Diario

Ayer, después de comer, volví a perder el sentido del humor y algo más que no sé precisar aunque ya va siendo familiar la pérdida de ese algo más dejándote algo menos, como si una parte de dentro te abandonara y te convirtieras en envoltorio y poco más. Perder el sentido del humor no significa estar enfadado, por qué y con quién iba a estarlo; de la misma manera, que el sentido del humor sea el Norte de la brújula que le mantiene a uno en ruta sin temor a extravíos no quiere decir que yo sea el rey de la comedia, no tiene nada que ver. Aquí lo que veo es que a veces me desdibujo y desaparezco en mí mismo y para mí mismo. Es como sentir una debilidad progresiva que te va restando voluntad y aliento y te deja en un compás de espera, bajo el sombrero de un calderón. Luego va retornando de la misma manera que se marchó: inmotivadamente y poco a poco. Pero en cada regreso traigo en el equipaje el folleto de viaje donde aparece dibujado el mapa del desconcierto.

3 pensamientos en “Diario

  1. Anónimo

    Yo el sabado después de cenar perdí la cabeza, la vergüenza y la cordura… Cuando fuí embusca de ellas, me encontre con tu sentido del humor, que no hizo otra cosa sino reirse de mi cuando le pregunte que hacía de paseo, seguramente aprovechó que estabas dormido…

  2. toni

    luego va retornando de la misma manera que se marchó. eso es lo mejor, que regresa. y se trae el folleto del viaje con el mapa. tal vez el lugar en el que el desconcierto obligó a preguntar la dirección del norte en cada esquina, pero que ahora se puede hacer concierto. sólo hay que saber leerlo. a veces el crujir de un vinilo es suficiente para aprender. o un helado de fresa en pleno invierno. además, seguro que, en el norte, igual que en el Mediterráneo, hay una heladería que sirvan a domicilio.

  3. emejota Autor

    En este norte imaginario hay muchas cosas pero, mira por dónde, heladería a domicilio no. Vaya. También es cierto que todavía hay parcelas por ocupar y quién sabe. Al menos tenemos la brújula, para cuando el sentido del humor desaparece entre nieblas.

    (es raro que mi sentido del humor ande de paseo los sábados por la noche)

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