Ficción

Esta mañana iba andando por la acera y he visto que de frente venían unos tipos muy raros vestidos en plan figurantes de alguna película de Sissi lo menos. Parecían muy motivados así que igual eran los que se sabían de antemano vencedores. Es que por la tarde se representaba un episodio de la Guerra de la Independencia de cuando las tropas de Napoleón pasaron por aquí y tal. La gente hace cosas muy raras. Y con el frío que hace, además. Decía una señora al ver pasar a la tropa que a la tarde en la batalla se les iba a helar el moco, expresión muy de aquí, lo de helar el moco. Ha habido quien ha dicho que lo de la tarde era una pavada, expresión también muy de aquí, pavada. Yo no he dicho nada, pero he recordado que el episodio cae de refilón por una página de aquel libro que me hizo pasar tan buenos ratos durante el verano, sí, el de Jonathan Strange y el señor Norrell. Me he acordado porque, según la ficción, Pamplona está donde está porque Jonathan Strange hizo un hechizo para cambiarla unos cuantos kilómetros de su ubicación original. Todo por joder a Napoleón, expresión ésta que es de aquí y de allí. Hay expresiones universales. En resumen, que lo de la batalla de esta tarde también era una ficción, según para quién una pavada y, además, seguro que se han helado el moco.

Yo he visto la película de Los Simpson.

No tiene nada que ver una cosa con la otra pero yo, ya se sabe, a mi aire. Y la película de los Simpson la tenía pendiente y después de verla puedo decir que no es una pavada, qué va; además no me quería helar el moco, sobre todo hoy que parece que el catarro quiere reincidir, o al menos está avisando. Así que he decidido quedarme en casa y hacer una sesión doble, o múltiple. Empecé ayer y he retomado hoy con la de los Simpson. Me pregunto si los americanos son lo suficientemente inteligentes como para reirse de su propia estupidez o si es que realmente son tan cortos que se ríen sin saber que se están viendo ridiculizados.

Más o menos, de ésto va el sábado.

3 pensamientos en “Ficción

  1. C.

    Pues sí que hace frío, sí, para ponerse a recrear guerras napoleónicas… Sólo he visto recreaciones históricas dignas en la Frans, donde se lanzan a esas cosas sin complejos, pero, eso sí, en verano.
    Aquí: http://puydufou.com
    En este país nuestro no sé yo si cuajaría algo así… Más bien tenderían a multiplicarse los parques-temáticos-históricos-autonómicos. Eso ya lo veo más fácil.
    Nosotros, ayer, tarde familiar al estilo de nuestra infancia: por una vez ponían en la Primera una peli de sobremesa como las de antes: “Colmillo blanco”. ¿Tan difícil resultará programar las pelis de siempre?
    Añado a Jonathan & co a mi lista (tras la relectura de Vida de Pi, tras el de Seth…)

  2. emejota Autor

    Has dado en el clavo, C. Lo de los parques temáticos. Creo que un poco en ese plan iba lo de la batallita. Y sobre todo quedar luego para comer o cenar. O las dos cosas.

    Es muy difícil programar pelis de siempre en la sobremesa de los fines de semana. En realidad es ya imposible. Ahora lo que se lleva es esos subproductos en plan telefilme en los que, indefectiblemente, hay una tragedia familiar o meteorológica o psicótica. Los ingredientes pueden mezclarse. Yo creo que forma parte de una campaña subliminal para fomentar la siesta.

    Jonathan & co viene de la rama folletinesca decimonónica. Todavía no me he quitado de la cabeza la relectura gozosa de El Conde de Montecristo. Y han pasado ya un par de años.

    Un abrazo

  3. C.

    No sabes cómo me va el folletín decimonónico. Lo que yo releí hace poco con auténtico placer fue Los tres mosqueteros, … y Cumbres Borrascosas, y Oliver Twist… Sí, me van el novelón y la literatura clásica de aventuras. Me transportan a la infancia.
    Por eso y para mantener la cordura en unos meses duros me leí de un tirón cuatro tomos del capitán Aubrey, a los que llegué desde la película de Peter Weir. “Master and commander” es uno de esos raros casos en los que la peli no desmerece a la obra literaria que la originó. ¡Y qué banda sonora!
    Decidí ya hace un tiempo que sólo voy a leer lo que me haga disfrutar. Qué bien. Me va a encantar Strange & Norrell.

    Para las sobremesas familiares ya me he resignado al deuvedé. Y estoy aprovechando para volver a ver algunas joyas: Capitanes intrépidos, El temible burlón y tal y tal (madre, qué afán por rememorar la infancia llevo encima, ahora que lo pienso… ¿significará algo?).

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