Aria 11 noviembre, 2007
Escrito por emejota en : Asuntos propios, MúsicaSábado por la noche. Cenando en casa de unos amigos y con invitados, mi primer acto social con más de 3 personas en bastante tiempo. Fuera, en el jardÃn, una noche heladora; dentro, en casa, el calor de la tertulia y la buena compañÃa. De madrugada me pidieron tocar el Aria de las “Variaciones Goldberg” y los dedos buscan, y encuentran. Una noche muy agradable.
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cuánto me alegro de que encuentren. cuánto me alegro.
(el sábado, a eso de las nueve, me quedé callado un rato para ver si oÃa al coro. y me pareció que lo estaban haciendo muy bien)
Entre mis amigos ninguno tiene piano en casa, y mucho menos cuento con alguno que sepa tocarlo, asà que envidio a los tuyos. Por partida doble.
Ir a cenar y que haya un piano y gente que toque el piano y que además alguien se ponga a tocar el Aria de las Goldberg tiene su riesgo, arrebatos, porque siempre habrá algún invitado que tema que pase como en el cuento de Hoffmann, ese en el que el pianista se pone a tocar el Aria y seguidas las 30 variaciones, con repeticiones y todo, y al final todos huyen despavoridos o desfallecidos y sólo aguanta el valiente del mayordomo, aunque bien es cierto que eso va en el precio. Por otra parte, el pianista puede llegar al penúltimo compás y acordarse también del cuento y entrarle tentaciones de ser un poco malo. Pero no.
;)
Con el Aria de las Goldberg los dedos siempre encuentran, toni, es curioso pero asà es. Empiezan a moverse y entretejen las lÃneas melódicas y un dedo se queda quieto dejando pasar a otro para que pise blandito y confortable. Asà los 32 compases.
(gracias!)