Invasores 9 marzo, 2008
Escrito por emejota en : Cine
Nunca agradeceremos lo suficiente la edición española de la colección L´atelier 13 en dvd que, en un gesto de honestidad, declara en las carátulas que de lo que se trata es de ofrecer una edición limitada de lo mejor y lo peor del cine de ci-fi, y de los 50 principalmente, añado yo, porque eso es lo que más me gusta, eso y los colorines del technicolor cuando lo hay y el polvo cósmico que se ha pegado al celuloide y que se ve en la pantalla en forma de rayas (rayos?) cósmicos o lluvia sideral. Y hace clas clas en la banda sonora. Da lo mismo porque asà se disfruta más. “Invasores de marte”, del 53 y de William Cameron Menzies y con 78 minutos de colorÃn, maravillosa duración para una pelÃcula, fue objeto de fascinaciones varias durante mi infancia.
Por ejemplo, la valla, imagen recurrente de la pelÃcula y elevada a la categorÃa de icono en mi imaginerÃa galáctica:

Otro ejemplo: el nombre. Cuál. Pues el del director. Hay pelÃculas que parecen todas ellas un pretexto para lucir el nombre del director, pero eso sólo pasa cuando te llamas William Cameron-Menzies, asà de largo y de elegante y de no sé cómo explicarlo pero de pequeño miraba el afiche (que, para variar, también me fascinaba, con sus verdes y rojos en technicolor) y leÃa: “Invasores de Marte de William Cameron-Menzies” y era, sencillamente, genial. Cuando eres pequeño hay cosas que te parecen sencillamente geniales, sin que haga falta saber qué es exactamente lo que quieres decir con eso. Antes “Invasores de Marte” era genial, luego le perdà la pista. Lo que pasa con estas pelÃculas es que cuando eres pequeño te encantan, cuando te haces un poco mayor te desencantan y cuando te haces mayor del todo o las colocas en su contexto o te descolocan. Cabe la posibilidad de que ocurran las dos cosas al mismo tiempo.
Pues genial.
A mis 38 años, he vuelto a ver esta invasión marciana y he visto cosas que antes no. Genial. Me ha llamado la atención la solución imaginativa como respuesta sistemática a la escasez de medios como, por ejemplo en el aprovechamiento de los decorados:


Las escenas de los dos fotogramas de arriba se rodaron en el mismo decorado, como se ve enseguida. Con colocar los mÃnimos elementos identificativos en el frontal del fotograma basta y sobra. Como el tipo de espaldas, con los dos farolitos y el teléfono al lado. Con eso se hace una comisarÃa. En la composición hay mucho de estética de cómic. Ese pasillo largo, la elevación de la tarima donde espera la autoridad y la perspectiva que empequeñece al chaval en apuros aumentando su angustia, tiene un aire kafkiano. Lo del laboratorio lo que tiene es gracia. El tipo de la bata blanca juega al quimicefa en la misma mesa en la que el policÃa anotaba sus cosas sin importarle, al parecer, tener el laboratorio montado en el pasillo.
Luego está la lectura de la pelÃcula, que es común a muchas de las pelÃculas de este tipo de la época. Hay un libro de Javier Memba, “La edad de oro de la ciencia-ficción (1950-1968)” que lo explica muy bien. Dice que en tiempos del telón de acero y la guerra frÃa, el miedo hacia el terror marxista encontró su mejor forma de expresión en la ci-fi por una sencilla razón: producÃa en el espectador la misma sensación de indefensión ante la hipotética invasión de lo desconocido. La salvedad es que aquà los malos no eran rojos sino verdes (si bien es cierto que casi todos venÃan del planeta rojo).
En “Invasores de Marte” hay un instante en que el gran marciano (que, por cierto, es muy pequeño) muestra sus intenciones reales y dice que lo que quiere es someter la voluntad de los humanos a una inteligencia superior. Pienso que una de las satisfacciones que encontraba el espectador americano de entonces como recompensa ante tanto soponcio estratosférico era asistir a la indefectible exhibición de poderÃo militar patrio y a la genialidad de sus cerebros cientÃficos, que lucÃan pero sólo a partir del minuto 65 o asà de la pelÃcula. Si un cerebro lucÃa antes, mala señal para el cientÃfico. Fijo que lo desintegraba una pistola marciana o lo envolvÃan en baba de caracol y para la despensa. La ci-fi de los 50, a diferencia de la de los 30, no es escapista sino beligerante. Ahora veo yo lo segundo. Antes veÃa lo primero y me parecÃa genial. Qué tiempos.
Para un rato de estos espera sobre la mesa una cosa inenarrable: “Devil Girl from Mars”. Ahà queda eso.
Comentarios»
Mmmm…, un buen premio y otro sobre la mesa… ¿eso es que hemos trabajado mucho y bien? ¿es simplemente porque tú lo vales? ¿tal vez ambos?
Abrazo
Ambos, ambos :)