sucede a mi alrededor, que no sé qué pasa que se muere todo el mundo últimamente, me sobrecoge. Durante la “Cena a las ocho” de George Cukor hay una vieja dama de la escena que le dice a una joven dama de la escena: lo peor de la muerte es que es definitiva. La primera vez que oí eso le di a la pausa del dvd y le dije a Cukor: que tengas tú que decirme esto y no Bergman tiene bemoles. Del resto de la película me acuerdo poco.

En fin. Espero que todo este episodio haya sido debido a un jet-lag de andar por casa, una cuestión de reajuste y a la tarde las palabras de Lorca volverán a vibrar de esa forma tan increíble en el papel, que esa fue la cualidad primera de este poeta enduendado hasta la médula: estremecer.