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Tránsito 27 febrero, 2008

Escrito por emejota en : Análisis, Música

(apunte para un artículo)

En el transcurso de una composición musical clásica hay un instante en el que el centro de gravedad tonal se desplaza. Este proceso se conoce como modulación. El paso de un tono a otro requiere de cierta habilidad para que la transición no moleste al oído. Las opciones no son muchas: si la composición está escrita en el tono de La Mayor podemos estar en condiciones de apostar con tranquilidad a que la modulación se dirigirá al tono de Mi Mayor (Dominante de La) puesto que la atracción que se da entre ambos cuenta con las bendiciones del sistema.

Nuestro oído transita con frecuencia el camino que hay entre ambos polos, conoce el camino de memoria y ya ni repara en el paisaje. Dicho de otro modo, la modulación clásica ya no representa ninguna sorpresa ni merece atención por parte de un oído que, a estas alturas de la partitura, ha escuchado de todo. Debió haber un tiempo, sin embargo, en que las cosas fueron distintas. Charles Rosen sostiene que para un oído del siglo XVIII la modulación a la dominante que tiene lugar en la Exposición de una Forma Sonata representaba una tensión. Venía a ser una disonancia a gran escala que debía resolverse antes o después. La idea es muy interesante porque sus repercusiones en la estructura general de las obras hace que estas adquieran un significado distinto y revelador.

En sus últimos años, Mozart adquiere la curiosa costumbre de efectuar esta misma modulación dando un rodeo y haciendo un alto en el camino, que siempre es el mismo: la región de la Mediante. Así ocurre, entre otros ejemplos, en los primeros movimientos del Cuarteto en La de la serie dedicada a Haydn, en el Concierto para Clarinete o en el Concierto para Piano Nº 25.

Se trata de un tono apartado de la ruta pero, sin embargo, Mozart lo significa del entorno asignándole material temático propio en cada una de las ocasiones. Son dos cosas distintas: una cosa es pasar por ahí y otra hacerlo dejando anotada una frase como recuerdo. No podemos aventurar las razones que expliquen las intenciones de esto último (el diseño de un tema melódico en esta región de la tonalidad) pero, al menos, sabemos que Mozart encuentra en estas latitudes un recurso armónico hábil que nos catapulta al lugar de destino de manera inmediata. El recurso se llama acorde de sexta aumentada, un acorde muy mozartiano. Consiste en añadir una sexta aumentada al acorde al que nos estamos refiriendo. En el caso de una modulación de La a Mi que pase por Do Mayor el acorde resultante sería este:

Al hacerlo, estamos generando una tensión considerable en los extremos: la nota que hemos añadido pide la resolución por semitono ascendente; a su vez, la nota inferior, rebajada (no hay que olvidar que estamos en Do Mayor y que, por tanto, el Do es natural) pide lo mismo en sentido contrario. El resultado es que ambas resuelven en la misma nota -Si- que a su vez es Dominante del tono final.

En resumidas cuentas, Mozart ha manipulado un acorde para desencadenar una reacción en cadena destinada a alcanzar el tono de destino. Es como si en los últimos instantes del viaje recuperáramos el tiempo que empleamos en el rodeo. En el Clasicismo, el detalle concreto y la estructura general están íntimamente relacionados. Cabe preguntarnos las implicaciones que este detalle puntual tiene en el entramado general de una estructura que se construyó para unos oídos que oían lo mismo pero lo interpretaban de distinta manera que nosotros.

(Revisión: hay una errata en el último gráfico. Falta el becuadro en la nota Sol del acorde)

Comentarios»

1. toni - 27 febrero, 2008

:o

2. C. - 27 febrero, 2008

Qué cooosas. Y mira que hemos tenido fin de semana mozartiano (musical y cinematográfico, desfaziendo los entuertos de la versión Schaffer-Forman), pero… mí no entender bien, snif .
(Que conste que la recepción de la obra de arte y las sensibilidades en las distintas épocas me parece un tema apasionante).

3. emejota - 28 febrero, 2008

Algún día me gustaría describir una escena del Amadeus de Forman que consigue captar el “milagro” Mozart de una manera sobrecogedora. Pero llevo diciéndolo desde que empecé el blog. Es lo que tiene hablar de los clásicos, que sabes que siempre están ahí, igualitos todos los días y claro…

4. C. - 29 febrero, 2008

Me parece una peli impresionante en tantos aspectos… Pero, claro, así se quedaron mis chicos: algo impresionados. Tuve que dedicar un buen rato del día siguiente a poner los puntos -de la historia- sobre las íes -del drama.

(Ahora me has dejado rebobinando en la cabeza, a ver si doy con la escena… )

5. emejota - 1 marzo, 2008

(la de Salieri sayendo fulminado por la belleza absoluta de las partituras que la mujer de Mozart le lleva a escondidas. Genial)

6. C. - 1 marzo, 2008

Bueno, ya voy a poder dormir tranquila ;)

(Es verdad, esa escena consigue decir tantísimo…)