Archivo por días: 16 noviembre, 2007

Emperador

AshkenazyLos Conciertos para Piano de Beethoven, fascinantes en tantos aspectos, forman parte del repertorio sinfónico habitual y se programan con frecuencia pero pocas interpretaciones quedan grabadas en la memoria como la integral que ofreció el pianista ruso Vladimir Ashkenazy en Londres para la BBC en la primavera de 1974. A la batuta, Bernard Haitink dirigiendo a la Filarmónica de Londres. Ahora que aquellas emisiones salen a la luz en 2 dvd, nos avisan que las cintas de vídeo que estaban guardadas en el armario no pueden compararse ni de coña con el estandard de alta calidad al que nos tiene acostumbrados la tecnología actual. El “ni de coña” es un añadido mío, no lo dicen ellos porque los británicos, ya se sabe, son muy finos de cara a la galería, pero seguro que lo quieren decir. Tampoco dicen que los “acclaimed BBC films of Vladimir Ashkenazy playing all five Beethoven Piano Concertos” tienen encima unos cuantos pases, es decir, que las cintas venían ya desgastadillas, que por algo son “acclaimed”. No importa. Se ve y se oye de manera más que aceptable. Lo que importa es poder revivir la antológica experiencia y contemplar a un Ashkenazy enduendado y electrizante. Me asomé a la pantalla con el pañuelo en la nariz por la cosa del catarro de marras y me dio una descarga y ya no me pude despegar de allí. Ashkenazy impone. No es solamente la apabullante exhibición de potencia, claridad, control, visión intelectual y profunda musicalidad. Es que a este hombre menudo que se agita inquieto en la banqueta le sale la música por las orejas y, como si no fuera suficiente, extiende sus dominios más allá de las fronteras del teclado del piano para hacer de los miembros de la orquesta una prolongación de sus dedos y una expresión de su pensamiento musical. Qué grande.

La pulsación de Ashkenazy es increíblemente segura y poderosa; en los momentos de mayor intensidad, sus manos parecen convertirse en garras y sus dedos tienden a flexionarse en ángulo recto desplazando fuera del territorio del teclado al pulgar y dando lugar a arriesgados y siempre certeros ataques de precisión:

Ashkenazy

Ashkenazy

Ashkenazy, además, está en todo momento en comunicación con la orquesta vía Haitink, que es un director enorme. Ver dirigir a Haitink es comprender de un plumazo para qué sirve realmente un director de orquesta. Una gozada. Pero una gozada todo. Para mí ha sido (está siendo) todo un impacto; es como si redescubriera estas obras, como si antes hubieran sido un anticipo de ellas mismas, como si ahora las estremeciera el aliento necesario que las hace vibrar y resplandecer.

El “Emperador” de Beethoven es Ashkenazy.