Archivo por días: 21 diciembre, 2007

Diario de viaje, 4

23:48. “…dormidin te me quedes neñu queridu”.

Kantika

Los chavales. Me llamó el otro día el director del Conservatorio de Leioa para decirme que, en agradecimiento a la atención que dedico a los chavales, me invitaba a asistir al ensayo de mañana, que empezará a las 4, para estar un rato con ellos. El ofrecimiento fue toda una sorpresa. Volver a saludarles, aunque sea un instante, como ya hice cuando conseguí traerlos aquí a actuar, me produce una especial emoción, sobre todo porque ellos no saben que yo ya sé que el concierto que vendrá después será el último de la plantilla actual.

He estado pensando estos días que, en ocasiones, la casualidad se convierte en causalidad de una manera llamativa. Justo ahora hace dos navidades que Izaskun y Alain me regalaron un dvd y del dvd salió lo que no me cansaré de repetir que fue un bálsamo, un consuelo, una alegría, la mejor de las medicinas, de tal forma que desde entonces, cada noche, lo último antes de dormir (ea, ea, ea) era asomarme al monitor para verles y aunque la habitación estaba a oscuras siempre algo se encendía por dentro. Quién me iba a decir entonces que un día llegaría a escuchar de sus gargantas una pequeña obra mía, que la elegida sería una nana (lo último antes de dormir) y que esa pieza me llevaría a reencontrarme con ellos el día de la despedida, acompañado por Izaskun y Alain, de nuevo a las puertas de la Navidad. A veces a la vida le sale un capítulo redondo. No hay que dejarlo pasar.

Diario de viaje, 3

19:46. Una hora menos en Canarias.

Creo que lo que pasa es que va a ser mucha información para una sola jornada. Porque una cosa es decir: voy a tal sitio a tal cosa y otra muy distinta es que eso sea la guinda de una jornada llena de novedades. Igual viene todo de ahí.

A la gente le parece algo tan normal ir a un sitio que siempre piensan en el destino y apenas en el trayecto. Yo sí porque para mí, viajar es un acto insólito por nuevo. Viajar en determinadas circunstancias, claro, que en este caso son viajar solo, pasar una noche en casa de unos amigos y que el asunto no tenga nada que ver con los médicos. Dicho de otra forma: lo cotidiano para los demás es para mí lo extraordinario. Y viceversa también. Si se piensa un poco, la cosa puede tener su lado fascinante: es como despertar de un coma y tener que vivir por primera vez a los 37 años lo que en condiciones normales se experimenta cuando se es un niño crecidito. Lo que pasa es que, según me pille, el asunto me resulta fascinante o me paraliza, sin término medio; me paraliza porque no sé cómo actuar o qué tengo que hacer. Pues tú normal, me dice Izaskun. Y eso qué es, le respondo yo. Y ella se ríe. La normalidad es mañana, al parecer.

Quizá las cosas haya que vivirlas en su momento y eso de que nunca es tarde sea una estupidez porque entonces te pilla como con cierto escepticismo o pereza o desgana, podría seguir la lista pero es que no encuentro la palabra adecuada a lo que pretendo decir. Pues la cosa empieza así y con la paliza del viaje por añadidura, me refiero al sobreesfuerzo físico, que ese ya no entiende de momentos, de prontos ni de tardes. Si soy sincero soy el primero que se olvida de él y a veces me tienen que recordar que para estrenar el día tengo que hacer acopio de una gran energía psicológica que mantenga el sistema operativo, pero por la costumbre puede que se me olvide al principio y que luego pase factura. Y prefiero que me pase factura en mi burbuja de cristal, porque hay cansancios que no dejan dormir pero se expresan con un silencio de negra, una ansiedad viscosa o un querer olvidarse del mundo un rato.

Quizá así se entienda mejor el reparo y la incertidumbre, pero también la aventura de cruzar fronteras y expandir el mapa de las experiencias porque me dice la intuición que si no lo hago llegará un día en que el mundo en el que me desenvuelvo será tan mínimo que apenas será nada. Empezaba este apunte escribiendo que quizá sea mucha información para una sola jornada (sin que eso quiera decir algo malo) porque todo ésto, siendo mucho, no ha empezado siquiera a contemplar la verdadera razón de ser del viaje. Todavía.

Diario de viaje, 2

10:39. Pero mira cómo llueve.

Mari ha dado el visto bueno a la ropa que voy a llevar a Bilbao quejándose un poco de que no haya dicho nada y que se haya tenido que enterar por el periódico. Yo le he dicho que todo es mentira y ella dice anda anda anda (y yo por dentro le rectifico, ea ea ea; no es anda anda anda, es ea ea ea, pero da lo mismo, que bastante tengo con lo del equipaje). Mari da el visto bueno a lo que llevo puesto, digo bien, llevo puesto, porque me lo ha hecho poner. Dice que las cosas terminan de conjuntarse con la cara y mientras mete mano por la americana para arreglar no sé qué yo miro mi cara en el espejo e intento conjuntar la nariz con la camisa. También dice mientras da una vuelta y mira de arriba a abajo y asiente que si son los niños de colores y yo respondo que sí pero que me estoy poniendo negro. Una de mis fobias es a momentos así, pruebas, ropas, vísperas. Afortunadamente, no se trata de ir endomingado, es que si de eso se trata no voy. No. Se trata de algo más informal dentro de un orden, como una americana y unos vaqueros oscuros, por ejemplo. Pero hay que buscarlo, probarlo, esas cosas que me sobrecogen.  Mari, sin embargo, está encantada en su papel de estilista. Cuando termina dice que así, sí. Sí. Y se mira conmigo en el espejo.

Diario de viaje

03:06. Primera madrugada de Invierno.

Mañana salgo para Bilbao. A Leioa, a la presentación del cd de Kantika. Oficialmente es eso y punto pero para mí el viaje supone muchas cosas juntas y algunas no precisamente fáciles y otras seguro que muy agradables y hasta emocionantes (ya he avisado que son muchas cosas juntas). De ahí lo de dar tantas vueltas al viaje fuera de este blog, con síes, noes y abstenciones, con Izaskun y Alain al otro lado del teléfono animándome y ayudándome a quitar temores, o a aligerarlos, que no es poco, y siempre con paciencia. No contentos con eso están muy contentos de que vaya a su casa, así que mira qué bien.

Luego escribiré las cosas que no son precisamente fáciles y las otras, las que sí, y por qué. Me interesa mucho apuntarlas para volver a ellas cuando pase el tiempo y recordar esta etapa que viene a coincidir con este viaje. Pero lo que tengo claro es que tengo que ir porque intuyo que este viaje va a ser una travesía de primeras y últimas veces de muchas cosas. Y no sólo para mí. Y sé que para nadie va a ser negativo. Eso es lo que lo hace tan importante.