Archivo por días: 7 diciembre, 2007

Nana

El cartero trajo “Gabon Kantika!” el miércoles por la mañana como regalo adelantado de Navidad y cuando escuché lo que estaba esperando escuchar sentí y asentí. Quiero decir que la primera vez sentí cierto desconcierto pero para la tercera ya había entendido perfectamente. Es lo que tiene manejar un villancico que es al mismo tiempo una nana. Yo envié para allá un villancico y me han traído de vuelta una nana. Y las voces te mecen primorosamente al vaivén de los ea ea ea. Y me gusta, para qué negarlo.

Una nana tiene que ser silente y sedante y aunque aquí no nos pille yéndonos a dormir sino quién sabe si a las once y cuarto de la mañana o a las cinco menos veinte de la tarde el efecto es hipnótico, como si esos tres minutos y medio de música no hubieran existido en el reloj, como si de pronto cesara el ruído del tráfico que se cuela por las ventanas. El mérito es de los chavales de Astulez y del trabajo de Astulez con los chavales, claro, a ver si se va a pensar el personal que no tengo abuela para regalarme el oído. Pues tengo abuela, sí. Y para regalarme el oído ya están ellos: creo que no ha habido un solo día a lo largo de este año difícil que haya dejado de escucharles en su anterior trabajo haciendo su música más llevadera la espera y la incertidumbre en los pasillos de hospital, o las horas largas de la convalecencia en casa, o acompañándome desde el iPod en las caminatas, cuando las hay. Así que es una sensación de lo más curiosa escucharles ahora aquéllo que escribí justamente con ese propósito: el de que sonara desde sus gargantas.

Pero todo tiene su precio.

Por la tarde me llamó el director del Conservatorio de Leioa para que asista a la presentación el día 22. Ya había dicho con anterioridad como que no y por eso llamó él: para que sí. Me entró cierto agobio precisamente porque esas cosas me agobian; no es que no me agrade la idea de ir a verles, cómo no me va a agradar eso. No, es el jaleo, el viaje, todas esas cosas que me resultan tan ajenas a mis costumbres. Después me llamó mi amigo Alain desde Bilbao. Alain no me invitó a ir: Alain dijo que yo iba a ir y que no se hable más y punto. La presión aumentaba considerablemente. Afortunadamente, me esperaban los vecinos para cenar y ya no pensé más en eso. La vecina ha inventado un tipo de bizcocho express que hay que tener en cuenta, por cierto. Lo otro habrá que tenerlo también en cuenta. Ya veremos a ver qué pasa.