Archivo por días: 23 diciembre, 2007

Diario de viaje, 5

03:02. Bilbao.

Escribo desde un ordenador en el que habitualmente me leen y eso produce una sensación curiosa. Izaskun y Alain duermen en la otra parte de la casa y han dejado el teclado en mis manos porque saben lo de mi adicción nocturna a teclear. Ha sido un día intenso y estamos los 3 agotados pero ha merecido la pena sin duda. El viaje perfecto, la estancia maravillosa y lo de los chavales inolvidable, con foto de familia incluída y entrega de un manuscrito que contiene unas palabras emocionantes y que es, desde luego, el mejor regalo de Navidad que yo podía recibir.

Hemos asistido al ensayo y ha sido un bonito reencuentro. Qué mayores se han hecho los pequeños, cómo han crecido. Y volver a sentir la resonancia en directo de la perfección en el canto, da igual que una parte del coro cante aquí atrás y la otra adelante en una coreografía: la integración armónica es absoluta y los finales dejan una vibración estremecida en el aire. En el concierto he tenido como compañero de asiento al compositor Alejandro Yagüe: conocerlo y conversar con él ha sido todo un descubrimiento. Hemos asistido en primera fila a un concierto espléndido, vibrante, con guiños y sonrisas hacia mí cuando han entonado el ea ea ea y con la emoción en el ambiente porque chicos y chicas que son una institución en Kantika decían adiós. El aplauso grande ha sabido a poco para recompensar a estos chavales por el esfuerzo, el trabajo y la dedicación de todos estos años: Mónica  (que al final del concierto ha puesto en mi mano la pequeña estrella que llevaba en el vestido y me ha dado dos besos), Laura (con su sonrisa permanente y cariñosa), Ander (soporte fundamental del entramado sonoro del grupo, gran labor la de Ander, sí señor) y Susana (tan acertada en sus apreciaciones musicales, tan atenta siempre en lo personal) entre otros.

El imprevisto ha llegado cuando al final, ya en la calle, se ha acercado una chiquita con una sonrisa dulce y al agacharme ha puesto su mano en mi cara para agradecerme que haya venido y después ha dicho que te mejores, y le he tenido que dar un abrazo muy grande porque hay palabras que dichas de una forma como esa te llegan al corazón. Ahora a dormir, que el cansancio es grande y el ánimo está sereno y feliz. Eso es lo que define el estado de ánimo esta noche: sereno y feliz. En el equipaje van fotos, muchas fotos, y otros recuerdos, como el escrito que me han entregado los chavales. Tiempo habrá. Hay equipos de personas que con su trabajo artístico rozan la perfección y el alma lamenta que ese alimento que recibe de ellos se termine. Merecía la pena luchar contra estos ojos que se empeñan en cerrarse y despejar esta cabeza que duda al buscar las teclas correctas por el cansancio para dejar aquí sincero y afectuoso homenaje a quienes esta noche nos han dicho adiós dejándonos, una vez más, su regalo. Gracias mil, infinitas gracias.