Encargo

En 1922, Manuel de Falla, Federico García Lorca y otros artistas de la época organizaron en Granada un Certamen de Cante Jondo que pretendía recuperar la esencia del cante buscando entre los pueblos y las aldeas a las voces que lo mantenían vivo e intacto. Ese es el punto de partida del encargo de una conferencia que me propuso la Universidad de Navarra para incluirla en la programación de una próximas Jornadas sobre Cante Jondo. En un primer momento, cuando me lo dijeron me quedé así

(“así” es con la boca abierta de asombro)

porque, sin duda, se trataba del encargo más pintoresco que me habían hecho nunca. Pero enseguida le vi posibilidades y dije que sí. Y ahora, metido en harina porque la cosa es para el día 8 de Abril aguas mil, no me arrepiento nada, pero nada de nada. Igual se arrepienten ellos con el resultado, vete a saber, pero yo no, en absoluto, porque lo que empezó siendo algo que te hace decir uff o ahora qué hago o dónde me he metido se ha convertido en algo apasionante por el material, por las conexiones, por las posibilidades. Por todo, en realidad. Revisando los textos que se pronunciaron en las vísperas de aquel certamen aparece el duende lorquiano y la mala leche de Falla. El primero era un pedagogo asombroso, cada frase que pronunció, recogida en transcripción, también te deja así

(ya sabemos qué quiere decir así)

El segundo es más, cómo decirlo, seco, pero conviene añadir enseguida que a eso contribuye que don Manuel escribía esas líneas con los bemoles hinchados y cargaba con la gente bien de la sociedad que se empeñaba en ver mal al cante. Mientras Falla esgrimía argumentos para convencer de la conveniencia de la celebración del certamen y disparaba algún que otro dardo, Lorca se levantaba de la silla, se acercaba al gramófono, colocaba en él uno de aquellos discos de 78 revoluciones, tan duros y resistentes, por algo se les llamaba discos de piedra, y decía vamos a evocar al duende en la luna negra del disco. Y sólo con leer esa imagen poética, que él decía fuera de guión, te quedas así

(me quedo así muchas veces estos días)

Pero lo que hace el encargo verdaderamente atractivo para un músico que contempla esa música desde fuera es la comparativa, el asombro ante el exotismo de aquello que el pentagrama es incapaz de atrapar y la consiguiente pregunta ¿por qué no? y las respuestas, que son plurales. Además, al fin y al cabo, el encargo también traía eso consigo: la visión desde este lado de la música. El asunto tiene mucha tela que cortar, quién me lo iba a decir, de tal manera que he tenido que poner en marcha un plan de trabajo disciplinado que, cosa increíble, está funcionando. Espero seguir así hasta que esté terminado.

2 pensamientos en “Encargo

  1. toni

    qué bueno es haber aprendido que todavía nos queda mucho que aprender. porque, los sabios, de los maestros, dejaban siempre algún renglón escrito o fotografiado o pintado o interpretado en alguna esquina de algún papel, de esos que garabateas en medio de una reunión. y, a partir de ahí, la búsqueda se hace más emocionante y más triste a la vez. menos mal que siempre serán sabios y maestros. aunque ya no estén. porque no se han ido aún.
    todas las ganas de mundo.

  2. emejota Autor

    Siempre quedan cosas por aprender, por descubrir. Hasta cuando enseñas, aprendes. Me pasa con mis alumnos: no sé si aprenderán mucho conmigo pero yo de ellos sí aprendo, y comprendo. Todas las cosas que me llaman la atención son inabarcables y eso es emocionante y desasosegante a la vez. No sé.

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