Comedia

Quine. ¿Quién? Quine, Richard Quine. Podría pasarme siglos viendo “Me enamoré de una bruja” (“Bell, book and candle”, 1958) y revisar con cierta frecuencia, como hice ayer por la noche, “Un cadillac de oro macizo”, (el título original en este caso es bastante similar, 1956). Me fascina la comedia norteamericana de los 50 que tiene como fondo a Nueva York y que casi siempre transcurre en un rascacielos de oficinas aprovechando para hacer una sátira del mundo de las grandes empresas y los negocios. Si además de lo anterior incluye en el lote a Tony Randall es posible que la cosa roce la perfección. Lo que me pasa en estas películas es que entro en la trama y atiendo a lo que dicen los personajes pero a ratos miro hacia un lado o por las ventanas o al fondo de esas transitadas avenidas y me atrae sobremanera lo que hay allí, la atmósfera y la estética de la época, el tiempo atrapado en el fotograma y convertido en un directo perpetuo. Luego vuelvo a hacerles caso a los personajes, que suben y bajan por los ascensores y caminan apresurados por los pasillos de esas oficinas sofisticadas hablando de forma igualmente apresurada. Me encanta.

Me enamoré de una bruja

Ese Nueva York insólitamente solitario y espectral de niebla gris a muchos grados bajo cero que envuelve a Kim Novak y a James Stewart en la azotea de un rascacielos en un amanecer de Navidad no es nada apresurado pero porque es fiesta y por lo del hechizo, el de la Novak, maravillosa bruja con gato y escoba; tal es el hechizo que hasta a mí me hipnotiza. En esta película tampoco sale Tony Randall pero Elsa Lanchester y Jack Lemmon se quitan la nieve de las hombreras y el frío del cuerpo ante el fuego en un cuarto de estar en technicolor en el que te quedarías mucho rato.

(Tony Randall sale en aquella otra película de los publicitarios que lanzan las galletas de colores. Y si no sale, debería)

 Un cadillac de oro macizo

Volviendo a Quine, compré el otro día “Un cadillac de oro macizo”, en blanco y negro hasta el último plano para que el dorado del cadillac se vea en colorín y ayer la ví con la sonrisa puesta. Los tiempos, el ritmo, las planificaciones, qué bien manejaban esas gentes los engranajes de la comedia. La película estaba a la venta como novedad sospechosamente rebajada y cuando le quité el envoltorio dije ajá. Es incomprensible que a estas alturas un sello como Columbia-Sony lance una película sin subtítulos en español (únicamente en portugués) y que el formato panorámico lo inserte en los 4:3 y no lo expanda en 16:9 como corresponde. Hace unos años, cuando Columbia era Columbia a secas sin Sony, apareció “Me enamoré de una bruja” subtitulada en español y de propina en la friolera de 20 idiomas más, incluyendo el hindú, el griego y el danés por si alguien quería practicar gramáticas exóticas entre gag y gag, y el formato panorámico lucía digno de ese nombre. Así que mucho Blu-Ray pero a ver si Sony no desatiende lo analógico, un respeto.

4 pensamientos en “Comedia

  1. arrebatos

    Y todas esas fantásticas comedias culminan con “El apartamento” de Billy Wilder. Que no deja de ser una comedia. Algo ácida quizás, crítica, amarga y dulce a la vez. Porque ya tiene mérito lo que consiguió Wilder con esta película: que la conservadora sociedad norteamericana se enamorara de una buscona y de un trepa.

  2. emejota Autor

    Cierto, pero para esas alturas (alturas del tiempo, alturas de calidad) las comedias destilan un desencanto que las de los Quine, Tashlin, Gordon y compañía no tenían. Eran comedias felices sin peros, ingenuas aunque pusieran el dedo en la llaga.

  3. Ferre

    Se podría incluir dentro de las comedias estilos 50s, tanto por estilo como por temática, a una de hace unos años: “Abajo el amor”, con un cuarteto protagonista francamente convincente.

    Saludos,

    Ferre

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