Laberinto

Con la SGAE hemos topado.

Prometo que yo sólo quería saber la respuesta a una pregunta y puedo asegurar que la pregunta era de lo más concreta, a saber, si una melodía popular, de la que conozco el título, era de dominio público o no. Pues bien (o mal, depende de cómo se mire) la pregunta ha requerido repetidas llamadas telefónicas a cuatro delegaciones, cuatro, siendo la segunda llamada a la tercera delegación de cuarenta y dos minutos. Al final, la respuesta obtenida ha sido:

Sí, no y depende.

En un momento dado en que me volvían a contar por enésima vez el mismo rollo cuyo final ya sabía que no iba a llegar a ninguna parte me he puesto a pensar en otra cosa mientras miraba por la ventana y el brazo que sostenía el auricular amenazaba con desplomarse. Y entonces he tenido una revelación. Y la revelación me ha hecho notar que esta incapacidad para la introspección creativa que me tiene anestesiado desde hace un año también se refleja en el único frente activo que mantengo (si así se le puede denominar, activo). Porque las armonizaciones van, en un primer instante, del exterior al interior. Luego van al revés, sí, pero eso es después. He decidido anotarlo por si se me olvida, más que nada para decírselo al médico por si le resulta interesante. Dice el médico que todo es interesante. Pues bueno.

Anotaba yo la revelación, probablemente iba por lo de exterior al interior cuando del otro lado del teléfono han dicho oiga, oiga y yo he respondido sí, sí, dígame. Y no ha habido manera tampoco de saber si sí o si no o si depende o de qué depende que una melodía esté huérfana o no, que hace falta bemoles para no soltar prenda cuando sabes que delante de las narices de la voz que te habla hay un monitor reflejando una base de datos la cual tiene la respuesta. Pero de nada han servido mis ruegos, súplicas, estrategias y demás. En un momento en el que lo mío ya pasaba a la fase acoso insistente he tenido que hacer frente a una réplica del enemigo. Ella: pero usted sólo tiene una obra registrada con nosotros. Y yo: ya, es que soy muy joven, pero prometo mucho. Y ella: … Y yo: ¿…? Y ella: mire, pues llame a la delegación de Madrid. Y yo: es que es la delegación de Madrid la que me ha dicho que les llame a ustedes. Y ella: bueno pero es que si la melodía tiene autor eso es información confidencial…

Y así todo el rato. Y con el catarro. Y el dolor de cabeza. Y se me han quitado las ganas, claro.

5 pensamientos en “Laberinto

  1. Jose Angel F.

    Sin problemas: la utilizas y punto. Si no es de dominio público, seguro que lo averiguarán enseguida y no tendrán ningún, ningún reparo – más bien todo lo contrario – en revelarte toda esa información y más.

    Un saludo

  2. toni

    tengo una amiga que estuvo trabajando en la sgae durante dos años, porque decía que el beneficio de la duda sólo se le puede dar a una empresa a partir del año y dura un año, y se despidió ella misma. y le pagaban muy bien. mucho más que a los artirstas, pero mucho más. el día que se fue, diseñó una pancarta que ponía ladrones y la descolgó desde la ventana de su despacho. luego se despidió. así que, me apunto al apunte de José Ángel F, úsala. seguro que, si tiene derechos, te buscan para decírtelo, que son muy diligentes ellos.

  3. emejota Autor

    Jose Angel, toni: sí, pero te busca la SGAE… y los herederos de quien sea con sendos abogados y la carta de citación. Es una cuestión de práctica saber si hay luz verde antes de empezar a trabajar siempre y cuando no sea para consumo interno. Pero no es (era?) el caso.

  4. emejota Autor

    Creo que el verdadero (y gravísimo) problema de la SGAE, aparte la propia SGAE, son los delegados provinciales, que están allí cumpliendo unas horas como meros (y voraces) recaudadores de impuestos sin saber de qué va la cosa, confundiendo términos, desconociendo si arreglista y compositor es lo mismo; a veces, hasta sin saber manejar elementalmente el correo electrónico (si yo contara…)

    Lo de David Bravo me intriga: o es un valiente o un temerario, porque para tocarle las pelotas a la SGAE hace falta tener un par de bemoles por lo menos.

    Lo de la psicofonia, toda una estampa berlanguiana, es también una metáfora perfecta: la SGAE reclama todos los días derechos de autor de fallecidos en nombre de los herederos. Evidentemente, los herederos le importan un pimiento y sólo piensan en lo que sangran primero al muerto y luego a los herederos, a los que también ordena asociarse.

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