Niebla

La flor más grande del mundoEl mundo ha amanecido un poco desdibujado por la niebla. Por lo que a mí respecta, he amanecido un poco triste y me ha extrañado porque no había un motivo aparente, a no ser que el motivo estuviera también desdibujado por la niebla y no se dejara ver. Pero se dejaba sentir. Exactamente en el costado derecho. Igual era el residuo de un sueño porque en el desayuno ya no estaba. Por la tarde ha pasado por aquí mi alumno intermitente, el futuro arquitecto; pidió una prórroga para entregar el relato que le solicité como parte del trato para darle clases y yo, como es Navidad, dije que sí. Uno tiene su corazoncito. En la clase de hoy hemos estado hablando sobre la exploración de los límites a propósito del comienzo de la Hammerklavier de Beethoven. Mañana seguimos, que los límites están muy lejos y con la niebla apenas se distinguen.

Luego he salido a merendar un chocolate caliente con Andrés y me ha regalado un cuento de Saramago. Es que Andrés es Andrés. Al chocolate se nos ha unido Pepe que me ha librado del compromiso de hacer de cuentacuentos el próximo día 4. Es que son niños de 3 años y son muy mayores para mí. Le dije a Andrés cuando me lo propuso ayer que si fueran de 42 años o así pues bueno, pero 3 no porque un público de 3 años es muy inteligente y ya no estoy para esos trotes. Andrés lo comprendió perfectamente, hasta me ha regalado el cuento de Saramago y todo y hemos ido a merendar un chocolate caliente con Pepe. La anterior vez nevaba fuera y hoy no se sabía qué había fuera por la niebla. Solemos quedar de invierno en invierno para un chocolate y casi siempre hablamos de lo mismo pero no importa porque yo creo que eso quiere decir que estamos a gusto.

A la vuelta ha dicho mi abuela que no me he perdido nada del otro jueves en la tele y que si hacía frío en la calle. Al rato ha dicho que estaba un poco disgustada porque por un momento no se había acordado de cómo me llamaba pero luego sí. Los pensamientos se desdibujan a ratos en la cabeza de mi abuela, es como la niebla que hay al otro lado del cristal, que olvida la casa de los vecinos y hasta si son 4 o 5 las farolas de este lado de la calle. Luego se acuerda.

2 pensamientos en “Niebla

  1. C.

    Acabo de regresar y me he puesto al día de casi todo, porque no he podido escuchar aún esa obrita que tan buenos momentos te ha traído -a ti y a tantos, por lo que he leído-. No he podido porque aquí la familia está viendo una peli.

    Antes de volver a casa he ido a ver a mi abuela nonagenaria a un pueblo envuelto en esa misma niebla, que se aferra al mismo río. Me ha gustado, porque me ha traído fríos y nieblas de hace mucho tiempo. Mi abuela lee sin gafas libracos de trescientas páginas y más, pero está como una tapia, lo que, sumado a los despistes, hace que mantengamos unos diálogos de lo más surrealistas: con los brevísimos fragmentos que logra discernir ata cabos donde jamás los hubo y reconstruye falsas realidades; a veces muy graciosas, sí, pero, por lo general, esa incomunicación me desasosiega más que otra cosa.

    Voy por la mitad de Memorial del convento. Ya te contaré, porque está teniendo un efecto muy curioso en mis duermevelas de estas noches…

    Hace frío. Un abrazo.

  2. emejota Autor

    El Memorial está contado con un ritmo como de letanía hipnótica, con esas frases largas redondeadas con una sentencia breve que tan bien encajan en el compás. Y dentro las cadenas oscilan diciendo en lenguaje de alambre hace poco, hace poco, y Doña Ana, y lo de la piedra, qué esfuerzos y sudores lo de la piedra en la curva, y las almas atrapadas que ponen alas a la passarola y Blimunda y Baltasar, Baltasar y Blimunda, y el italiano, y todas esas preciosas palabras juntas.

    Bienvenida. Un abrazo.

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