Album 12 noviembre, 2007
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Lo primero de todo es que Miss Marple es Margaret Rutherford, de eso no cabe duda, porque luego estuvieron otras queriendo imitar a Miss Marple pero no había manera de que les saliera Margaret Rutherford por mucho que se empeñaran. Así que me vengan de repente a la memoria me acuerdo de Angela Lansbury, que aunque no hacía de Miss Marple lo parecía y eso es algo ya que lo de hacer de Rutherford era imposible. A mí la Lansbury me ponía malo en esa serie de la tele; si yo fuera el asesino del capítulo me pondría de los nervios al ver a esa señora cotilla y metomentodo que siempre se las arreglaba para estar invitada en todos los fregaos donde se va a cometer alguna fechoría, que no me digas que no era casualidad. Pero qué pesada. A la Lansbury la dejamos como bruja novata, que eso lo hace de manera inolvidable y así será por siempre.
Más. Ah sí, luego tenemos a esa señora menudita con cara de malas pulgas que salía en una serie de la BBC, y si no era de la BBC lo parecía; la señora salía en la pantalla y debajo ponían “Miss Marple” porque si no no lo imaginaría nadie jamás. No le ponían “Margaret Rutherford” porque todavía le faltaba metro y medio, de alto y de envergadura, y todo eso para empezar a hablar a ver si había posibilidades. A la única que salvamos es a Elsa Lanchester. No importa si al final la de la silla de ruedas era la enfermera y no al revés (y más vale que no le preguntemos al mayordomo si no queremos liarla más) pero lo que la salva es haberse prestado junto con los demás a hacer esa deliciosa gamberrada que fue “Un cadáver a los postres”, donde Truman Capote se daba una castaña que para qué con la silla esa que salía zumbando marcha atrás. Ay, qué recuerdos, Señor.
En resumen: que Miss Marple es Margaret Rutherford. Palabra de Agatha Christie, y además de verdad, y su palabra contará algo digo yo, que mira que escribió palabras sobre Miss Marple y hasta sobre los diez negritos (qué suspense!). Miss Rutherford sale en esas películas tan británicas que te hacen arrebujarte en el sofá y apagar la luz y sonreir, todo a la vez. Y no importa lo ingenioso que sea el malhechor porque sabes que al final ella le gana. Fijo. Pero mientras tanto la ves aparecer con esa corpulencia tan hombruna y al mismo tiempo con esa enorme ternura en la mirada y siempre tan ágil y llena de energía. A mí me gusta mucho cuando Margaret Rutherford presiona con la punta de la lengua los mofletes o la parte de debajo del labio y parece que le ha salido un chichón porque eso lo hace cuando está juntando las piezas del enigma en su cabeza o cuando acaba de decirle algo al inspector, porque es su forma de decir en gestos que se te había pasado hablar con el huesped y ese sabe algo y también es así como dice ahí queda eso, majetón.
Por lo demás, Miss Rutherford tiene un aire a la señora Mercedes, sobre todo cuando pasa en bata con el móvil en la mano para preguntarte cómo se sabe si hay un mensaje de esos.
Aria 11 noviembre, 2007
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 3 comentarios , trackbackSábado por la noche. Cenando en casa de unos amigos y con invitados, mi primer acto social con más de 3 personas en bastante tiempo. Fuera, en el jardín, una noche heladora; dentro, en casa, el calor de la tertulia y la buena compañía. De madrugada me pidieron tocar el Aria de las “Variaciones Goldberg” y los dedos buscan, y encuentran. Una noche muy agradable.
Suite 10 noviembre, 2007
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Se ha hecho esperar un año pero ya tenemos aquí “Las benévolas”, de Jonathan Littell (Nueva York, 1967). Llevo unos días mirándola de reojo, y mientras me decido a adentrarme en la novela, cosa que me suscita mucha curiosidad desde que tuve noticia de su existencia, sigo las declaraciones que va haciendo su autor a los medios, con desgana (la suya, que no la mía), con desgana él, que le debe dar mucha pereza hablar, aunque no sé hasta qué punto eso es una pose. Si lo que pretende Littell es hacerse un personaje, ayudas no le faltan. La introducción a la entrevista publicada recientemente por el suplemento cultural de “El País” es el sueño de todo escritor que desee una piel ad hoc, desde luego, porque en un momento y sin anestesia, estirando una frase por aquí y recortando una adjetivo por allá, nos dibujan a un norteamericano joven que, chulín él, se pone un día a escribir una novela de mil páginas en francés sobre el holocausto nazi para responderse a sí mismo ciertas cuestiones sobre la naturaleza del mal, gana nada menos que el Goncourt y no se molesta en ir a recibirlo. Para postre y como respuesta a los elogios mayúsculos recibidos por las vacas sagradas de la literatura (Vargas Llosa entre ellas) se permite decir que igual no vuelve a escribir otra novela. Sólo quiere que le dejen tranquilo. En Barcelona.
Pues así es, o así se muestra, Jonathan Littell. En esta entrevista y en las otras, a las que atiende con cierta distancia. Y es interesante lo que dice… hasta que el entrevistador desliza la cuestión musical. La cuestión musical viene a cuento porque la novela está dividida en partes que responden a los movimientos de una suite barroca. El problema es cuando la música desafina y eso empieza a pasar cuando el entrevistador pregunta sobre la razón de hacer una partición musical y Littell contesta que porque está bien lo del contrapunto.
(silencio de negra, más que nada para pensarlo un poco)
Pero lo definitivo viene cuando, Bach mediante, Littell da la definición de Fuga y suelta: “la fuga es una expresión musical del misterio de la Santísima Trinidad. Tres partes en una”.
Y se queda tan ancho.
Leche! Así no me lo aprendí yo, oiga. A ver si este tipo ha visto en la portada de un disco “Fuga a 3 voces” y ha dicho, ya está, tres en una, como el lubricante. Lees ésto y se te pone un calderón encima y empiezas a notar que Littell se te desmorona. Porque es inevitable preguntarse: si en el único asunto sobre el que conozco un poco veo que este señor desbarra de esa manera, ¿estará haciendo lo mismo y con el mismo desparpajo pedantesco en el resto?
Naturalmente, eso no quita un ápice al interés que a priori me despierta esta novela. A ver cuándo me pongo a ello.
Audición 9 noviembre, 2007
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 3 comentarios , trackbackHe acudido puntual y obediente al ensayo general del coro y he pasado un rato muy bueno. Me he sentado en un banco de la octava o novena fila de una iglesia fría, y no tanto por la temperatura, que también, sino porque hay iglesias un poco destempladas, pero el calor estaba en esa treintena de personas que buscaban en las carpetas las partituras y hablaban entre ellas con los abrigos puestos y hasta alguna bufanda antes de que el director marcara el inicio del ensayo. Y yo observaba, claro, que eso es lo que hago siempre, observar los detalles.
Después de cantar las tres piezas que escribí para ellos se ha vuelto el director animándome a que me acercara y les hiciera algún comentario, y allí de pie, frente a ellos, les he hecho algunas sugerencias pero mis palabras iban encaminadas sobre todo a hablarles del silencio, de eso quería hablarles, de silencio, porque he sentido enseguida que la interpretación ganaba si se le dejaba espacio al silencio, al aire entre las frases, no es que haya que parar el movimiento pero tampoco hay que meterle prisa a la música, la música no tiene prisa, lo que necesita la música es respirar bien, la música lo que pide siempre es espacio. Y les he invitado a seguir en la partitura el perfil que dibuja la primera melodía, que es un arco, sube, baja, y les he indicado que muchas veces el propio dibujo musical nos indica la manera de interpretar, subir, bajar, respirar, no hay prisa, que repose lo que acaba de ser dicho antes de proseguir.
Después hemos hablado de aquellos acordes que se revelan como verdadero sustento de las obras; apoyarse en ellos no precisaría tanto un énfasis en su entonación como una preparación previa en los compases anteriores, que deberían hacerse notar menos. Y aún ha habido ocasión de sugerir que un adverbio colocado en la partitura, “suavemente”, es la clave argumental de la obra que hace que todo cobre sentido, aunque para ello haya que volver del revés el planteamiento original. Pero ocurre a veces que lo que a priori significaría mucho trabajo, cambiarlo todo, de golpe, y a 48 horas del estreno, se hace posible de repente, sólo con fijarse en un adverbio y diciéndose a sí mismo uno o dos adjetivos.
Ha habido una predisposición a las sugerencias al comienzo, una escucha atenta después y una aprobación por medio de gestos y asentimientos lo que siempre es de agradecer. Y yo he disfrutado mucho y no sólo por haber tenido oportunidad de poner un poco más de luz a lo que de todos modos no venía a oscuras de antes sino porque me he dado cuenta de lo mucho que echaba en falta hablar de estas cosas mirando a unos ojos que te devuelven la mirada. En definitiva, tenía “mono” de comunicación en vivo.
Ensayo general 8 noviembre, 2007
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 2 comentarios , trackbackEl director del coro de aquí me ha invitado al ensayo general de esta tarde porque el sábado estrenan tres obritas que preparé para ellos hace un tiempo. Va a ser mi primer contacto con la sonoridad real de lo que concebí así que la invitación me parece muy apetitosa. Es una experiencia muy curiosa la de sentarte allí, discretamente, en un lado, para no molestar, frente a esa masa de voces que no sólo cantan sino que te cantan, o cantan para tí, porque cuando terminan todos te miran, las sopranos y los bajos, los tenores y las contraltos, y entonces te das cuenta de que te miran como diciendo, qué le habrá parecido o igual es que lo que te dicen con la mirada y la sonrisa es que lo han hecho con mucho cariño, que eso seguro, me consta, un coro pequeño, modesto, canta con afecto antes que con efecto, y a veces el afecto lleva consigo el efecto y todos tan contentos. Pues eso esta tarde, luego.
Milagros 7 noviembre, 2007
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentarios , trackbackLa existencia está llena de pequeños milagros. Especialmente a partir de las 5 de la tarde en Otoño. Lo bueno que tiene vivir en una ciudad pequeña es que en nada ya estás fuera y a partir de esa hora todo adquiere la categoría de lo asombroso: la gradación de los azules, la luz avainillada del sol y el muestrario infinito de tonos ocres de los árboles. Sin olvidar los sonidos (los pájaros, el aire, un hilo de agua que fluye cerca y el silencio en el que se asienta lo anterior) y los olores. Es una experiencia maravillosa lo que pasa que la gente parece no enterarse y después de trabajar se dedica a hacer cosas rarísimas como ir a la escuela de idiomas o incluso a un gimnasio. Que hagan lo que quieran, oye, pero yo salgo de aquí, desconecto allí y cuando regreso tengo la sensación de que he vuelto de un lugar que es un santuario. Antes pensaba que poner los cinco sentidos en algo era hacer un esfuerzo muy grande pero en una de estas tardes, un otoño de estos, descubrí que de lo que se trata es de entregarse, sin más. Y si te entregas a los colores del entorno, a las sombras alargadas de los árboles, al aire del Norte que todo lo vuelve nítido, a la caricia cálida del sol naranja en la cara y al olor a tallo fresco hay un instante en el que no importa qué día de la semana es, ni qué hora es. Simplemente estás.
Según me pilla, me considero un afortunado o todo lo contrario. Quiero decir que a veces pienso en las personas que llevan una vida “normal” y me siento un inútil y me entra agobio cuando pienso que el tiempo pasa, que no existe el botón de rebobinado y que sigo sin poder arrancar. Otras veces no me pasa. Realmente, mi verdadera ciclotimia reside en eso, en un dilema shakesperiano, ser o no ser, añorar ser de los que tienen la fortuna de subsistir de su trabajo de una manera estable e incluso les pone ir a la escuela de idiomas y hasta les parece normal ir a una reunión de la comunidad de vecinos o bien conformarse y hasta alegrarse de ser otra cosa que no tiene nada que ver con lo anterior. Ese dilema es una de mis constantes. Tiendo a pasar por ese filtro mucho de lo que veo y me rodea.
Lo de Helmut Wittek, por ejemplo.
Lo de Helmut Wittek es lo último, lo pensé ayer. Constatan estos últimos posts que estoy volviendo a Bach, si es que alguna vez me fuí, y escuchando otro pequeño milagro de la existencia, catalogado como BWV168, quinto movimiento, Soprano y Alto sobre Continuo, me dio por pensar que aún no había nacido Helmut Wittek cuando yo ya estaba en el mundo en actitud contemplativa; y cuando Helmut Wittek grabó BWV 168 como niño soprano de Harnoncourt seguía yo en estado contemplativo. Ahora que ha pasado el tiempo Helmut Wittek es doctor o investigador (o las dos cosas) de la cosa del sonido y la acústica y sale en foto todo encorbatado que hasta parece mayor que yo y publica artículos muy largos donde aparecen cosas rarísimas y enigmas inexplicables como éste, que da mucho morbo:

Y yo sigo en la misma actitud contemplativa.
No sé.
O la gente va muy deprisa o a mí se me ha parado el metrónomo. A días importa, y entonces lo que se me acelera es el pulso; otros días no importa y entonces me dedico a observar cómo el péndulo va lenta, muy lentamente, de derecha (tac) a izquierda (tac) y vuelta a empezar. Y resulta hasta una gozada. En resumen: que la existencia está llena de pequeños milagros, sobre todo en otoño, a partir de las 5 de la tarde; y que aunque no he ido a la escuela de idiomas le he escrito un mail a Helmut Wittek en inglés para decirle que le estoy escuchando en 1986 y que gracias, gracias.
Crisis 6 noviembre, 2007
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 5 comentarios , trackbackParece ser que estos días vengo teniendo ataques de pánico. El jueves, el viernes, el sábado y el domingo (el lunes, descanso semanal). Un horror, como podrá suponerse. Dicen que parece ser y el parece ser es otro horror, el rollo de la incertidumbre y de la duda y esas cosas. Parece ser, pues, que lo de estos días son ataques de pánico o de angustia, aunque no haya sentido ni pánico ni angustia y aunque hayan sobrevenido en instantes que tienen muy poco que ver con el pánico o la angustia, como estar viendo la tele, o hablando por teléfono con una amiga, o en mitad de un paseo. Pero dicen que pasa así, de repente, como si el cuerpo reaccionara con retraso a algo. Se me entumecen los brazos y piernas, se me adormece alguna zona de la cara, o los labios, o no puedo tragar, o todo junto y alguna cosa más, y el mareo. Pues eso parece ser un ataque de pánico. Yo hasta me lo creo, o hago como que me lo creo, aunque no me haya cruzado con alguna monja del colegio o haya visto de cerca un langostino en un plato, por citar cosas que justifiquen un trastorno semejante. Pero es bueno creérselo por si al final resultara que sí y, sobre todo, porque de esta forma descartamos el resto. El resto va desde un daño neurológico o un trastorno metabólico hasta
-Deje que lo diga, a ver si lo adivino -le dije al médico- Efectos secundarios, no?
-Sí, eso es.
-…
Si hace un tiempo ya escribí que estaba de los efectos secundarios hasta el moño ahora ya ni sé.
He puesto en práctica una estrategia consistente en hacer una pregunta a todos y cada uno de los especialistas que me tratan. Como el que hace una encuesta. La pregunta es: ¿por qué estoy aquí? Dicha así, de pronto, parece una duda existencial pero no, no, la cosa va por otro lado. Le pregunté al internista por qué estoy aquí y respondio que por efectos secundarios derivados de la medicación necesaria para tratar mi enfermedad. Le pregunté a la hematóloga por qué estoy aquí y respondió que por efectos secundarios derivados de la medicacion necesaria para tratar mi enfermedad. Ya puestos, llamé por teléfono al psiquiatra, aquí la cosa tiene hasta su punto cómico, llamar al psiquiatra prara hacerle esa pregunta. Pero la hice. ¿Por qué voy a la consulta? Y la respuesta que llegó a través del auricular fue: por efectos secundarios derivados de la medicación necesaria para tratar tu enfermedad.
A la vista del resultado, está claro cuál parece ser la causa de todos los problemas. Pero hay un problema mayor: todos han coincidido en que esa medicación es necesaria. Y es verdad porque, a día de hoy, no hay otra alternativa. De todas formas, desde el domingo no la tomo y hoy me he levantado bastante decente si no fuera porque ya me duele todo el cuerpo, arden las manos y apoyo con dificultad la pierna derecha. Conclusión: que o una cosa o la otra. Eso sí que es para dar un ataque, no sé si de pánico o de qué hostias.
De momento, esta mañana he descubierto al mirarme al espejo que la medida de todas las cosas, en mi caso, está en el sentido del humor, que no viene en los análisis ni sale en las resonancias. Si falta, mala cosa. Hoy no falta, pese a todo. En 45 minutos tengo que dar una clase.
Actualizando 4 noviembre, 2007
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentarios , trackbackActualizando software en los ordenadores, pc´s (de sobremesa y portátil) y Mac. Una eternidad de tiempo y todos los problemas en los primeros; un instante y sin problemas en el último. Y esperando a Leopard. Por hoy, suficiente con los ordenadores, que vaya tardecita.
Panito 3 noviembre, 2007
Escrito por emejota en : Música , 5 comentarios , trackback[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=K_QAoanXntw[/youtube]Panito fue el nombre con el que popularmente se conoció a Panajotis N. Iconomou, nacido el 22 de Mayo de 1971 en Munich de padres griegos. Podría decirse que Panito fue su nombre de reinado durante sus años de contralto, de 1980 a 1986, en el mítico Tölzer Knabenchor (Coro de Niños de Tölz) de resonancias bachianas. Su portentosa voz, poderosa en volumen pero perfectamente controlada, todavía es recordada con asombro. Su primer solo tuvo lugar en 1982 en Colonia en una interpretación de “A Ceremony of Carols” de Benjamin Britten y a partir de ahí el éxito le llevó a recorrer Alemania, Italia, Francia, Israel, Polonia y Austria hasta que su voz mudó en la primavera de 1986.
Unos meses antes, durante el año Bach de 1985, interpretó los solos de las Pasiones según San Mateo y San Juan en las interpretaciones que Nikolaus Harnoncourt dirigió en el Festival Bach de Styriarte, grabadas por la cadena de televisión Austriaca ORF 1. Circula por YouTube el instante en que interpreta el Aria “Es ist vollbracht!” (“Todo ha concluído!”), momento culminante de la Pasión según San Juan. El Aria da comienzo tras la muerte de Jesús y retoma sus últimas palabras, “Todo está concluido”. El texto completo es el siguiente:
¡Todo está concluído!
¡Oh consuelo para el alma que sufre!
La noche triste
me deja contar las últimas horas.(El héroe de Judea
finalizó la batalla
y consiguió gran victoria)Todo está concluído.
El Aria presenta grandes dificultades tanto en el aspecto técnico como en el interpretativo, puesto que en ella converge toda la tensión precedente. Es decir, hay una dificultad “dentro” de la pieza y otra en cuanto al papel que ésta representa “en” la obra. Sobre este aspecto Andreas Scholl hizo unas interesantes reflexiones hace unos años en la revista Goldberg:
La idea de texto y contexto me parece extremadamente importante. ¿Qué ha ocurrido antes en esta obra? ¿Qué estoy diciendo? Eso es lo que hace que resulte tan difícil cantar arias de Bach fuera de contexto, en un recital o una audición. La frase “Es ist vollbracht” (“Está concluído”) es el momento central de la Pasión según san Juan. La profecía se ha cumplido: Jesús ha muerto y nos ha salvado. La totalidad del relato evoluciona hasta llegar a esas palabras, y el hecho de haber seguido la narración hasta esa aria y haber entendido su texto y su contexto facilita mucho la transmisión del mensaje en ese momento.”
¿Puede un niño afrontar ambos retos? Bach, desde luego, escribió estas obras, al igual que sus ciclos de Cantatas, para los niños del Coro de la Iglesia de Santo Tomás de Leipzig. A nivel técnico, aunque algunos momentos son muy exigentes, parece que sí; en el caso de Panito, desde luego, de manera excepcional. Pero, ¿qué ocurre con el plano emocional? Scholl también reflexiona sobre ello desde la experiencia propia:
A los nueve años canté en la Pasión según San Juan de Bach con los “Kiedricher Chorbuben”, el coro de niños de mi localidad natal. Nunca olvidaré el entusiasmo de todos los chicos y con qué intensidad cantamos los versos que cierran el coral final: “Herr Jesus Christ, erhöre mich, erhöre mich, / Ich will dich preisen ewiglich” (“Señor Jesucristo, escúchame, escúchame, / y eternamente te alabaré”).
Daba la impresión de que aquella gran obra de Bach nos había cautivado de algún modo a todos. ¿Es posible que unos niños penetren hasta el fondo en el sentido de los distintos aspectos de ese tipo de composiciones? Deberíamos dudarlo, habida cuenta del reto que suponen las arias de Bach incluso para cantantes experimentados.
Pero, preguntémonos una vez más: ¿qué significa “entender”? En alemán distinguimos entre “verstehen” (entender) y “begreifen” (comprender, captar). Creo que aunque un niño no sea, quizá, capaz de analizar una composición y acceder a ella con su inteligencia o entendimiento, podrá, no obstante, “comprender” el conjunto de intenciones de una composición a través de la experiencia, más que con el análisis.
Esta interpretación de Panito del Aria de la Pasión de Bach es recordada como un momento memorable. En declaraciones suyas de 2002, afirmaba haber sido consciente en esos instantes de que afrontaba el momento culminante de su breve carrera y las cámaras de televisión lo muestran en pie y con la mirada fija en Harnoncourt, de quien le separan unos metros. Pocos meses después de esta filmación, los primeros síntomas del cambio de voz lo fueron relegando en los ensayos, teniendo que ceder repertorio a las nuevas voces que se incorporaban al coro. “Estaba tan confuso que me cerré en mí mismo y un día ya no volví a los ensayos. Ni trompetas, ni fanfarrias ni discursos de agradecimiento por los servicios prestados. Simplemente me quedé en casa a esperar que la naturaleza corriera su curso. Mi carrera como niño contralto terminó tan silenciosamente como empezó”.
Panito abandonó el Tölzer Knabenchor en Abril de 1986.
Consulta 2 noviembre, 2007
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentarios , trackbackEn el neurólogo.
El neurólogo sigue siendo un tipo muy raro. O se parapeta entre el historial médico asomando la cara por entre las carpetas o se pone a escribir de una manera llamativa, apartándose del papel y estirando mucho el brazo, como si el bolígrafo fuera a explotar. Es todo muy sospechoso, no sé si la enfermera opinará lo mismo.
Durante las exploraciones, el neurólogo se muestra nervioso e impaciente y además apenas levanta la voz. El además está escrito en plan de queja suave, como dejándolo caer, porque lo peor es no oir a un tipo que da órdenes compulsivamente (venga hacia mí con paso rápido, vaya hacia la puerta de puntillas, tóquese la punta de la nariz con el índice de la mano izquierda…) y que da la contraorden cuando apenas has podido iniciar la maniobra anterior (…venga hacia mí apoyándose en los talones, vamos vamos, tóquese la punta de la nariz con el índice de la mano derecha, cierre los ojos y pase el talón del pie derecho desde la rodilla izquierda hacia abajo…)
Qué estrés.
El neurólogo da órdenes sin descanso, yo creo que busca pillarte en un renuncio, si no a qué viene esa mirada como de perfil, con el ojo derecho muy abierto y la ceja muy arriba y el izquierdo como en retaguardia, como receloso, no sé. El neurólogo tiene pinta de detective de novela negra, es muy curioso, y no sé si acertará a tocarse la nariz con el índice de la mano izquierda pero a veces parece que te toca los cojones, no sé si me explico.
Ayer por la noche nuevo susto. Ya me voy acostumbrando y todo. Hoy bien, o casi.
Vampiros 1 noviembre, 2007
Escrito por emejota en : Cine , 1 comentario , trackbackCreo que en mi colección tengo 6 películas de Tod Browning. Digo que creo porque en la última incursión con afanes clasificatorios apareció “Mark of the vampire”, de 1935, y fue como cuando lees en el periódico una de esas noticias que dicen que ha aparecido un filme que se creía perdido en los sótanos de una filmoteca, qué se yo, húngara lo menos. Así que creo que tengo 6 Brownings, pero si apareciera un séptimo, que lo dudo, tampoco le haría ascos.

“Mark of the vampire” es uno de esas películas que los críticos despachan con el calificativo de título menor aunque con cierto respeto (que Browning, señor de lo oscuro, es lo que despierta siempre, cierto respeto). Pero es que las películas de Browning tienden a ser sincopadas, y un momento de inspiración soberbia se puede colar de pronto entre un par de secuencias convencionales, y quizá ese sea un rasgo que se suele obviar cuando se exponen sus constantes, algunas de las cuales ya apunté en este blog al hablar de su obra maestra “Freaks” (1932). Eso es lo que ocurre en esta película en la que Browning recupera a Bela Lugosi como vampiro tras haber trabajado juntos en la mítica “Drácula” (1931) con la que los señores de la Universal quedaron tan contentos.
Aquí hay cuando menos dos rasgos muy Browning. El primero es el acierto estético, que es-tétrico, como no podia ser de otra manera. El segundo tiene que ver con el impacto que recibe el espectador cuando a mitad de proyección descubre abruptamente (y no sin disgusto) que la atractiva trama sobrenatural de la película es un monumental engaño. Lo recoge perfectamente Lucía Solaz Frasquet en su monografía sobre Browning: “uno de los temas recurrentes de Browning es la distinción entre lo verdadero y lo falso, entre lo real y lo imaginario. En su obra siempre está presente el concepto de que ‘las cosas no son lo que parecen ser’. El director estaba fascinado por el proceso de la ilusión y el engaño”.

Hay otro rasgo que no está tanto dentro de la película como en lo que ésta puede representar. Browning siempre fue a su aire en la industria, prefiriendo transitar callejones solitarios y oscuros. Otra cosa es que le dejaran, claro. Aún así, consiguió hacerse respetar en un mundo donde siempre se sintió incómodo y donde siempre incomodó. Hollywood se había asen- tado alrededor de unos géneros perfectamente definidos y nada permeables a nuevos aires y, sin embargo, Browning fue capaz de introducir con éxito un tema nuevo, el vampirismo. Ahora que los estudios explotaban el nuevo filón volvía a ponerse tras la cámara para rodar una película sobre falsos vampiros quizá escribiendo con esta burla un capítulo más de su desagrado hacia la industria que tanto lo maltrató creativamente.
(Apunte sobre “Freaks” en La Idea del Norte, click aquí)