Archivo por días: 26 febrero, 2008

Respirar

Lo que pasa es que soy un poco burro. Eso es lo que pasa. Y pasa que me he hecho adicto a las gotas para despejar la nariz y eso es fatal, produce ansiedad, nerviosismo y hasta arritmias. No, no es exageración. Luego se lo preguntaremos al farmacéutico. Tras pasar una noche de domingo con los ojos abiertos como platos y un día con una cabeza como un bombo llamé al otorrino. Para llamar al otorrino hacen falta dos cosas: un motivo y bastante valor. El hombre es un poco veterinario. Una amable señorita dijo que no era posible, que sería posible al día siguiente, y debió ser cosa del destino que tuviera el otorrino la agenda repleta (cuánto motivo tiene la gente, cuánto valor) porque esta mañana he recurrido al farmacéutico, que es un santo. Este hombre nunca se las dará de listo y no se meterá en el terreno del médico, pero tiene ese instinto de farmacéutico que algunos tienen y que es todo un don.

Le he preguntado si lo de las gotas podía dar lugar a algún efecto secundario así. Y él: por supuesto, producen arritmias, irritación, ansiedad. Pero para que se diera eso tendrías que haberlas tomado mucho tiempo. Y yo: es que es eso. Y él: ya, bueno, pero yo me estoy refiriendo a, qué se yo, un mes seguido por lo menos. Y yo: pues yo me estoy refiriendo a comienzos de Diciembre, más o menos. Y él: ¡! Y las grageas de colores creo que se han estremecido un poco.

Es mejor que la expresión del farmacéutico adopte forma de ¡! que vérselas uno con el otorrino en un trance semejante, así que una vez confesados los pecados he implorado soluciones. Y él: acaba de salir un gel que se utiliza en estos casos para rehidratar las mucosas y no produce estos efectos… Y yo: me lo llevo. Y él: …espera, que no me has dejado terminar y quiero ver… sí, no produce esos efectos ni ningún otro. Es que hay otro gel que sí.  Y yo: me lo llevo y a ver si funciona y paso de largo del otorrino.

Antes de bajar a la farmacia, que la tengo aquí a un paso, ha venido Esther. Ella anotaba y yo hablaba con dificultad porque tenía la nariz totalmente congestionada y no podía respirar. Y ella: ¿no tienes gotas para la nariz? Y yo: de tantas gotas, estos líos. Y ella: ¿? Y ha seguido apuntando. Apuntaba y de vez en cuando miraba por encima de las gafas y decía qué pobre mientras yo aguantaba estoicamente mi mono de gotas para la nariz esperando mi visita al farmacéutico.

Ahora a ver qué tal.