Archivo por meses: enero 2008

Tablas

Ha muerto Bobby Fisher en Islandia. Como Glenn Gould, también él desapareció del mundo en el Norte. Hay una película preciosa en la que un niño todavía sueña con encontrarse con Fisher al otro lado de un tablero de ajedrez. Blancas y negras, las casillas y las teclas del piano, son tablas de madera a las que se agarran las manos de algunos náufragos en busca de costas remotas.

Diario

A Mary Poppins y a mí nos afecta el cambio del viento. A ella le da por desaparecer y se acabó la supercalifragilísticoexpialidosa peli. A mí se me pone la cabeza espesa. O me pongo de mala leche. Hoy es más lo primero que lo segundo. Y es el tipo de espesura de cambio de viento, que no de tiempo, que igual también.

Desde ayer estoy tomando notas porque he decidido dar por concluído el período sabático poco a poco. De momento recojo notas y las voy poniendo en un documento Word y de vez en cuando me las envío por correo y las recibo en el otro ordenador que está en la otra punta de la casa. Y viceversa. A media tarde de ayer me dí cuenta de que era algo raro y posiblemente absurdo, pero para entonces ya le había cogido gusto a las excursiones por el pasillo. Voy, por tanto, de A a B, como en los problemas de matemáticas, con la diferencia de que desde el punto de destino no parte a la vez alguien en dirección contraria a tantos kilómetros por hora. Aquí no hay encuentros en el pasillo. En A hay papeles y libros frente a un ordenador y en B hay otros papeles y otros libros frente a otro ordenador. La luz también es distinta y el entorno en general. Lo único que no cambia es el documento de Word, que va sumando frases y semifrases y hasta alguna que otra palabra suelta.

Viene Esther (y yo con esta espesura mental)

Cumpleaños

Hoy es mi cumpleaños. 38 años. Vine al mundo madrugador, cuando el día llevaba hora y media en marcha, más o menos, creo que un poco más que menos, ahora no me acuerdo bien. Y enseguida empecé a dar guerra. Desde entonces aquí han pasado muchas cosas: de las más lejanas en el tiempo tengo un recuerdo fotográfico, casi exacto; sin embargo, apenas recuerdo cosas de la década que va de los 20 a los 30, por ejemplo, a no ser que algo concreto me haga decir, ah sí, fue por aquel entonces.

Este es el tercer cumpleaños que paso en el blog y el octavo que paso fuera de casa, porque un año me dio por regalarme ese día para mí y, de paso, regalarme alguna cosilla. Hoy me marcharé temprano pero volveré después de comer porque me hace ilusión que me tiren de las orejas mis sobrinos a la salida del cole. Por la noche cenaré con mi hermano y ya faltará menos para el 39. Qué cosa. Desde hace unos cumpleaños no me identifico con el número que me toca. En realidad siempre he tenido un problema con ese asunto. De niño tenía una visión de la vida unos años por delante y ahora hay veces que pasa al revés y por eso cuando pienso que tengo 38, cosa en la que vengo pensando exactamente desde hace 8 minutos y medio, pues se me hace raro, como si el 38 no fuera mi número o mi talla.

Leches! Me acaba de felicitar por sms la señorita Amapola, la del Cluedo, lo juro! ¿Dónde habrá conseguido mi número?

Reparto

La “Pasión según San Juan” de Bach permanece a la sombra de su hermana mayor, la “Pasión según San Mateo”. Pero allí se está muy a gusto, la verdad. Dice Albert Schweitzer que Bach “comenzó a escribirla antes de haber establecido un plan de conjunto, agregando simplemente un trozo al otro” pero no añade que dentro de cada uno de esos trozos encontramos infinidad de primores. Es Harnoncourt quien observa que aquí Bach “utilizó por primera vez en una obra eclesiástica todas las sutilezas del estilo del concierto y de la instrumentación que había desarrollado y probado en su etapa de trabajo en Köthen“. A Harnoncourt le veo mucho últimamente dirigiendo esta Pasión en una grabación de 1985 recogida en dvd (Deutsche Grammophon) acompañado por un elenco encabezado por un genial Kurt Equiluz como Evangelista y con esa plantilla llena de figuras, verdadero Dream Team coral, que defendía los colores del Tölzer Knabenchor a mediados de los 80.

Entre mis (muchos) momentos preferidos de esta obra, se encuentra esta Fuga en permutación que entona vigorosamente el coro tras la crucifixión de Jesús. Es el texto el que da sentido a esta breve construcción musical y a su vez es la música la que ilumina soberbiamente al texto. Eso es Bach. El pasaje dice lo siguiente:

Evangelista: Y los soldados que habían cruficado a Jesús cogieron sus ropas e hicieron cuatro partes, una para cada uno de los soldados, y entre ellas, su túnica. Pero la túnica no estaba cosida, pues era de una sola pieza de arriba abajo. Entonces dijeron entre ellos:

Soldados (Coro): No la cortaremos en pedazos sino que echaremos a suerte de quién debe ser”

La fuga que entona el coro representa el sorteo de la túnica entre los cuatro soldados de manera que la prenda pasa por cada una de las manos (voces) hasta que se supone es asignada a un ganador. La fuga en permutación sin episodios es un procedimiento canónico especial en el que el sujeto (melodía) está diseñado de manera que cada compás tenga un perfil propio que le distinga de sus compañeros y lo haga fácilmente reconocible al oído. Echemos un vistazo:

El compás 1 está compuesto por valores uniformes:

El compás 2 rompe la regularidad por medio de síncopas a contratiempo:

El compás 3 recupera la uniformidad rítmica del compás primero pero se distancia de éste trazando un arco melódico:

El compás 4 apuesta por aumentar el dinamismo:

El compás 5, finalmente, introduce figuras de negra que marcarán el pulso general en el transcurso del caleidoscopio imitativo:

Esta melodía de 5 compases sobre las palabras de los soldados “No la cortaremos en pedazos sino que echaremos a suertes de quién debe ser” pasa en imitación por todas las voces desde el registro grave al agudo:

Y viceversa:

E incluso algunas de las tandas de esta “rifa” empiezan a contar a partir de los registros intermedios (por ejemplo, en la sucesión tenor, contralto, soprano y bajo) de manera que la melodía muestra su validez para ser tratada en contrapunto invertible en todas las disposiciones posibles. Es un ingenioso juego compositivo que tiene una traducción musical deliciosa que invita a escucharlo una y otra vez. Y lo más importante, da pleno sentido al texto que acompaña enriqueciéndolo desde diversos ángulos (literal, expresivo y dinámico).

He aquí la interpretación:

J.S. Bach: Pasión según San Juan, Coro: “Lasset uns den nicht zerteilen”. Grabación: Junio de 1985.

Cluedo

Cluedo

Esta noche voy a jugar al Cluedo con los vecinos.

La historia de este misterio se remonta al otro día. Ya había empezado a bajar los peldaños de la escalera cuando los vecinos dijeron desde la puerta que a ver si quedamos a cenar una noche de estas y yo les respondí que podíamos jugar una partida al Cluedo. La vecina se echó a reir de la ocurrencia pero como me conoce bien supo que iba en serio y dijo entonces que sí, sí varias veces, como si también le hubiera entrado a ella de repente el gusanillo de jugar al Cluedo de noche, lloviendo a poder ser (si no la imaginación hará que llueva) y con sus habitaciones y pasadizos secretos, el sobre negro del enigma, el candelabro, la señorita Amapola y las hojitas de apuntar pistas celosamente. Con todo eso. En un insomnio de los últimos me vino de repente el Cluedo a la cabeza, qué cosas, ese es otro enigma, qué ocurre para que en mitad de un insominio surja el tablero del Cluedo cuando no se frecuenta desde hace veinte años lo menos. Ni idea. Pero desde aquella noche me entró el apetito del Cluedo y lo llevé en silencio unos días hasta que lo dejé caer en la escalera de la casa de los vecinos y ella dijo que sí, sí y el vecino que también. Y esta mañana me han enviado un sms con la invitación a cenar y un crimen a los postres. Quién puede resistirse a eso.

Convalecencia

José SaramagoSon cosas que pasan, que tienen que pasar un día u otro, pero eso no quiere decir que después de la cena un periódico ojeado con retraso nos haga decir vaya, mira, Saramago está ingresado en un hospital. Aquí pone que arrastraba una neumonía desde Noviembre pero que se agravó con una insuficiencia respiratoria y el redactor deja caer de golpe los 85 años del escritor en el punto exacto de la frase donde las palabras adquieren un matiz de reserva. Dice la noticia que está estable. Y que le está cuidando Pilar, claro. Habría que preguntarle a los médicos si se espera la llegada del italiano, que a Blimunda confortó en la enfermedad con suave y blanda música; que le llamen, quizá esté entretenido con el jesuíta en una de esas conversaciones a la que ambos se entregan olvidando la hora y los minutos del reloj. Que le llamen a la mujer del médico si no, que esta noche de vigilia los ciegos no se quedarán ciegos.

El narrador esta noche descansa. Doña Ana reza a sus santos con siseos piadosos y el funcionario de la Conservaduría General registra afanosamente los nombres mientras el extremo de un hilo rodea su tobillo y el otro está amarrado a la pata de la cama de un hospital, basta un movimiento leve para que los cuidados todos vuelen hacia allá. El doctor Ricardo Reis pasea por la minúscula habitación del Hotel Bragança y el alfarero no trabajará hoy para no hacer ruído. Eso no lo dice la noticia del periódico pero lo sabemos nosotros de sobra.

Todavía no, don José.

Promesa

Iba Gloria-hija esta mañana por la acera a toda prisa porque buscaba una revista de arquitectura de interiores pequeños y un par de segundos antes de hacerle así con la mano porque si no la tía pasaba de largo, aún me ha dado tiempo para confirmar que, así como Gloria-madre tiene ese punto medio entre Mia Farrow y Diane Keaton pues Gloria-hija es Keaton total. Gloria-hija no tiene nada de Mía, es muy suya, y esta mañana bajo un cielo al que le faltaba un nada para dejar caer esta lluvia que ahora cae, defendía vehementemente en mitad de la acera la necesidad de una publicación sobre arquitectura de interiores pequeños. Llevaba puesta una gabardina negra de estas modernas, tan modernas que no se sabe si es gabardina o no, y la prenda se movía inquieta como su dueña, que me miraba con los ojos muy abiertos mientras oteaba el horizonte en busca de alguna arquitectura en forma de revista.

Después de los besos y el cuánto tiempo y todo eso se ha llevado los dedos a la barbilla en un gesto muy suyo (ya hemos quedado en que no es Mía) como de buscar en la memoria, y me ha preguntado si la última vez que nos vimos no llevaba yo la barba rubia. Y yo: rubia? la barba? Y ella: sí, no?. Y yo: qué va. Y ella: seguro? Y yo: seguro. Y ella: pues fíjate que me parecía que era rubia, o más clara, no sé. Y yo: pues no, lo que pasa es que ahora la llevo más crecida, será eso. Y ella: pues será. Oye y no sabrás tú dónde venden revistas de arquitectura de interiores pequeños? Y con ésto ya nos hemos puesto en antecedentes y volvemos donde lo habíamos dejado.

Me ha asegurado Gloria-hija, aunque yo le he respondido que ya no me creo nada de nada y ella ha insistido tapándose la risa que se le escapaba por la comisura derecha de los labios, que me promete que igual para marzo vuelve a dar unas clases de piano. Quede constancia aquí de esta promesa tan no sé cómo decirlo, tan suya, sí, quede constancia aquí porque la ha repetido hasta dos y tres veces ante mi impasible gesto de escepticismo. No obstante ha sido un placer encontrármela esta mañana.

Ambar

Desde que volviera con fuerzas renovadas esta ansiedad, hace ya dos días, la cosa se ha nublado bastante y me he quedado quieto. La ansiedad paraliza. Cierto que he escrito y escribo en el blog, y que esta mañana he tenido clase con Esther, y que dentro de un rato la tendré con el vecino, sí, todo eso es cierto, pero los huecos entre esas cosas están vacíos y, al mismo tiempo, llenos de esa desazón que ni va ni viene, está y punto. Tengo al médico siguiéndome los pasos al teléfono, preocupado el hombre, llámame mañana por la mañana, te llamaré por la tarde a ver, es que ha introducido en la dieta medicamentosa un sutil ansiolítico y quiere ver qué tal, dice que a ver si por lo menos el sutil ansiolítico hace que vuelva a pillar el ritmo del compás y la concentración; veo que a este médico le preocupa eso, que me concentre, debe considerarme un intelectual o algo así, si no no me lo explico.

A ver si el ansiolítico hace sutil efecto y el buen hombre se queda tranquilo; si no me voy a sentir fatal. Esto lo oyen los allegados, lo de que a ver si al menos con el ansiolítico el médico se queda tranquilo y dicen que si eso son cosas de mi humor o que si lo digo en serio. La verdad es que ya no me acuerdo de si lo digo en serio o no pero de cualquier manera si el hombre se queda tranquilo pues mejor. En cuanto a lo mío empiezo a ser escéptico al respecto pero lo que está claro es que entre la clase de esta mañana y la de esta tarde, hay un vacío intranquilo que me paraliza. Ayer igual. En las clases estoy bien porque consigo centrar el pensamiento en lo que hago, que no es poco, y aunque Esther ha empezado a atender mis explicaciones asomando los ojos por encima de los cristales de las gafas, señal de que está pendiente y no precisamente de la modulación que nos ha plantado Beethoven sin avisar, luego se ha puesto las gafas bien y hasta hemos tenido entre manos una elipsis ingeniosa en la recapitulación de una sonata. Buena señal. Lo que pasa es que después de la clase la luz verde se pone en ámbar. Al menos tecleando ésto sigo dejando huellas de lo que me pasa en este mapa caótico para poder revisarlo el día de mañana. Cuando haya pasado todo? Ojalá.

Ejemplo

Como la mayoría de los lectores, empiezo a leer el periódico desde el final y en este País remodelado que no termina de encajarme, no sé, hay un hueco a la mitad que desconecta esta parte del final con la del principio, en fin, eso es otro tema, pues en este País remodelado, decía, aparece en primer lugar, es decir, en último, una sección que para un observador de detalles como yo resulta altamente estimulante. Se trata de la sección “Almuerzo con…” y en ella, como es de suponer, alguien de la casa se va a un restaurante a comer con alguien famoso y entre plato y plato se hace une entrevista. La entrevista, por lo general, es lo de menos. Digamos que la entrevista es el pretexto para ese recuadrito que reclama nuestra atención y donde se nos informa, detalladamente, del lugar elegido, los platos consumidos y su precio, el unitario y el total. Es fascinante porque estos menús dan la medida de muchas cosas. Por ejemplo, el de hoy.

En el almuerzo del ejemplar de hoy el que se va a comer por ahí es José Andrés, cocinero de la tele entre otros restaurantes. Le acompaña John Carlin y van a la “Tasquita de Enfrente”. No se especifica qué cosa hay enfrente de esta tasquita pero al menos sabemos que está en Madrid. Pues bien, menos mal que han elegido una Tasquita porque el tío, que para colmo parece insinuarnos en la foto las propiedades saludables de la manzana (en la edición en papel estratégicamente colocada además para tapar la papada, en la digital no) se zampa un menú de 201 euros. Es evidente que John Carlin algo comerá el hombre, pero por el texto que acompaña al almuerzo no parece que mucho. Hay para comer guiso de ibérico con alcachofa, calamares de potera a la romana perfumados, tartar de ventresca con caviar y anchoa, gamba roja con cuscus de ajo, espardeñas, berberechos con sake y salicornia, amanita cesarea, raya mantequilla negra, pannacota de trufa, borracho al ron y para que todo pase sin dificultad por el gaznate, vino Belondrade y Lurtón.

Buen provecho.

Es evidente por la corpulencia del cocinero que comidas como ésta no serán excepcionales y el hombre es dueño y señor de tragar lo que le de la gana, faltaría más. Pero los señores de los cereales o los yogures o los que sea que le pagan para anunciar la moderación y prevenir de lo cardionosequé cuidando el colesterol y el sobrepeso, promoviendo de paso la dieta sana y equilibrada, a buen seguro habrán comprendido que el tal anuncio ha perdido la mucha o poca credibilidad que tenía.

Dice John Carlin a los postres que el cocinero salió de la Tasquita directo a Barajas para coger el vuelo de las 5 a Nueva York donde aterrizaba, hora local, a las 6 para irse directamente a una cena promocional. Es de suponer que se habría llevado unas barritas de cereal para entretenerse durante el viaje.

Resonancia

Esta mañana me han hecho dos resonancias magnéticas en el hospital. Una cerebral y otra de cervicales. No es habitual hacer las dos juntas pero como se preveían problemas han decidido ir a por todas. Qué tíos. Los problemas vienen porque mi lesión cervical no me permite permanecer tumbado en posición horizontal ni siquiera un segundo si no es con el apoyo de una almohadilla que eleve un poco la cabeza y en la resonancia hay que estar así (sin almohadilla) unos 40 minutos de nada y sin mover un músculo. Si te ponen una almohadilla el rayo o lo que sea pues no alcanza y la imagen resultante es defectuosa. Voy a ahorrarme los detalles de cómo lo han conseguido (qué coño, voy a incluirme: lo hemos conseguido). Sólo decir que al final se me habían paralizado las extremidades y que al incorporarme la habitación ha empezado a girar a las revoluciones de un single. Ha dicho la doctora que se nota que estoy acostumbrado a sufrir porque he resistido la prueba sin problemas. Siempre que me dicen eso me siento un poco heroína de culebrón venezolano, luego me visto o lo que sea y salgo, por aquí?, sí, sí, ahí está la puertica. Adios. Adios.

Dicen que la resonancia no tiene efectos sobre el organismo pero estando ahí dentro el pensamiento se esparcía formando auroras boreales y estando fuera (pero varias horas afuera) ha empezado a funcionar por su cuenta el motor de la ansiedad metiéndole caña al cuerpo, lo que pasa es que el cuerpo está muy cansado y prefiere quedarse en casa. En resumidas cuentas, la historia de siempre. Qué paciencia.

Contraposiciones

Así suenan los 8 primeros compases de la Sonata para piano Nº 18 de Beethoven:

Click aquí para escuchar. mp3, 16 seg. 250k.

De manera frecuente, en Beethoven, a un pasaje notable le sucede otro sorprendentemente trivial y convencional. El resultado en ocasiones nos desconcierta. Charles Rosen suele decir que ese es precisamente un rasgo característico del estilo de Beethoven y que con ello persigue “crear un contraste dramático y un espléndido toque de ironía”. En esta Sonata, la creciente tensión y la incertidumbre tonal del pasaje inicial,

Beethoven Sonata 18_1

queda súbitamente resuelta por una cadencia convencional:

Beethoven Sonata 18_1

Con ella queda instaurado el orden aunque quizá al oído, ahora cómodamente asentado en la obra, le quede una sensación frustrante. Vamos a investigar.

Beethoven persigue dos objetivos en los 6 primeros compases de esta Sonata. El primero de ellos consiste en presentar claramente el minúsculo motivo de tres notas que va a protagonizar la obra. Eso justifica la inmediata repetición del mismo en el compás 2. A partir de ahí, el objetivo es crear una tensión creciente que genere expectación. Los acordes insistentemente percutidos en el registro grave a lo largo del compás 3 desembocan en un acorde inestable que ocupa todo el compás siguiente. Esta inestabilidad y la incertidumbre tonal obligan a proseguir la marcha.

Beethoven Sonata 18_1

Junto con la progresión armónica cobran especial importancia las indicaciones dinámicas anotadas por Beethoven: el crescendo del compás 4 enfatiza la culminación de una primera meta y al mismo tiempo revela su condición inestable (se trata de un acorde disminuído). Las expectativas de reposo tendrán que esperar. Por su parte, el ritardando que se prolonga hasta el calderón incide en la idea de una ascensión cromática lenta y dificultosa.

Todo conspira para crear uno de los comienzos más enigmáticos y deliciosamente inestables de Beethoven… que se va a venir abajo de golpe. Un compás y un pellizco del siguiente van a ser suficientes para desmontar, con indisimulado descaro, la trama anterior. Brevedad, concisión armónica, tempo rápido y ornamentación melódica contra extensión, densidad armónica, tempo contenido y sobriedad temática. En eso consiste la oposición de elementos que ha ideado Beethoven. Cierto es que este sorprendente giro cadencial de última hora va a marcar la pauta de una Sonata que es esencialmente luminosa, y así lo atestigua la posterior reaparición del material temático que fluye ahora sin ataduras:

Click aquí para escuchar. mp3, 11 seg. 180k.

Con todo, esta contraposición de elementos es resuelta al final de manera maravillosa al incluir Beethoven un breve tema conclusivo que es una versión suavizada del tema inicial:

Beethoven Sonata 18_1

Click aquí para escuchar. mp3, 8 seg. 130k.

Los dos compases que necesitaban anteriormente el motivo principal y su repetición son ahora ocupados por una versión abreviada en dos blancas que representan el salto interválico descendente característico de dicho motivo. Además, el giro cadencial ha disminuído su ímpetu unificando sus valores en corcheas y suavizando el contorno de su perfil melódico.

Reyes

Desde que me enteré de que lo de los Reyes Magos es un camelo no tengo regalos en este día. Sin embargo, respecto a Papá Noel no se me ha comunicado nada al respecto de manera oficial, que es como se tienen que hacer estas cosas, oficialmente; cierto es, absurdo sería negarlo, que cosas se han oído por la tele y tal pero a mí no se me ha dirigido nadie con cara de ha llegado el momento hijo mío así que, a punto de cumplir 38 años, yo hago como si nada y de esa manera sigo recibiendo algún que otro regalo la noche de Navidad. Otro disgusto de estos y no sé yo porque todavía tengo un regusto amargo del otro.

El día aciago que descubrí la cruda realidad pasaron dos cosas: que perdí la inocencia para siempre y de paso le devolví a mi madre todos los regalos, tendrían unos veinte días de uso pero se los devolví todos y todo digno. A falta de papel de envolver se los devolví entre lágrimas ante la sonrisa consoladora de ella primero y después una cara seria al ver que yo iba en serio. Y cómo. Yo lloraba con un desconsuelo terrible devolviendo los juguetes en los que había puesto mis ilusiones de los últimos meses y, para colmo, me pesaba por dentro lo caros que habrían resultado para el bolsillo de mis padres así que tenía un cargo de conciencia añadido muy gordo.

Tal era mi desconsuelo que mi madre se agachó para ponerse a mi altura y allí, enfrente de mí, limpiándome con la mano las lágrimas y las babas de una boca balbuceante, dejó los juguetes a un lado y me dio un abrazo como de niño que todavía cree en la magia de las cosas y no de quien acaba de llevarse el soponcio más grande de su vida, y mientras mi madre me decía palabras para consolarme con tono de madre que acuna me entró por momentos esa somnolencia beatífica como de anestesia maternal pero enseguida recordé que las cosas ya no iban a ser las mismas y me agarré un cabreo de camello de Oriente por lo menos y mi madre tuvo que llamar a mi padre solicitando refuerzos.

Se comprenderá por tanto que desde entonces no asista a ninguna Cabalgata de Reyes. Ni siquiera me asomo a verlas y eso que pasan por delante de casa. No las veo por ética y por estética. Lo segundo porque una vez cedí a mis principios y me encontré con la Carroza de ET el extraterrestre entre adornos de papel de aluminio de los de envolver bocadillos y casi me da una lipotimia. Y lo primero porque me niego a asistir al espectáculo organizado a mayor gloria de esos tres impostores que agitan impunes las manos. Y ver esas caritas de ilusión y saber cómo se quedarán algunas de ellas de aquí al próximo año. Yo es que siempre tiro a fatalista, sobre todo en este tema. Bueno, y en los demás también. Todo lo anterior no quita para que haya asistido hace un rato al descubrimiento de los regalos que los Reyes Magos han dejado en casa para mis sobrinos. Yo como que no sabía nada aunque dejé el balcón abierto, claro, y las zapatillas, claro, y el plato con algo de leche, sí, claro.

Desde que supe que lo de los Reyes Magos es un camelo no tengo regalos en este día pero el hombro de mi madre todavía ha tenido que recoger alguna lágrima de las que escuecen. Siempre queda algo de las cosas perdidas.