Agenda 17 diciembre, 2007
Escrito por emejota en : Asuntos propios , Añade un comentario , trackbackAl final, voy a Leioa este sábado a la presentación de “Gabon, Kantika!”.
Album 15 diciembre, 2007
Escrito por emejota en : Album, Cine , 4 comentarios , trackback
“Blade Runner”, (Ridley Scott, 1982)
25 aniversario. Buena excusa para volver a ver la película esta noche. Me resulta muy estimulante recuperar las imágenes de esa urbe superpoblada y nocturna que bulle bajo una lluvia permanente y que recuerdo como un caleidoscopio de luces de neón, nubes de vapor emergiendo del asfalto oscuro, el murmullo de voces anónimas y sonrisas orientales parpadeando en gigantescos anuncios electrónicos. Un hallazgo estético maravilloso como telón de fondo para este poema futurista sobre la añoranza de los sueños, la intemperie de los corazones y el anhelo de vivir.
Trayecto 14 diciembre, 2007
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 5 comentarios , trackbackVolvía a media tarde en el tren y a mi derecha, al otro lado de la ventanilla, se veía un paisaje que parecía una acuarela de Turner y a mi izquierda, en el asiento de al lado, un universitario escribía en su portátil un texto sobre el tratamiento integral de residuos orgánicos (salía la palabra compost). Fuera debíamos estar a 0 grados y cuando pasa eso y atardece y el cielo está despejado el horizonte de poniente parece una de esas composiciones pre-impresionistas de Turner, con sus franjas horizontales en tonos rosas, vainillas y morados. En el asiento de atrás, una señora le decía a otra que finalmente habían tenido que despedir al chico de la tienda, sí hija, sí, y que cuando el chico de la tienda había ido a la tienda a firmar los papeles del despido ella le había dicho sabes cuál es tu problema, eh, sabes cuál es tu problema?
Follar.
El revisor ha dicho buenas tardes y el universitario y yo hemos extendido el brazo con sendos billetes en la mano. Los billetes tenían la misma forma pero me he preguntado si en ambos figuraría impreso el mismo destino. Gracias, ha dicho el revisor, y poniendo las piernas en la posición que ponen los revisores para que su estabilidad no se vea afectada por una inesperada sacudida de la marcha del tren, esto es, los pies en posición de las diez y diez, las rodillas firmes y la barbilla pegada al nudo de la corbata, ha anotado en su libretita un así y un así y ha seguido su camino.
Tal cual se lo dije, chica, que tu problema es fo-llar y ahora fírmame estos papeles y tú verás a ver qué piensas de la vida.
En la ventanilla, aparte del paisaje de Turner, también se refleja la pantalla del portátil del universitario que viaja a mi lado. Pasa de una hoja del Word a otra que está escrita con tipografía distinta, click, click, yo creo que está pasando lo del compost de un documento a otro pero me ha desconcertado un poco que de una carpeta clasificadora muy gorda sacara un ejemplar del Boletín Oficial del Estado de 2002. Irá para abogado medioambiental, seguro que debe de existir algo así. El Boletín Oficial del Estado no se refleja en la ventanilla del vagón, evidentemente, en todo caso lo que se refleja en la ventanilla es un pensamiento denso, como de nubarrón oscuro, que se resume en vaya año el 2002 de las narices, vaya año, y eso lo dice todo. No, no se podría saber si el ejemplar del Boletín Oficial del Estado era del 2002 ni de cualquier otro año si no fuera mediante mirada directa, pero es que no todo va a ser mirar a la ventanilla: se mira un rato a la ventanilla, otro rato al frente donde el extremo del reposa cabezas del asiento anterior dice Renfe Media Distancia y otro a la pantalla del portátil, si bien es cierto que esta última mirada es como de pasada por pura y obvia discreción.
El oído, por otra parte, es quien se ocupa de mirar al asiento de atrás, aunque quizá sea más preciso decir que el oído mira atrás porque la voz que de allí viene habla en mayúsculas. Debe ser eso porque la señora que mantuvo con su ex empleado un conflicto laboral de raíces genitales ha pronunciado una palabra aún más alta que las otras y el universitario ha chasqueado con la lengua como con fastidio y ha dejado de teclear lo de un compás, probablemente porque se le ha ido el santo al cielo. Yo me he colocado los auriculares del iPod para escuchar unos treinta kilómetros de música.
Neumas 13 diciembre, 2007
Escrito por emejota en : Música , 14 comentarios , trackback
Los neumas son señales. Nada más (y nada menos). Porque detrás de cada una de estas minúsculas y sinuosas señales se esconde un lenguaje lleno de matices cuya traducción precisa se ha perdido en el camino. Por ese motivo, la contemplación de las mismas en los antiguos libros de canto medievales nos suscita tanta curiosidad y nos trae resonancias misteriosas.
Los neumas son un sistema de notación musical espontáneo del que deriva nuestro actual pentagrama. En algún momento dado, los monjes medievales empezaron a desconfiar de su memoria y empezaron a trazar señales encima o debajo del texto en sus libros de canto (en la imagen de arriba, las señales en negro y en rojo). Esas señales servían como orientación, dibujaban los giros de la melodía: ahora la melodía sube, un palito vertical; aquí la melodía se mantiene para luego descender un poco, una línea horizontal que termina en una pequeña curva descendente. Y de ahí hasta desarrollar un sistema complejísimo que consigue trazar el dibujo preciso de todo el mapa sonoro.
Lo que hace de esta notación un misterio a la hora de intentar interpretarla es que precisa que el cantante conozca de antemano la melodía. La notación en sí es una ayuda para reproducir algo que ya es conocido. La razón que explica su nula utilidad para alguien que pase por allí sin saber de qué va la cosa es muy sencilla: cuando los neumas nos indican que la melodía asciende no nos dice cuánto asciende, ni desde dónde. La notación neumática es un recordatorio. La necesidad de concretar las alturas fue lo que llevó al invento de las líneas horizontales, asignando a cada una de ellas (y a los espacios entre las mismas) un sonido concreto. Primero fue una línea trazada con grafito o con tinta roja (a veces marcando un surco en el manuscrito, sin tinta), luego dos; un salto importante supuso la introducción del tetragrama (cuatro líneas, como el que aparece en la imagen de arriba) para llegar finalmente a las cinco que componen el pentagrama actual.
Podemos comprobar la traducción en notas concretas del dibujo sugerido por los neumas. Vamos a reproducir de nuevo la imagen anterior para fijarnos en dos neumas: en el recuadro en rojo, el neuma en forma de montaña es traducido en el tetragrama por medio de tres notas en sucesión arriba-abajo:

Ahora vamos a por el siguiente neuma: la línea horizontal que aparece a continuación es interpretada como una prolongación del último sonido; por eso, en el tetragrama se ha colocado un punto tras la tercera nota (en la grafia musical, el “puntillo” significa un alargamiento de la nota a la que acompaña)
Algo similar encontramos un poco más adelante:

Lo más interesante de todo ésto es que, a nada que uno se adentre en este lenguaje de señales y compruebe la extrema complejidad que llegan a alcanzar, se llega a la conclusión que la notación moderna apenas ha conseguido reproducir un resumen de aquellas antiguas melodías de las que los neumas son testigos como si fueran marcas hechas en la pared por alguien de un pasado remoto. La notación moderna, la que nos sirve para escribir música y para leerla, es, en comparación, una notación esquemática. El precio para desarrollar un sistema que haga posible leer una melodía sin conocimiento previo de la misma, fijando la altura de los sonidos y su duración, ha consistido en prescindir de sutilezas y de apostillas en la gama de los grises: o blanco, o negro (o blanca o negra, para ser más exactos a la hora de hablar de una notación que tira más por lo práctico que por lo preciso).
Reposición 12 diciembre, 2007
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentarios , trackbackNotas sobre una autobiografía: click AQUÍ.
(es que igual la continúo en breve)
Dexter 10 diciembre, 2007
Escrito por emejota en : Series, Televisión , 21 comentarios , trackback“La sangre es mi vida”. Aunque lo parezca, no lo dice Drácula, lo dice Dexter varias veces por capítulo y con cierta sorna porque la cosa tiene un doble sentido: forense de día y asesino psicópata en ratos libres. No se sabe si en este caso se cumple aquel lema de la pedagogía gore que decía que las letras con sangre entran pero, dadas las circunstancias, lo que está claro es que la sangre es la tinta con la que mejor se escribe el nombre:

Dexter es Michael C. Hall, felizmente recuperado para la pantalla tras su singladura de 5 temporadas por la difunta “A dos metros bajo tierra” (sus apenados no la olvidamos):

El pálido color de cara que luciera en aquellos episodios (herencia de madre, no cabe duda) ha dado lugar aquí a un bronceado que sugiere un cambio de aires. El aire es Miami. Bochornoso aire. Tiene que hacer un calor tan húmedo allí que no voy ni muerto. ¿Es importante este detalle para hablar de “Dexter”? Pues mira, sí, porque durante los episodios los ojos no pueden evitar posarse en esos surcos verticales que el sudor marca en las espaldas de las camisetas como si fueran la sombra de la columna vertebral, ni en los cielos blancos del mediodía, ni en las amenazadoras nubes gordísimas que se apiñan como montañas en el horizonte, ni en el zumbido de los aparatos de aire acondicionado funcionando las 24 horas del día, detalles todos estos que al director parecen ponerle contento porque los saca mucho pero que nos agobian a quienes tenemos un sentido nórdico de la existencia. En Miami además hay cocodrilos y cosas de esas.
Dexter es un justiciero vengador como los héroes de comic pero con matices porque él no se toma la justicia por su mano para curar momentáneamente el escozor de su propia herida sino como pretexto para hacer lo que más le gusta: matar. Simplemente. Ha salido la palabra cómic por ahí arriba y no es casual. Yo no sé si la novela de la que sale este Dexter es una novela gráfica pero desde luego tanto la estética como la ética sigue la senda del cómic. Y la actitud del espectador en este sentido ayuda a entrar en el asunto. Las cosas no son las mismas ni se dicen de la misma manera en una viñeta de Stan Lee que en un párrafo de Javier Marías pero lo importante es que en ambos casos tienen vida propia y son coherentes con el universo narrativo al que pertenecen. Y son creíbles.
El instante fundacional del mito al que nos remiten continuamente los fascículos de los comics está ocupado aquí, en flashback, por una escena paterno filial en la que el padre, tras confirmar los irrefrenables instintos homicidas del adolescente Dexter (hasta entonces sólo consumados con los bichejos del bosque) sugiere la manera de canalizarlos. Cómo, pregunta el hijo en pleno ataque de acné. Hay cosas a las que la policía no alcanza, deja caer el padre (policía, por cierto). Eso sería venganza? pregunta el hijo que parece pillar a la primera por dónde van los tiros. Eso sería justicia, puntualiza el padre. Justicia y venganza son conceptos que aparecen una y otra vez en la serie: los personajes utilizan la primera para justificar la segunda. Dexter, sobre todo, se divierte.
De la ética a la estética. Si lo del párrafo anterior era de tebeo lo de este también. Pero puntualicemos: decimos “esto es de tebeo” cuando algo es ridículo, cuando las cosas chirrían. Pero si lo que es de tebeo está en un tebeo las cosas cambian; es más: las cosas funcionan. Lo de antes funciona si el espectador asume dónde está. Por si acaso, la puesta en escena nos lo recuerda y la pantalla del televisor es utilizada en Dexter como viñeta de comic utilizando todos los recursos narrativos de la composición de la imagen. Un encuadre como éste anuncia una declaración trascendente:

y en éste el personaje nos habla desde dentro, es un encuadre con vocación psicológica que nos está mostrando la identidad verdadera de una personalidad que se construye sobre la angustia y la tormenta interior:

Más recursos narrativos visuales: Dexter buscando en la red (en un portátil Mac, qué tío) información sobre cierto ciudadano que quizá no es el buen tipo que aparenta a los ojos de la justicia:

Bingo! Una vez confirmadas las sospechas, la adrenalina fluye y la sed vengadora de Dexter se despierta anunciándose mediante este efecto luminoso de glóbulo (rojo, claro):

Dexter es un forense virtuoso y apreciado en la comunidad. Y un psicópata. Lo último sólo lo sabemos nosotros porque nos lo dice enseguida, y nos lo dice además con cierto orgullo, qué puñetero, y en off, que es la voz con la que mejor se expresa y uno de los mayores hallazgos de la serie. El resto de su personalidad también está teñido de ambigüedad: sus reservas ante el sexo, por ejemplo, sin que podamos asegurar si se trata de una reserva ante el sexo femenino o el masculino o bien ante el sexo en sí. En materia sentimental, los justicieros vengadores como Dexter son tipos especialmente sensibles a los corazones vulnerables pero también les gusta ir a su aire. Son solitarios solidarios. Eso es un problema gordo para un corazón vulnerable.
Lo mejor de Dexter es lo bien que está dibujado su personaje en las viñetas de este comic de gran colorido. Y su voz (en off) .Y la jeta, la de Michael C. Hall, nadie como él para este papel. Firma el asunto ShowTime, que hace siempre cosas transgresoras. A veces sólo se queda en eso y otras veces hay más.
Puente 9 diciembre, 2007
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 5 comentarios , trackbackLo del puente es un estrés.
Eso viene a confirmar que, definitivamente, lo mío es un contrapunto con lo establecido, pero contrapunto por movimiento contrario. Porque cuando todo el mundo descansa va y me toca trabajar. Y al revés. Pero así son las cosas: cuando toca puente es cuando la gente se pasa por aquí, unos porque al no tener que ir al trabajo tienen un tiempo disponible y otros porque, por lo mismo pero residiendo fuera, se desplazan para saludar a la familia. Unos y otros terminan concertando una clase, si se le puede llamar clase a lo que más bien parece una excursión dialéctica por aquí y por allá. Prefiero mirarlo así, de esta forma, encaja mejor con lo que hago. Pues así fue el jueves y el viernes y el sábado. Hoy descanso dominical porque la gente ya está volviendo. Mañana es día de colegio.
Nana 7 diciembre, 2007
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Kantika, Música , 6 comentarios , trackbackEl cartero trajo “Gabon Kantika!” el miércoles por la mañana como regalo adelantado de Navidad y cuando escuché lo que estaba esperando escuchar sentí y asentí. Quiero decir que la primera vez sentí cierto desconcierto pero para la tercera ya había entendido perfectamente. Es lo que tiene manejar un villancico que es al mismo tiempo una nana. Yo envié para allá un villancico y me han traído de vuelta una nana. Y las voces te mecen primorosamente al vaivén de los ea ea ea. Y me gusta, para qué negarlo.
Una nana tiene que ser silente y sedante y aunque aquí no nos pille yéndonos a dormir sino quién sabe si a las once y cuarto de la mañana o a las cinco menos veinte de la tarde el efecto es hipnótico, como si esos tres minutos y medio de música no hubieran existido en el reloj, como si de pronto cesara el ruído del tráfico que se cuela por las ventanas. El mérito es de los chavales de Astulez y del trabajo de Astulez con los chavales, claro, a ver si se va a pensar el personal que no tengo abuela para regalarme el oído. Pues tengo abuela, sí. Y para regalarme el oído ya están ellos: creo que no ha habido un solo día a lo largo de este año difícil que haya dejado de escucharles en su anterior trabajo haciendo su música más llevadera la espera y la incertidumbre en los pasillos de hospital, o las horas largas de la convalecencia en casa, o acompañándome desde el iPod en las caminatas, cuando las hay. Así que es una sensación de lo más curiosa escucharles ahora aquéllo que escribí justamente con ese propósito: el de que sonara desde sus gargantas.
Pero todo tiene su precio.
Por la tarde me llamó el director del Conservatorio de Leioa para que asista a la presentación el día 22. Ya había dicho con anterioridad como que no y por eso llamó él: para que sí. Me entró cierto agobio precisamente porque esas cosas me agobian; no es que no me agrade la idea de ir a verles, cómo no me va a agradar eso. No, es el jaleo, el viaje, todas esas cosas que me resultan tan ajenas a mis costumbres. Después me llamó mi amigo Alain desde Bilbao. Alain no me invitó a ir: Alain dijo que yo iba a ir y que no se hable más y punto. La presión aumentaba considerablemente. Afortunadamente, me esperaban los vecinos para cenar y ya no pensé más en eso. La vecina ha inventado un tipo de bizcocho express que hay que tener en cuenta, por cierto. Lo otro habrá que tenerlo también en cuenta. Ya veremos a ver qué pasa.
BWV 168 5 diciembre, 2007
Escrito por emejota en : Análisis, Música , 3 comentarios , trackbackSuena la Cantata 168 de Bach. Debió sonar por primera vez el 29 de Julio de 1725 en Leipzig pero las grabaciones permiten que hoy en día siga escuchándose incluso lejos del verano, como esta tarde en la que se han encendido por primera vez las luces de Navidad de la calle.
En Bach, música y texto van tan unidos que la primera no sólo acompaña al segundo sino que también lo describe y a veces hasta lo comenta. Y lo hace de una forma minuciosa, detallada y con pulso poético. BWV 168 es una cantata breve con texto -una vez más- de Salomo Franck y nació para acompañar a la Parábola del administrador infiel (Lucas 16:1-9). El Aria para Soprano y Alto sobre continuo es una miniatura a la que tengo especial aprecio. En el texto aparece una alusión a Mammon, palabra de origen arameo que en el Nuevo Testamento se utiliza para describir la abundancia de bienes materiales:
Corazón, deshazte de las cadenas de Mammon.
¡Manos, diseminad la bondad!
Haced dulce mi lecho de muerte,
construidme una sólida morada
que permanezca eternamente en el cielo
cuando los bienes terrenales se conviertan en polvo.”
El contrapunto a dos voces entre Soprano y Alto transcurre sobre un bajo continuo que abre el Aria de esta manera:

Los saltos abruptos que interrumpen el curso de las notas representan la ruptura simbólica de las cadenas a las que enseguida hará referencia el texto:

Click para escuchar. Mp3, 150 k.
El Contralto comienza a cantar. Antes de que sea imitado por la Soprano se demora trazando el dibujo musical de la palabra “kette” (cadena). Las ligaduras son los eslabones de una larga cadena melódica:

También la forma musical está estructurada en torno al texto. La alusión al “cielo”, por ejemplo, propicia la modulación a un modo Mayor (de mi menor a Do Mayor) y la inversión en el orden de las entradas de las voces: si al comienzo de la composición era el Alto quien tomaba la iniciativa:

aquí es la Soprano, que está arriba, quien toma las riendas:

El carácter simbólico tanto del modo Mayor como del protagonismo de la voz superior en el pasaje en el que se alude al “cielo” es evidente. Pero el contenido musical también pone de su parte a la hora de crear la imagen sonora adecuada. El “cielo” (himmel) está en lo alto del pentagrama, por encima de él:

Más aún: casi todas las notas de esa región permanecen fuera del pentagrama e incluso encontramos la nota más aguda de toda la composición en el límite de la tesitura:

Si dejamos los detalles aislados, observamos que de manera paralela a la marcha conjunta de las voces tiene lugar lo que podemos denominar como “escenificación armónica” del texto. Así, y mientras la voz superior construye desde las alturas “una morada que permanezca eternamente en el cielo”, el contralto representa la idea de “permanencia” (bleiben) mediante una nota fija que se prolonga (que permanece inalterable) durante diez pulsos:

Pero son detalles aislados, curiosidades impresas. La verdadera impresión la forma el conjunto a través del oído, que también sabe ver.
Sigo escuchando (Wittek e Immler al aparato)
Chicho 4 diciembre, 2007
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Leo haciendo click aquí, de casualidad, y con disgusto (y robando la foto, perdón), que “a Chicho, que actualmente se encuentra en su casa muy enfermo, no le llaman ni sus compañeros, ni ningún medio”. Lo que no dice es que, seguramente, las redacciones de los periódicos ya tendrán en el cajón, lista y corregida para cuando sea necesario, la necrológica y los reportajes especiales donde se dirá lo mucho que significó este hombre en el medio televisivo, lo irrepetible de su figura, y después en la tele saldrán compungidos los amigos. Y eso ya no es que sea triste: es repugnante y habitual.
De pequeño, yo quería ser de mayor Chicho Ibáñez Serrador para inventar el “Un, dos, tres, responda otra vez”. Cierto es que ponía como condición que lo pusieran en viernes después de la cena porque ese es el lugar idóneo donde encuentra acomodo la, a mi juicio, idea más maravillosa que se ha concebido para la tele. El “Un, dos, tres” es el recuento de nuestras infancias cuando éramos niños y algo parecido a un retorno a ella si nos pilló de mayores. Lo más fácil es que nos pasara las dos cosas porque 405 emisiones de “Un, dos, tres” son un tren con muchos vagones. ¿Funcionaría hoy el “Un, dos, tres”? Rotundamente no, pero él no tiene la culpa de que lo que no funcione es el resto, que es todo, todas las cosas, y que eso nos haya vuelto distintos, más de vuelta, más desencantados, con poco o ningún interés por saber si el coche estará en las babuchas que trajo el príncipe de Arabia a esta subasta delirante e imaginativa.
Hubo un tiempo que terminábamos de cenar en invierno y todos nos juntábamos frente a la tele esperando la sintonía aflautada y chispeante de Adolfo Waitzman y era como entrar en un parque de atracciones e ir de una atracción a otra. Sólo por aquel entonces, la imaginación podía aliarse con la escenografía de Ana del Castillo y ver en color los decorados de Las Mil y Una Noches o el Castillo de Drácula en una tele en blanco y negro. Por allí aparecía Chicho como sumo emperador, tan en su salsa, con aquellas despedidas de temporada tan histriónicas y emotivas desde el trono que era un sillón de cuarto de estar como de mansión vieja, puro en mano, demorando las frases de manera calculada, dejando caer una ironía macabra aquí y provocando una lagrimita tierna allí. Anda que no nos puso el nudo en la garganta más de una vez (una, dos y tres)
Narciso Ibáñez Serrador inventó el “Un, dos, tres”, caravana delirante de su imaginería particular y antes y después también hizo muchas cosas más, conviene decirlo por si alguien pregunta algún día. Pero hoy que está vivo y no le llama nadie, y para colmo no es viernes, me acuerdo con mucho cariño cuando en los cumpleaños nos poníamos a hacer el un, dos, tres de andar por casa sin saber que treinta años después lo recordaríamos con una sonrisa de añoranza cuando nos juntamos para tomar café. En EEUU a Ibáñez Serrador lo mimarían con veneración y lo tendrían en el Paseo de la Fama; aquí hace tiempo que la parrilla lo mandó a paseo y parece ser que ni le llaman a casa para ver qué tal. Y eso que hizo de Ruperta.
Gabon Kantika! 2 diciembre, 2007
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Acaba de salir el nuevo disco de Kantika Korala, “Gabon Kantika!”. Me avisaron el jueves y un día después, Basilio Astulez me escribió para decirme que me enviaba un ejemplar. Sobra decir que a esta nueva entrega le tengo muchas ganas porque, además de ser admirador incondicional de esta formación de Leioa, esta vez el trabajo contiene una pequeña pieza mía. En la fotografía de la derecha, tomada en un alto de la grabación, aparece un trocito en la partitura que se ve en primer término, en el atril de Luis. Supongo que lo que ese señor mira al fondo, junto a Basilio, como si buscara en el mapa un lugar oculto, será también la partitura. Cada vez que me encuentro con esta foto me pica la curiosidad por saber qué estaría llamando la atención de ese señor y también me acuerdo de Susana por haber tenido la idea de hacer click con la cámara y enviarme el resultado como recuerdo.
Gabon Kantika! contiene música de Navidad escrita expresamente para Kantika. Mi aportación consiste en la armonización a 4 voces de una melodía tradicional asturiana que conocí gracias a Crishu, una de las lectoras habituales de este blog (gracias de nuevo, Crishu!). Según me aseguraron desde el Area de Música de la Fundación “Príncipe de Asturias”, en navidades se canta como villancico y el resto del año como canción de cuna. Es una insignificancia entre el repertorio habitualmente vistoso y llamativo de Kantika pero, si soy sincero, estoy muy satisfecho del trabajo porque me reconozco allí, entre esos compases; también porque he puesto en esas notas justamente el afecto que quería entregar a estos chavales como agradecimiento, no importa que no supieran qué ni quién hasta que alguien se asomó a este Norte de palabras y ató cabos, y también porque hay obras que son como álbumes de fotos para mañana, hay obras que son memoria personal.
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Nota de la Confederación de Coros del País Vasco: aquí
Kantika en “La Idea del Norte”: aquí
Varios 1 diciembre, 2007
Escrito por emejota en : Asuntos propios , Añade un comentario , trackbackCosas que he hecho estos días y que no he apuntado en el blog porque el blog y yo, por lo que se ve, nos hemos tomado un pequeño respiro: visitar al dentista, asistir a un espectáculo de magia y comprobar que Esther persiste en el experimento de probar mi serial sobre Tonalidad que ya va avanzadillo. Son cosas muy dispares, es verdad, pero así es la vida.
La visita al dentista fue rutinaria y nada cruenta, afortunadamente, aunque sigo pensando que en las salas de espera sobra el hilo musical del ruído agudo y afilado del torno que llega desde otra parte; ese sonido que flota en la tensa y silenciosa atmósfera de la sala de espera tiene algo de maniobra perversa, lo raro es que luego la dentista es encantadora. Cuando llevas 10 minutos oyendo ese sonido compruebas que la gente se escuda tras el periódico, el Hola y otro periódico. Había revistas de viajes a las que nadie prestaba atención y no me extraña porque las revistas de viajes suelen dar pereza; de hecho a mí me dan pereza así que busqué el móvil y le mandé un mensaje a la vecina para darle un poco la lata. Eso fue ayer por la mañana.
60 euros después, y ya por la tarde, descubrí las habilidades de Sergio para la cosa de los juegos de magia con la baraja. Y contemplé con asombro manipular esa baraja con una sola mano, y con los dedos hacer complicadísimas maniobras para cortar la baraja en dos sobre la palma de la mano, hacer girar una mitad sobre sí misma, en fin, cosas de esas que ves hacer a Tamariz con sonido de violín y se te pone cara de bobo. Pero en Sergio. Y mientras el as de diamantes desaparecía o reaparecía delante de mis narices, y a pesar de que por aquello de la confianza yo pedía examinar esa mano, ahora la otra, pues nada, es que no había manera de pillar el truco, y pensaba yo que mira que ha pasado tiempo desde que Sergio tenía 9 años y lo senté delante del piano y ahora, con 22, me sale con esta habilidad desconcertante, por virtuosa y sorprendente, y porque mi infancia quedó marcada por un espectáculo de magia que nos hicieron en el parvulario una tarde de invierno en una sala fría y algo oscura que de pronto se llenó de papelitos de colores y palomas y pañuelos y qué se yo, de manera que luego de mayor ví los ojos de Ana Torrent absortos ante la pantalla de cine al principio de “El espíritu de la colmena” y entendí absolutamente esa mirada.
Y lo de Esther, esta mañana. Lo que más me gusta de las clases con Esther es que cuestiona las obras, los pasajes, los enlaces, los desarrollos, pero sobre todo lo que más me gusta es cuando me cuestiona. Eso es muy bueno. A veces, después de exponer una serie de argumentos con los que pretendo reforzar mi tesis concluyo diciéndole que tiene toda la razón y eso la desconcierta. Pero es que es verdad, no siempre va a tener uno razón. Con tenerla casi siempre es suficiente. Ella se ríe. A mitad de la clase, con el primer movimiento de K 570 encima de la mesa, han llamado a la puerta y una repartidora ha preguntado si yo era yo; como efectivamente yo era yo me ha entregado una tarta. Mira qué bien. Lo sorprendente de que te entreguen una tarta entre los compases 101 y 132 de K 570 es que no haya tarjeta, aunque sí un papelito escueto donde venga tu nombre y dos apellidos y nada más. No me hubiera sorprendido encontrarme con un “Cómeme” en plan Alicia. He dado las gracias y he guardado la carta en el frigorífico y he vuelto a los compases en cuestión, tiempo habría después de resolver el enigma. Aún no lo he resuelto pero la tarta está muy rica.