Archivo por días: 1 febrero, 2008

Reunión

Cuendo te cita una entidad financiera para hablar de proyectos culturales hay quien se ilusiona, hay a quien le entra mucho miedo y también los hay que ay. Soy de los segundos y de los terceros. El miedo es a tener que presenciar imágenes de la realidad que pueden atentar contra la más elemental sensibilidad. Al menos para esta reunión no estaba solo. Cual trío de mosqueteros, todos para uno y uno para todos, nos introdujeron a los tres en un curioso habitáculo de esos que sólo una banca en expansión de beneficios puede y quiere permitirse. El habítaculo en cuestión era una cápsula circular de metacrilato en cuyo interior había una mesa redonda y unas sillas alrededor. El ordenador (portátil porque otro no cabía) estaba apagado pero lucía marca. Parecía uno de esos micro estudios de CNN+ donde se hacen esos micro debates sobre tal o cual cuestión en un ambiente de calma y quietud.

Hacía un calor insoportable, las calorías debían formar parte del plan poderío, no sé, pero para romper el hielo (si es que quedaba hielo que romper) dije mientras esperábamos que quienes trabajaran allí de 8 a 3 corrían serio riesgo de derrame cerebral por derretimiento. Justo en ese momento apareció la sonrosada cabeza de un director emergiendo del nudo de una corbata prieta y mientras nos saludamos dirigí con disimulado alivio mi dedo índice al cuello abierto de mi camisa, lo deslicé de un lado a otro y tragué saliva con placer. El debate empezó. Era igual igual que lo de la CNN, oye, porque mientras dentro del despacho en forma de tubo de metacrilato sólo se oían las voces de los presentes, fuera pasaba la gente, unos con prisa y en mangas de camisa, otros despacio y quizá con una chaqueta, no me acuerdo, pero todos sin sonido, como cuando están dando en la tele las noticias internacionales y tú estás entretenido en ese ir y venir que hay al fondo del busto parlante y te llama la atención que se digan cosas y se rían y hablen por teléfono pero como en película muda. A mí eso me pasa. En los informativos.

La reunión tuvo un prólogo que ensalzaba las virtudes de la entidad. Los primeros, los únicos, los garantes. Nunca antes, nunca otros, no de esta manera. Y nuestro compromiso, nuestra apuesta y nuestro apoyo. Esas cosas que van siempre de tres en tres. Una vez en materia, enseguida salió la frase clave, esa que hace que todos los átomos dispersos de la atención vuelvan a concentrarse en un punto concreto. La frase fue:

-En esta ciudad no hay masa crítica.

La frase venía a justificar que la entidad no apostara por un proyecto cultural definido y estable en la ciudad. Se me ocurrió entonces decir que cuándo llegará el día en que una institución pública o privada, se de cuenta de la importancia de un programa cultural formativo, que nutra, estimule y oriente (también me puse en plan trío). Terminé dejando caer al aire un ¿no? y la entidad dijo sí, sí, en eso estamos totalmente de acuerdo. Pero no hay inversión. Porque no hay masa crítica. El argumento era tan circular como el despacho de metacrilato.

Entonces llegó, como de refilón, el segundo tema interesante, aunque tan estéril como el primero. Llegó a propósito del par de propuestas modestas que habíamos puesto encima de la mesa a petición de la entidad, dos talleres, encuentros, llámese como se quiera, el continente da lo mismo, el contenido es lo que importa. Se nos dijo que encajaban perfectamente con lo que buscaban pero, eso sí, siempre y cuando el presupuesto no excediera del coste del material necesario, entendiendo que el material necesario fuera poner del bolsillo de la entidad alguna carpeta de cartulina con el logo de la misma estampada en la frente o algún lápiz para apuntar algo. ¿Y el trabajo de los monitores o ponentes? No sabemos si se valora pero desde luego en la reunión no había previsión presupuestaria. Así que seguimos siendo lo que éramos antes de entrar en el horno crematorio de metacrilato: no profesionales que aspiran a que su trabajo sea remunerado como todo hijo de vecino sino personas que se entretienen un rato con lo que hacen y tan contentas. Lo nuestro no alcanza a la consideración de trabajo. Es un hobby.

El debate no dio mucho más de sí porque en la banca se trabaja mucho y suenan teléfonos y tal y se sonríe continuamente y las cosas se quedan en un volveremos a reunirnos y oye, muy interesante todo esto, eh? venga, encantado y una palmadita en el hombro.

Conclusión, en el puto paro otra vez. Estoy pensando en poner un anuncio y venderme. Anticipo que soy simpático, limpio y educado. Me desplazo.