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Adaptación 16 marzo, 2008

Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 2 comentarios , trackback

Estoy en el periodo de adaptación de una nueva medicación. Los médicos esperaron a que pasara la charla del otro día para iniciar este nuevo tratamiento porque los primeros días son bastante regulares, después ya no. Efectivamente, los primeros días están siendo bastante regulares, todavía no he llegado a la fase del después ya no, pero espero que sea en breve. Mientras tanto ha ocurrido algo muy curioso: he vuelto a componer. Y es curioso primero porque ahora hace un año que no ocurría y segundo porque, al igual que entonces, ha tenido lugar en un momento en que el cuerpo está dolido, o dolorido, o está a medias, llámese como se quiera. En lenguaje llano esto quiere decir que parece que hay que estar jodido para que la creatividad surja, tema sobre el que ya he escrito anteriormente en este blog.

Una curiosidad más y una matización: el cuerpo parece tener que estar dolorido para que la creatividad surja pero, sin embargo, no hay dolor en lo que surje, no hay rastro de ello en lo que queda escrito, 33 compases a 3 voces en La bemol Mayor, tonalidad apacible donde las haya. Ahora la matización: tampoco es que surja tanta creatividad, seamos sinceros. Eso que se llama inspiración, esa certeza que se forma de golpe en el pensamiento, como si hubieras encontrado la senda que te conduce a la salida de un laberinto, aparece en el compás 17 y llega hasta el final. Lo anterior es oficio, manualidad, bricolage musical. Intentar equiparar lo uno con lo otro es tarea complicada y laboriosa; intevitablemente uno termina por sumar cosas en esos compases para disimular, aun sabiendo que eso es un error y que la solución siempre pasa por lo contrario, por restar. Pero es como si la parte de la mente que se ocupa de estas cosas necesitara convencerse de ello en cada obra nueva. El caso es que los primeros 16 compases han costado mucho más tiempo que el resto resultando menos satisfactorios.

Al final el asunto ha quedado más o menos equilibrado, aunque ahora estoy en esa fase en la que escuchas la obra y el veredicto unas veces es un sí, otras un no y otras un qué se yo. Hay que tomar una cierta distancia de lo que está recien escrito y dejar que se pose. Y esperar a que lleguen esos días del después ya no, cuando el cuerpo se ha adaptado a este nuevo tratamiento y ya no anda ni espeso ni revuelto.