Reyes

Desde que me enteré de que lo de los Reyes Magos es un camelo no tengo regalos en este día. Sin embargo, respecto a Papá Noel no se me ha comunicado nada al respecto de manera oficial, que es como se tienen que hacer estas cosas, oficialmente; cierto es, absurdo sería negarlo, que cosas se han oído por la tele y tal pero a mí no se me ha dirigido nadie con cara de ha llegado el momento hijo mío así que, a punto de cumplir 38 años, yo hago como si nada y de esa manera sigo recibiendo algún que otro regalo la noche de Navidad. Otro disgusto de estos y no sé yo porque todavía tengo un regusto amargo del otro.

El día aciago que descubrí la cruda realidad pasaron dos cosas: que perdí la inocencia para siempre y de paso le devolví a mi madre todos los regalos, tendrían unos veinte días de uso pero se los devolví todos y todo digno. A falta de papel de envolver se los devolví entre lágrimas ante la sonrisa consoladora de ella primero y después una cara seria al ver que yo iba en serio. Y cómo. Yo lloraba con un desconsuelo terrible devolviendo los juguetes en los que había puesto mis ilusiones de los últimos meses y, para colmo, me pesaba por dentro lo caros que habrían resultado para el bolsillo de mis padres así que tenía un cargo de conciencia añadido muy gordo.

Tal era mi desconsuelo que mi madre se agachó para ponerse a mi altura y allí, enfrente de mí, limpiándome con la mano las lágrimas y las babas de una boca balbuceante, dejó los juguetes a un lado y me dio un abrazo como de niño que todavía cree en la magia de las cosas y no de quien acaba de llevarse el soponcio más grande de su vida, y mientras mi madre me decía palabras para consolarme con tono de madre que acuna me entró por momentos esa somnolencia beatífica como de anestesia maternal pero enseguida recordé que las cosas ya no iban a ser las mismas y me agarré un cabreo de camello de Oriente por lo menos y mi madre tuvo que llamar a mi padre solicitando refuerzos.

Se comprenderá por tanto que desde entonces no asista a ninguna Cabalgata de Reyes. Ni siquiera me asomo a verlas y eso que pasan por delante de casa. No las veo por ética y por estética. Lo segundo porque una vez cedí a mis principios y me encontré con la Carroza de ET el extraterrestre entre adornos de papel de aluminio de los de envolver bocadillos y casi me da una lipotimia. Y lo primero porque me niego a asistir al espectáculo organizado a mayor gloria de esos tres impostores que agitan impunes las manos. Y ver esas caritas de ilusión y saber cómo se quedarán algunas de ellas de aquí al próximo año. Yo es que siempre tiro a fatalista, sobre todo en este tema. Bueno, y en los demás también. Todo lo anterior no quita para que haya asistido hace un rato al descubrimiento de los regalos que los Reyes Magos han dejado en casa para mis sobrinos. Yo como que no sabía nada aunque dejé el balcón abierto, claro, y las zapatillas, claro, y el plato con algo de leche, sí, claro.

Desde que supe que lo de los Reyes Magos es un camelo no tengo regalos en este día pero el hombro de mi madre todavía ha tenido que recoger alguna lágrima de las que escuecen. Siempre queda algo de las cosas perdidas.

6 pensamientos en “Reyes

  1. La ciclotímica de Marina's mom después de un día de Reyes emocionante

    Caray. Me dejas de piedra. Yo no me traumaticé por ello… la verdad es que ni siquiera me acuerdo de cómo me enteré. Seguramente por mi hermano, que es casi un año mayor que yo y siempre ha sido listillo. El caso es que sí recuerdo que durante un tiempo pues no me hacía mucha cosa eso de dejar los zapatos, pero luego, con los años y cuando empiezas a poner tú tus cositas a otros te vuelves a acostar con ilusión por la sorpresa del día siguiente (las caras de los otros y la tuya, claro). En el fondo, es una forma de decirse “te quiero y he pensado en tí” muy especial. Ahora que tengo dos renacuajillas no veas cómo me lo paso. Y la Cabalgata, es lo que es, pero no veas lo bien que se lo pasó la mayor con Melchor… Ayer estuve hasta las 2 de la mañana montando una tienda de Pocoyó, con la cosa de que a ver si la mayor me pillaría in fraganti. Me da pena que un día descubran la verdad, pero mientras dure… sus caras son imborrables y lo de esta mañana al ver la tienda ha sido indescriptible. No sé si disfrutamos más los adultos con ellos que otra cosa. Para mí la magia de la Navidad es eso, el que todo empieza de nuevo, el que todo es posible y, sobre todo, el amor. Y la vida, aunque con muchos tragos amargos, también tiene mucho de eso (menos mal) y es importante transmitirlo. Mis Navidades las recuerdo así y ése es el recuerdo que quiero que tengan mis niñas también. Un beso y no pierdas nunca la ilusión, deja los zapatos… ¡¡¡nunca se sabe!!! (En fin, creo que hoy estoy de un borracho feliz total. Mañana ya me dará el bajón, arg)

  2. toni

    qué duro lo de los esos tres impostores de tu pueblo. porque eso es lo que son. en el mío son tres reyes de verdad. aquí no van en camello ni caballo ni carroza de ET. vienen en barco. bueno, en llaüt, que es una barca de pesca. y luego se bajan y saludan van a pie casa por casa, repartiendo los regalos a los niños y niñas. que es como tienen que ser las cosas. además son viejitos y tienen barbas de verdad. vamos, que son los buenos. los de verdad.

  3. C.

    Qué suerte, Toni. Los que pasan por debajo de mi casa son también unos impostores, de eso ya se han dado cuenta mis hijos, que no son tontos, y una tiene que inventar no sé qué patrañas para mantener el intríngulis. Por eso ya no los dejo acercarse más, que mira si hay negros auténticos en cualquier sitio como para seguir recurriendo a las caras pintadas, todo por que se dé el capricho quien se camufla de Baltasar año tras año, hay que fastidiarse, leñe. Y no me digáis que no se pueden apañar unos disfraces un poco mejores; del atrezzo y la mise-en-scène, mejor no hablar…
    Para colmo, una vez decidido que al mayor, que cumple 9 ya mismo, había que revelarle la cruda realidad, leo tu post, Emejota, y, claro, como tú eres tan intenso y nos cuentas estas cosas que dejan a uno con el nudo en la graganta, me digo: ¿se lo diremos? ¿no se lo diremos? Porque él estos días iba razonándolo todo y desmontando mis mentirijillas, pero luego se puso casi afónico de gritar desde el balcón a Melchooooooor, Gaspaaaaaaar y Baltasaaaaaaar.
    Bueno, pues se lo hemos soltado. Y no ha pasado nada grave, uf: no nos ha devuelto ningún juguete y nos ha dicho que ya le parecía a él, que los de su clase habían contado hallazgos de paquetes en armarios y bajo camas y que no sé lo dirá a su hermano, que será nuestro secreto (en esto, muy ufano).
    Ya se iba a la cama, zanjado el tema sin traumas aparentes, cuando se ha dado la vuelta para preguntar, alma cándida, que si el ratoncito Pérez también éramos nosotros. Ha sido un trago desmontar dos ilusiones el mismo día.

    Entre esto, guardar los adornos navideños, terminar el Memorial y la inminencia de la vuelta al trabajo -y otras cosas que me guardo-, yo YA estoy de bajón, snif.

  4. EFEjota

    Al ritmo del segundo párrafo/compás se me han humedecido los ojos. Acabando el tercero una lágrima llegaba hasta mis labios. Sí, era salada.

    ¿qué recuerdos me has despertado? No ha sido por aquel descubrimiento mio, que no fue trágico. Quizá haya sido esa imagen de ese niño desolado, como un príncipe destronado a los pies de esa madre gigante y con vestido de mangas largas. O la imagen de esas mangas agachadas a la altura de la nariz para dar un consuelo imposible… Como leyendo a Saramago, las escena es muy gráfica, más que leerla, se ve.

    “Servirá de señal cada huella, de las horas felices. Se sabrá tanto de las estrellas, como de cicatrices.”

  5. Alias Cane

    Ay, Mariano.

    Yo vine a saber la verdad a los 7 años, en 1981. Fue a consecuencia de que mi abuelo falleciera, sabes. El pobre, si hubiera podido, habría perpetuado el asunto un poco más.

    Yo encontré los regalos en su armario, cuando lo estábamos limpiando. Así supe.

    Tu relato me ha estrujado el corazón. ¡Tantos recuerdos!

    Un abrazo,

  6. emejota Autor

    C, tú sí que me has llegado al alma. Ese volverse para preguntar lo del ratoncito cala hondo. El chaval habrá mostrado en ese momento su primer gesto de “mayor” haciendo como que no pasa nada, movido por el desconcierto, pero a buen seguro que después habrá pasado su rato antes de dormirse. Hay sueños que se llevan partes de nuestra infancia.

    (suspiro)

    Lo de los Reyes Magos que dejan de serlo es demoledor, Miguel, sí. Esos juguetes quietos en un armario es una estampa terrible a los ojos de un niño que se topa con ellos de golpe (y tan golpe). Es como encontrarse clandestinamente y a solas con algo que no puede ser pero que es. Y no sabes si decir algo a alguien o no. Ahí empieza todo a ser raro.

    EFEjota: rebienvenido! Esos versos son un regalo. Gracias. No te vayas muy lejos ;)

    toni: ahora lo entiendo todo. Están ahí. Pues hacen bien. Ese mar cálido les vendrá bien a los huesos y tal. Y si encima tienen el detalle de trabajarse el reparto por sí mismos pues mejor que mejor. Enhorabuena.

    Mamá de Marina (que el resto es muy largo): ya, no, si te entiendo. La Navidad son los niños. Unas navidades con niños son navidades, lo demás es un barrunto de navidad con algún polvorón en el postre. Por eso estás tan navideña, porque te ha tocado hacer de cómplice en eso tan maravilloso que es hacer de Maga (lo dicho, los Reyes son las madres). Pero…

    ;)

    Un abrazo a todos

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