Contar 20 enero, 2008
Escrito por emejota en : Cine, Libros , 10 comentarios , trackbackSoy Leyenda. Yo no, sino Richard Matheson (Nueva Jersey, 1926) el escritor y guionista. Además de haber escrito una novela con ese tÃtulo lo podrÃa decir también de sà mismo: soy leyenda. Si no, que le pregunten a Roger Corman, Stephen King y un largo etcétera. A Matheson igual no se le conoce por el nombre pero todo el mundo conoce alguna de sus obras. Y lo más probable es que sea más de una. “El increÃble hombre menguante”, la peli de los 50, por ejemplo; pues está basada en una novela suya. “El diablo sobre ruedas”, de Steven Spielberg; pues está basada en un relato suyo. En ambas el guión también está firmado por él, si la memoria no me falla. Hay más, pero hoy toca “Soy Leyenda”, maravillosa novela recientemente reeditada con motivo de la versión cinematográfica protagonizada por Will Smith.
No sé qué es lo que más envidio de Matheson: su imaginación o su maravillosa habilidad para contar. En realidad sà lo sé: es lo segundo. Admiro al Matheson narrador que imagina a un personaje llamado Robert Neville y carga sobre sus espaldas toda una novela. Porque Robert Neville está solo y no; en realidad es el único superviviente de una epidemia que ha convertido en vampiros a toda la humanidad y compartimos sus penurias y su aislamiento y combatimos con él el acoso que sufre durante muchas páginas, exactamente desde Enero de 1976 hasta principios de 1979. Inventar una historia asà y hacerla verosÃmil es un arte. Hacerla rodar lÃnea tras lÃnea en suave deslizamiento es una gozada. Y el capÃtulo 13, concretamente ese capÃtulo, el capÃtulo en el que hace aparición el perro, que es casi como otra novela dentro de la novela, es para quitarse el sombrero.
“Soy Leyenda” la imagino en ese blanco y negro de pelÃcula de Serie B de los 50 y a su personaje lo visualizo como un actor de esas pelÃculas viviendo en una casa de los suburbios de aquella época, con las paredes empapeladas en papel de flores, una escalera empinada que baja del primer piso hasta la puerta, una tele muy mamotreto en el salón (amplio) y un porche de madera. Y como quiero que asà siga siendo pues no me he acercado a ver a este Robert Neville en la piel de un Will Smith transitando las calles de esta mañana, como quien dice, con rascacielos de fondo; y lo que he hecho en su lugar ha sido ponerme a releer la novela, que se lee de un tirón o dos, y trae de regalo, gratis, el capÃtulo 13.
(Una semana más tarde el perro habÃa muerto)