Andamios 7 marzo, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, MúsicaYa.
Ya quiere decir 9 horas (más) delante del ordenador y los papeles. La diferencia es que estas nueve horas han dejado como resultado algo que ya puede empezar a considerarse como cercano al final. Mañana más y a ver si salgo un poco que desde el miércoles no piso la calle pero es que cuando estoy en faena soy de los de jornada intensiva y sólo cuando veo que la cosa empieza a tener forma, o siento que está bajo control, o la veo abarcable o, sencillamente, la veo, es cuando ya puedo volver a tomar conciencia del exterior.
Del exterior ha venido el cartero para traerme los primeros ejemplares impresos de la Nana de Leioa, cortesÃa de la editorial. Al final se va a quedar con lo de Nana de Leioa como nombre, ya lo verás. Tener en las manos la música editada me ha hecho mucha ilusión, sobra decirlo, y recorriendo los pentagramas donde aparece la música tan ordenada y bien impresa me he dicho a mà mismo que qué diferencia con el original.
El original es un caos, un collage de trocitos con trazos de lapicera que plantea soluciones diversas a un mismo pasaje. Empieza tanteando el terreno, colocando las notas en cuestión y poco más, quizá ese poco más sea un posible pasillo por donde se pretende hacer transitar un contrapunto a la melodÃa principal o simplemente se trate de un acorde plantado en la vertical del pentagrama que plantee un posible cambio de color armónico. TodavÃa tengo el cuaderno donde se escribió (me duran mucho los cuardernos porque no escribo apenas) y he buscado el pasaje del “si-la”. El pasaje del sila toma su nombre de dos notas que en esta composición no son dos notas cualquiera: aparecen con frecuencia culminando los periodos de las frases recordando a su paso el ritmo caracterÃstico de la nana, corchea más negra en compás de seis por ocho, el ea, vamos.
En diferentes lugares de las hojas izquierda y derecha del cuaderno aparece al principio en forma embrionaria:

Algunas de estas ideas se desechan. Las que siguen adelante se desarrollan. El final del pasaje de la imagen siguiente es un desarrollo de la escueta idea que aparece de la imagen anterior:

Y lo que viene me ha llamado la atención porque aparece recuadrado (señal de que lo consideré como solución válida) pero, curiosamente, no se utilizó al final. Quzá el recuadro se deba a una tentación de la debilidad, eso que se da cuando uno está estancado y no hay manera y a la primera de cambio traza el recuadro y dice se acabó. Lo que pasa que al dÃa siguiente vuelve descansado y con cierto remordimiento de conciencia y reconoce que no, que no es válido, que qué va:

Pues de esto sale luego un ejemplar limpio, liso, ordenado a la vista, qué cosas. Música sin andamiaje. El producto final. La edición de una obrita a la que le tengo cariño. El proceso para una charla con presentación multimedia como la que estoy preparando no se diferencia mucho. ConfÃo que el resultado, una vez quitado el andamiaje y pasado el aspirador, también sea el mismo.
Comentarios»
Que alegrÃa que nos expliques algo de este poceso. Y no piensas: que cosas se han perdido en este camino para que otras salgan adelante? dónde estan?
Quiza hayan rehecho su vida musical en otros apuntes… no sé… con las ideas nunca se sabe…
:)
Que sean ideas concretas para una armonización (es decir, una melodÃa dada) hace difÃcil reutilizarlas. Pero nunca se sabe. Las ideas sacrificadas para que otras salgan adelante quedan en el cuaderno y se fosilizan con el tiempo: intento descifrarlas y no hay manera, oye.
;)
y luego un dÃa reaparecen y te acuerdas cómo las querÃas usar y entran en un nuevo tema. y te pierdes entre sus notas.
Eso sà que puede pasar: que me pierda entre las notas (y no salga) Eso me pasó con una pequeña canción que hice para niños, qué lÃo, oye; la hice tan contento pero luego fue verla y donde las cosas antes parecÃan cuadradas ahora parecÃan triángulos raros, de esos cuyo nombre no fui capaz de retener en el colegio. Y ahà se quedó. “AhÔ es el atril del teclado. Lleva lo de un año o asÃ. La intención era tomar una cierta distancia, unos dÃas, un par de semanas a lo sumo, y volver a ella, en el convencimiento de que entonces verÃa mejor las cosas. Pues no. Claro que tampoco he vuelto a ella. Algún dÃa, supongo.