Reunión

Cuendo te cita una entidad financiera para hablar de proyectos culturales hay quien se ilusiona, hay a quien le entra mucho miedo y también los hay que ay. Soy de los segundos y de los terceros. El miedo es a tener que presenciar imágenes de la realidad que pueden atentar contra la más elemental sensibilidad. Al menos para esta reunión no estaba solo. Cual trío de mosqueteros, todos para uno y uno para todos, nos introdujeron a los tres en un curioso habitáculo de esos que sólo una banca en expansión de beneficios puede y quiere permitirse. El habítaculo en cuestión era una cápsula circular de metacrilato en cuyo interior había una mesa redonda y unas sillas alrededor. El ordenador (portátil porque otro no cabía) estaba apagado pero lucía marca. Parecía uno de esos micro estudios de CNN+ donde se hacen esos micro debates sobre tal o cual cuestión en un ambiente de calma y quietud.

Hacía un calor insoportable, las calorías debían formar parte del plan poderío, no sé, pero para romper el hielo (si es que quedaba hielo que romper) dije mientras esperábamos que quienes trabajaran allí de 8 a 3 corrían serio riesgo de derrame cerebral por derretimiento. Justo en ese momento apareció la sonrosada cabeza de un director emergiendo del nudo de una corbata prieta y mientras nos saludamos dirigí con disimulado alivio mi dedo índice al cuello abierto de mi camisa, lo deslicé de un lado a otro y tragué saliva con placer. El debate empezó. Era igual igual que lo de la CNN, oye, porque mientras dentro del despacho en forma de tubo de metacrilato sólo se oían las voces de los presentes, fuera pasaba la gente, unos con prisa y en mangas de camisa, otros despacio y quizá con una chaqueta, no me acuerdo, pero todos sin sonido, como cuando están dando en la tele las noticias internacionales y tú estás entretenido en ese ir y venir que hay al fondo del busto parlante y te llama la atención que se digan cosas y se rían y hablen por teléfono pero como en película muda. A mí eso me pasa. En los informativos.

La reunión tuvo un prólogo que ensalzaba las virtudes de la entidad. Los primeros, los únicos, los garantes. Nunca antes, nunca otros, no de esta manera. Y nuestro compromiso, nuestra apuesta y nuestro apoyo. Esas cosas que van siempre de tres en tres. Una vez en materia, enseguida salió la frase clave, esa que hace que todos los átomos dispersos de la atención vuelvan a concentrarse en un punto concreto. La frase fue:

-En esta ciudad no hay masa crítica.

La frase venía a justificar que la entidad no apostara por un proyecto cultural definido y estable en la ciudad. Se me ocurrió entonces decir que cuándo llegará el día en que una institución pública o privada, se de cuenta de la importancia de un programa cultural formativo, que nutra, estimule y oriente (también me puse en plan trío). Terminé dejando caer al aire un ¿no? y la entidad dijo sí, sí, en eso estamos totalmente de acuerdo. Pero no hay inversión. Porque no hay masa crítica. El argumento era tan circular como el despacho de metacrilato.

Entonces llegó, como de refilón, el segundo tema interesante, aunque tan estéril como el primero. Llegó a propósito del par de propuestas modestas que habíamos puesto encima de la mesa a petición de la entidad, dos talleres, encuentros, llámese como se quiera, el continente da lo mismo, el contenido es lo que importa. Se nos dijo que encajaban perfectamente con lo que buscaban pero, eso sí, siempre y cuando el presupuesto no excediera del coste del material necesario, entendiendo que el material necesario fuera poner del bolsillo de la entidad alguna carpeta de cartulina con el logo de la misma estampada en la frente o algún lápiz para apuntar algo. ¿Y el trabajo de los monitores o ponentes? No sabemos si se valora pero desde luego en la reunión no había previsión presupuestaria. Así que seguimos siendo lo que éramos antes de entrar en el horno crematorio de metacrilato: no profesionales que aspiran a que su trabajo sea remunerado como todo hijo de vecino sino personas que se entretienen un rato con lo que hacen y tan contentas. Lo nuestro no alcanza a la consideración de trabajo. Es un hobby.

El debate no dio mucho más de sí porque en la banca se trabaja mucho y suenan teléfonos y tal y se sonríe continuamente y las cosas se quedan en un volveremos a reunirnos y oye, muy interesante todo esto, eh? venga, encantado y una palmadita en el hombro.

Conclusión, en el puto paro otra vez. Estoy pensando en poner un anuncio y venderme. Anticipo que soy simpático, limpio y educado. Me desplazo.

7 pensamientos en “Reunión

  1. causal

    “En esta ciudad no hay masa crítica”. Me encanta la frase. Con tu permiso me la apropio, aunque debería pedirle permiso al bancario, ¿no?

  2. Sergio

    limpio educado y autodesplazable ?? compro!!.

    Igual estaría bien que nos contases un poco más tu idea, nunca se sabe… a mí al menos me gustaría.

    Nunca habrá masa crítica, entre otras cosa porque una y otra son incompatibles, a no ser que hablemos de futbol, claro está.

    Ahora bien, si nos referimos a un valor límite en la cantidad de personas necesaria para activar un fenómeno (wiki), habrá que recordarles a estos señores que sus beneficios también salen de esa masa no-crítica, que si es necesario yo me abro con mi novia una cartilla-ahorro, digooo!

    Me imagino que los polítcos no se retratan, no?

    Ay!! Santa Cleopatra

  3. C.

    Es su estilo: hacerte trabajar en la memoria de algún proyecto, y eso les otorga cierta coartada -además, “dinámica”, que es lo que les va-, pero a menudo tienen ya los amiguetes preparados para colocarlos en cuanto haya ocasión…

    Además, la masa se lanza en ídem al yoguilates, la ronda cubana y el photoshop, pero imagino que es también porque no hay mucho más, leches.

    En fin, paciencia.

  4. emejota Autor

    Un beso anónimo y además muy fuerte! Muy propio para estos días de carnaval. Gracias!

    C.: No hay mucho más porque no quieren los gestores del asunto. Es tal su falta de imaginación, de iniciativa y de competencia que por no tener no tienen ni cuatro amiguetes preparados porque tampoco sabrían dónde colocarlos. Así está la cosa.

    Sergio: pues mi idea es la Idea del Norte, evidentemente :P Sí, soy limpio, educado, sé hacer algunas cosas y me desplazo (a veces me autodesplazo y otras sin auto: tren o bus) Mi lista de clientes es larga, les puedes preguntar si quedaron satisfechos con el servicio. Por cierto: efectivo o tarjeta, a convenir.

    Causal: el banquero te regalará la frase si abres una cuenta en su sucursal. Piénsalo bien: seguro que va con un juego de perolas o una cubertería o un reloj despertador de regalo ;)

  5. carrizo

    Hay entidades especializadas en gestionar el tiempo de los demás y lo hacen con un desparpajo digno del Tempranillo. Es posibe, incluso que te envíen una carta en la que te comunican lo que ganan contigo y que resulte que pierden. Y cuando vas y les dices que te da pena y que desde mañana mismo cambias la nómina, cierras las cartillas y tal, se pierden en un mar de explicaciones kafkianas. En esa reunión que dices los únicos que no estaban tirando su tiempo eran ellos. Para eso les pagan, para que les birlen el tiempo a los demás. Lo de la masa crítica, claro, “son cosas de la cencia que vusotros no entendís”. Joder, siempre lo mismo, tú.

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