Reto 26 enero, 2008
Escrito por emejota en : Música , 4 comentarios , trackback
Daniel Barenboim ha frecuentado la integral de las Sonatas de Beethoven a lo largo de su carrera. La última tenÃa un aliciente extra: hacerlo en directo con las cámaras de televisión de testigo. Barenboim ya lo habÃa hecho frente a un público sin cámaras y ante unas cámaras sin público (recordemos la serie de programas de televisión de los ochenta en los que cada sonata era interpretada en un salón palaciego distinto). Pues ahora todo junto: público y tele en directo. Sin red. Todo un reto.
Supongo que a ciertas alturas de una carrera como la de Barenboim este tipo de estÃmulos son necesarios, sobre todo cuando uno ya lo ha tocado y dirigido todo varias veces. En el caso de un artista como Barenboim, no se trata de un alarde que busca la atención de una audiencia porque Barenboim es un mito viviente liberado de audÃmetros. Se trata, más bien, de un reto personal, algo entre la música y el músico, entre esta música y este músico, cuya relación ha crecido y madurado con el tiempo y necesita reencontrarse. Y aquà es cuando la cosa empieza a resultar estimulante también para el oyente que conoce y reconoce la personalidad de Barenboim como músico de los pies a la cabeza.

Las 32 sonatas de Beethoven fueron distribuÃdas entre 8 conciertos celebrados entre el 17 de Junio y el 6 de Julio de 2005 en BerlÃn y recientemente han salido en un pack de dvd´s distribuÃdos por EMI Classics. Ese fue mi regalo de Navidad, es decir, el que me suelo hacer a mà mismo. Mientras esperaba su llegada no sabÃa qué me producÃa mayor curiosidad: si los 8 recitales o la serie de clases magistrales incluÃdas en el pack en las que Barenboim habla sobre aspectos esenciales de algunas de estas sonatas con alumnos de la talla de Lang-Lang. Ahora que lo estoy disfrutando, y mucho, todavÃa no lo sé: ambas cosas son un tesoro inagotable de riquezas. La sabidurÃa musical de Barenboim, que es enorme, sale a relucir tanto en el diálogo apasionante con sus alumnos como en el diálogo interior que tiene lugar en el concierto.
Todo está muy cuidado de antemano, de hecho, la dirección musical de la serie de programas está a cargo del propio Barenboim. En los conciertos en directo, la fotografÃa es ambarina y la distribución de las cámaras ha sido cuidadosamente planificada para no distorsionar la atmósfera del concierto y no convertir el recital en directo en un programa de televisión con público.

El resultado es muy sorprendente porque en pocas ocasiones habÃa tenido una sensación de “directo” con tanta intensidad a través de una pantalla. Se tiene la sensación de estar asistiendo por momentos a un duelo: ahora la música retando a Barenboim, ahora Barenboim llevando las riendas de la construcción sonora de estas imponentes estructuras musicales. En ambos casos, Barenboim luchando. Y este Barenboim que vuelve a las Sonatas con la sabidurÃa y la serenidad de la edad y la experiencia, resulta increÃblemente humano, muy lejos del Barenboim hierático de las anteriores grabaciones para televisión. Aquà vemos a un Barenboim que toma sus precauciones a la hora de abordar ciertas cumbres y que muestra su plena autoridad sobre otras; a un Barenboim cuyos dedos desgranan primores y también a un Barenboim en apuros. El maestro sufre, sÃ, y es alucinante asistir a esa batalla Ãntima en la que las manos buscan y conquistan lo que en realidad no está fuera sino que es arrancado y modelado desde dentro. Grande.