Chicho

Chicho Ibañez Serrador

Leo haciendo click aquí, de casualidad, y con disgusto (y robando la foto, perdón), que “a Chicho, que actualmente se encuentra en su casa muy enfermo, no le llaman ni sus compañeros, ni ningún medio”. Lo que no dice es que, seguramente, las redacciones de los periódicos ya tendrán en el cajón, lista y corregida para cuando sea necesario, la necrológica y los reportajes especiales donde se dirá lo mucho que significó este hombre en el medio televisivo, lo irrepetible de su figura, y después en la tele saldrán compungidos los amigos. Y eso ya no es que sea triste: es repugnante y habitual.

De pequeño, yo quería ser de mayor Chicho Ibáñez Serrador para inventar el “Un, dos, tres, responda otra vez”. Cierto es que ponía como condición que lo pusieran en viernes después de la cena porque ese es el lugar idóneo donde encuentra acomodo la, a mi juicio, idea más maravillosa que se ha concebido para la tele. El “Un, dos, tres” es el recuento de nuestras infancias cuando éramos niños y algo parecido a un retorno a ella si nos pilló de mayores. Lo más fácil es que nos pasara las dos cosas porque 405 emisiones de “Un, dos, tres” son un tren con muchos vagones. ¿Funcionaría hoy el “Un, dos, tres”? Rotundamente no, pero él no tiene la culpa de que lo que no funcione es el resto, que es todo, todas las cosas, y que eso nos haya vuelto distintos, más de vuelta, más desencantados, con poco o ningún interés por saber si el coche estará en las babuchas que trajo el príncipe de Arabia a esta subasta delirante e imaginativa.

Hubo un tiempo que terminábamos de cenar en invierno y todos nos juntábamos frente a la tele esperando la sintonía aflautada y chispeante de Adolfo Waitzman y era como entrar en un parque de atracciones e ir de una atracción a otra. Sólo por aquel entonces, la imaginación podía aliarse con la escenografía de Ana del Castillo y ver en color los decorados de Las Mil y Una Noches o el Castillo de Drácula en una tele en blanco y negro. Por allí aparecía Chicho como sumo emperador, tan en su salsa, con aquellas despedidas de temporada tan histriónicas y emotivas desde el trono que era un sillón de cuarto de estar como de mansión vieja, puro en mano, demorando las frases de manera calculada, dejando caer una ironía macabra aquí y provocando una lagrimita tierna allí. Anda que no nos puso el nudo en la garganta más de una vez (una, dos y tres)

Narciso Ibáñez Serrador inventó el “Un, dos, tres”, caravana delirante de su imaginería particular y antes y después también hizo muchas cosas más, conviene decirlo por si alguien pregunta algún día. Pero hoy que está vivo y no le llama nadie, y para colmo no es viernes, me acuerdo con mucho cariño cuando en los cumpleaños nos poníamos a hacer el un, dos, tres de andar por casa sin saber que treinta años después lo recordaríamos con una sonrisa de añoranza cuando nos juntamos para tomar café. En EEUU a Ibáñez Serrador lo mimarían con veneración y lo tendrían en el Paseo de la Fama; aquí hace tiempo que la parrilla lo mandó a paseo y parece ser que ni le llaman a casa para ver qué tal. Y eso que hizo de Ruperta.

9 pensamientos en “Chicho

  1. Jam

    Es triste que todo el mundo vaya a hablar maravillas de él cuando muera pero que nadie quiera darle un poco de cariño ahora que está. Parece que es una constante en la gente con talento.

  2. Barbarita

    Qué razón tienes, Emejota. En todo.

    (Yo tenía una cartera azul con un retrato de Don Cicuta estampado en negro. Es la única cartera, de entre todas las que tuve, de la que me acuerdo)

  3. C.

    Los viernes eran mágicos. Lectura del libro de los Cinco que había sacado de la biblioteca del cole (ergo aventura trepidante con manjares inimaginables -¿pastel de jamón?¿cerveza de gengibre?-) y tele hasta tarde con el Un, dos tres. Lo más.

    Definitivamente, el mundo es otro.

  4. Anónimo

    Un fuerte abrazo a Chicho y mi deseo de que se recupere pronto.

    Por cierto, a raíz del comentario de que Chicho está olvidado en su casa muy enfermo, Emilio Pineda de «Está pasando» le ha hecho una emotiva entrevista. Da gusto ver que hay profesionales que, aunque no han trabajado nunca con él, lo admiran y respetan.

    En cambio, algunas que han trabajado a sus órdenes y que le deben el ser hoy conocidas, se olvidan y reniegan de su pasado como azafatas de «Un, dos, tres…». ¡Qué triste!

  5. Anónimo

    Recuerdo una noche infame en la que me castigaron sin ver el “Un, dos, tres”. “¡A la cama!”; me gritó mi madre, que era la que imponía los castigos en casa… No recuerdo qué es lo que hice (la verdad, tengo recuerdo de haber sido una niña bastante cándida, y he de reconocer que en el fondo no he cambiado tanto), pero si recuerdo la rabia que me dio escuchar desde la cama los ecos del programa y yo ahí, sin poder verlo, mientras mis hermanos se lo pasaban pipa. Cuando terminó y todos se iban para sus respectivas camas, les pregunté qué se habían llevado los concursantes, como si aquello fuera fundamental para poder conciliar el sueño aquella noche. Lo que se llevaron da igual, pero ese programa me trae muchos recuerdos también de seres queridos que ya no están: mis abuelos, mi tía abuela… con los que compartíamos los especiales navideños. En fin, entre mis juguetes estuvo aquella bota que no sé cómo definir. E incluso cuando me cambiaron de gafas a los 11 años o así me decían aquello de que parecía una azafata del “Un, dos, tres”. Esto último hoy día no sé muy bien cómo interpretarlo… me veo en las fotos y estoy de espanto… Ay, qué recuerdos…

    Saludos y un fuerte abrazo de la mamá de Marina, ésa que se para a escuchar cuando le canto tu Ave María. Está a punto de echarse a andar (saber ya sabe, pero tiene que autoconvencerse de que puede hacerlo).

  6. emejota Autor

    Hola mamá de Marina! Qué historia más preciosa la de que Marina se quedaba quietecita al escuchar mi música cuando aún no había nacido, esas historias son para no olvidarlas!

    Yo recuerdo haberme quedado sin “Un, dos, tres” un viernes siendo muy pequeño. Por la mañana se incendió el último piso del edificio y por la tarde nos dimos cuenta de que la antena del tejado se había estropeado, claro. Qué cosa más rara fue comprender de golpe que una noche sin televisión se hacía algo extraño. Y más sin “Un, dos, tres”! Sobre todo recuerdo el silencio, sin los aplausos y la musiquita de reloj de las respuestas a 25 pesetas…

    Hola anónimo: es que algunas son un poco petardas. Algunos también, claro. Y parece como si sus orígenes artísticos fueran vergonzantes. No ví esa entrevista pero me alegro.

    C: uno de mis lugares favoritos sigue siendo la Isla de Quirrin. Lo de la cerveza de gengibre me intrigó mucho siempre pero tenemos que reconocer que esa fijación por parte de Blyton por la cerveza le venía del otro lado de la página dado que la tía debía empinar el codo entre línea y línea. Y sí, el mundo es otro. O nosotros.

    Hola Barbarita! Es que hablando de fijaciones… Bueno, venga, lo digo porque no lo puedo evitar: Don Cicuta era igual igual igual que la monja de 2º A. Ya salieron las monjas de mi EGB! ;)

    Hola José Angel: así es, lamentablemente. Pero a Chicho le hemos querido siempre, en viernes y en lunes.

    Hola Jam: sí, porque recuerda que la Emperatriz de Austria le ofreció al niño Mozart que pidiera un deseo para concedérselo y su respuesta fue “que me quieran”. Hay quien debe pensar que el talento es un valor compensatorio y que si se tiene talento para qué se necesita cariño.

    Un abrazo (cariñoso) para todos.

  7. ESPERANZA MARTINEZ PAZ

    ME GUSTARIA DECIR, QUE YO ME CRIE CON EL UN , DOS , TRES, …
    Y ES ALGO QUE RECUERDO CON MUCHO CARIÑO. PORQUE FUE MI NIÑEZ, UNA DE LAS MEJORES EPOCA DE MI VIDA, CON LA FAMILIA REUNIDA VIENDO LA TELE, Y CONTESTANDO A ESAS PREGUNTAS.

    RIENDO, LLORANDO Y TRATANDO DE AVERIGUAR QUE REGALO TRAIA QUE ,…. Y CUAL SERIA EL MEJOR, PARA GUARDARLO HASTA EL FINAL; AUNQUE NOSOTROS NO ESTABAMOS CONCURSANDO, PERO NOS ALEGRABAMOS Y DISFRUTABAMOS, COMO SI ESTUBIESES ALLI MISMO, ENTRE EL PUBLICO DEL PLATO.

    LUEGO CRECI UN POCO, Y ME TOCO VIVIR ESAS HISTORIAS DE MIEDO, QUE ME ENCANTABAN, ; ME ASUSTABAN A VECES, PERO QUE ME ATRIAN A ESE MUNDO MISTERIOSO Y OSCURO.

    LA VERDAD, ES QUE TENGO QUE AGRADECERLE A ESTE SEÑOR ” CHICHO ” , POR HABER FORMADO PARTE DE LA PEQUEÑA PANTALLA. Y POR HACER QUE NUESTRAS VIDAS FUESEN Y ESTUBIESEN MAS LLENAS, PLENAS, Y ENTRETENIDAS.

    GRACIAS, NARCISO IBAÑEZ SERRADOR. ” CHICHO, PARA LOS AMIGOS ” Y PARA TODA ESPAÑA.
    ( un beso y abrazo, para todos los españoles/as )

  8. Juan Jimenez baixench

    Holña Chicho: Si mal no recuerdo nos conocimos hace muchos , muchos años cuando vivistes en Vallvidrera. Recuerdo hjaber pasadomuy buenos dias contigo. Recuerdo m ucho a tu mama,
    y creo recordaras tambien a la Sra. Amparo, criada que fué de tu casa. Yo vivia en la plaza de abajo enfrente de Casa Trampa.
    Recuerdo el dia que tu papa se disfrazó de mendigo y llamo a tucasapara pedir algo y la Sra. Amaparo no le conoció y le dió un plato con comida. Fué algun tiempo muy bonito. Luego tu te fuiste de alli,y yo tambien, y asi llegó el olvido hasta que volvi a Vallvidrera y a mi mujer cuando pasábamos enfrente de tu casa, le decia a mi mujer”mira aqui vivia chicho” del que tanto te he hablado.
    Solo me resta decirte que al menos para mi no has sido nunca olvidado y perdudaran para siempre los muy buenos recuerdos de aquella época. Te deseo todos los parabienes y recuperación.
    Un fuerte abrazo.
    Juan

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