Ambar

Desde que volviera con fuerzas renovadas esta ansiedad, hace ya dos días, la cosa se ha nublado bastante y me he quedado quieto. La ansiedad paraliza. Cierto que he escrito y escribo en el blog, y que esta mañana he tenido clase con Esther, y que dentro de un rato la tendré con el vecino, sí, todo eso es cierto, pero los huecos entre esas cosas están vacíos y, al mismo tiempo, llenos de esa desazón que ni va ni viene, está y punto. Tengo al médico siguiéndome los pasos al teléfono, preocupado el hombre, llámame mañana por la mañana, te llamaré por la tarde a ver, es que ha introducido en la dieta medicamentosa un sutil ansiolítico y quiere ver qué tal, dice que a ver si por lo menos el sutil ansiolítico hace que vuelva a pillar el ritmo del compás y la concentración; veo que a este médico le preocupa eso, que me concentre, debe considerarme un intelectual o algo así, si no no me lo explico.

A ver si el ansiolítico hace sutil efecto y el buen hombre se queda tranquilo; si no me voy a sentir fatal. Esto lo oyen los allegados, lo de que a ver si al menos con el ansiolítico el médico se queda tranquilo y dicen que si eso son cosas de mi humor o que si lo digo en serio. La verdad es que ya no me acuerdo de si lo digo en serio o no pero de cualquier manera si el hombre se queda tranquilo pues mejor. En cuanto a lo mío empiezo a ser escéptico al respecto pero lo que está claro es que entre la clase de esta mañana y la de esta tarde, hay un vacío intranquilo que me paraliza. Ayer igual. En las clases estoy bien porque consigo centrar el pensamiento en lo que hago, que no es poco, y aunque Esther ha empezado a atender mis explicaciones asomando los ojos por encima de los cristales de las gafas, señal de que está pendiente y no precisamente de la modulación que nos ha plantado Beethoven sin avisar, luego se ha puesto las gafas bien y hasta hemos tenido entre manos una elipsis ingeniosa en la recapitulación de una sonata. Buena señal. Lo que pasa es que después de la clase la luz verde se pone en ámbar. Al menos tecleando ésto sigo dejando huellas de lo que me pasa en este mapa caótico para poder revisarlo el día de mañana. Cuando haya pasado todo? Ojalá.

6 pensamientos en “Ambar

  1. crishu

    El otro día me planteé si hacer un estudio sobre por qué sólo he oído a dos músicos lo de que les inquieta que les mires por encima de las gafas y contigo van tres, así que sí, quizás sea de estudio,jeje.
    (es que yo también miro así…a veces).

    Respecto a lo de la ansiedad, no hay mejor cosa que hacer otra cosa ;)

    Beso /abrazo

  2. Anónimo

    Hace unos años fui al museo de la música en Viena. En la sala dedicada a Beethoven, hay una pared con 5 “trompetillas”. Vas caminando a lo largo de la pared, cogiendo las trompetillas y poniendotelas en el oido. Este sistema sirve para ponerse en la piel del maestro, y sentir lo mismo que podía sentir él oyendo su propia música a medida que aumentaba el grado de su sordera.

    Cuando te ponías la quinta trompetilla, practicamente sólo oías un murmullo musical, cómo si alguien tocara música a 1 kilometro de tu casa. Apenas nada. Y en esa situación, Beethoven compuso y “oyó” la septima y novena sinfonías.

    A la mayoría, la ansiedad, el miedo, o la soledad nos deja inmóviles. A otros (a muy poquitos, eso sí es verdad…) les da la fuerza para escribir una sinfonia…

    Me ha encantado tu explicación del lunes sobre los contrastes tonales de Beethoven. Gracias.

  3. C.

    Yo también conozco el efecto-clase sobre la ansiedad. Cuesta ponerse en situación, pero cuando todo acaba uno se da cuenta de que el anzuelo ese que se clava en el pecho se ha aflojado, y hasta se ha soltado, si a la concentración se ha unido un poco el alma. Se nota por la sensación de que vuelve a engancharse, claro.

    El problema es que el día tiene muchas horas, y algunos una cabecita que no para, y unos pocos, además, tienen motivos.

    Pero pasará, Mariano, ea…

  4. toni

    es complicado sentir el vacío. porque ocupa tanto espacio que no deja sitio para nada más. además, tiene una membrana casi irrompible que lo recubre, para que no dejar entrar ni un suspiro. según los expertos, la única forma de acabar con él es usando una aguja. el truco está en hacele un agujero muy pequeño y esperar. hay que pinchar muy despacio, para que no explote (las consecuencias serían terribles), y dejar que la membrana se deshinche y el vacío salga un poco hacia fuera y viaje por lugares que ahora no vienen a cuento. no se trata de hacer un agujero para poder llenarlo, sino de que se vaya vaciando despacio y deje un sitio que se llene de aire y de tiempo y de ánimo y de música, aunque sea a través de una trompetilla. ánimo.

  5. Rachel

    mientras una partida de cluedo puede aliviar aunque me parece que el asesino será el mayordomo o ¿no lo es siempre?.

    (un abrazo)

  6. emejota Autor

    Umm, bueno, también puede ser la señorita Amapola con la llave inglesa. Hay que investigar… :)

    (otro)

    Has hecho una descripción exacta, toni: el vacío ocupa tanto espacio que no deja sitio para más. Y lo de la membrana, y el agujero pequeño y esperar (y desesperar). Y el ánimo final se te agradece mucho. Hoy estoy mejor.

    La cabecita también pone lo suyo, C, es verdad. Pero a veces sin que el dueño de la cabecita lo quiera. Eso es lo malo. Es como querer cambiar de canal y no encontrar el mando a distancia. No sé si se ha unido hoy el alma pero desde el mediodía hay calma; la calma debe ser la cabeza sumada al alma: calma. Así que estoy tecleando bajito para no hacer mucho ruido, ea.

    Hola anónimo: vengo de hacer una incursión por el primer movimiento de Los Adioses que va a ser la próxima excursión a la que voy a invitar a mi alumna y paso yo antes por ahí para ver qué tal el tiempo y eso. Y es un misterio lo de Beethoven, sí; es como si se metiera muy adentro de lo que hace. Me alegro que te haya gustado lo de los contrastes, me gusta compartir estas cosas, pero reconozco que no me prodigo.

    Crishu: pero a mí no me inquieta que me mire por encima de las gafas, al contrario, es reconfortante porque esa mirada es de cercanía y de preocupación e interés por uno.

    (a veces, si la ansiedad es fuerte, no se puede hacer otra cosa, pero parece que ya pasó)

    Un abrazo!

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