Suite

Jonathan LittellSe ha hecho esperar un año pero ya tenemos aquí “Las benévolas”, de Jonathan Littell (Nueva York, 1967). Llevo unos días mirándola de reojo, y mientras me decido a adentrarme en la novela, cosa que me suscita mucha curiosidad desde que tuve noticia de su existencia, sigo las declaraciones que va haciendo su autor a los medios, con desgana (la suya, que no la mía), con desgana él, que le debe dar mucha pereza hablar, aunque no sé hasta qué punto eso es una pose. Si lo que pretende Littell es hacerse un personaje, ayudas no le faltan. La introducción a la entrevista publicada recientemente por el suplemento cultural de “El País” es el sueño de todo escritor que desee una piel ad hoc, desde luego, porque en un momento y sin anestesia, estirando una frase por aquí y recortando una adjetivo por allá, nos dibujan a un norteamericano joven que, chulín él, se pone un día a escribir una novela de mil páginas en francés sobre el holocausto nazi para responderse a sí mismo ciertas cuestiones sobre la naturaleza del mal, gana nada menos que el Goncourt y no se molesta en ir a recibirlo. Para postre y como respuesta a los elogios mayúsculos recibidos por las vacas sagradas de la literatura (Vargas Llosa entre ellas) se permite decir que igual no vuelve a escribir otra novela. Sólo quiere que le dejen tranquilo. En Barcelona.

Pues así es, o así se muestra, Jonathan Littell. En esta entrevista y en las otras, a las que atiende con cierta distancia. Y es interesante lo que dice… hasta que el entrevistador desliza la cuestión musical. La cuestión musical viene a cuento porque la novela está dividida en partes que responden a los movimientos de una suite barroca. El problema es cuando la música desafina y eso empieza a pasar cuando el entrevistador pregunta sobre la razón de hacer una partición musical y Littell contesta que porque está bien lo del contrapunto.

(silencio de negra, más que nada para pensarlo un poco)

Pero lo definitivo viene cuando, Bach mediante, Littell da la definición de Fuga y suelta: “la fuga es una expresión musical del misterio de la Santísima Trinidad. Tres partes en una”.

Y se queda tan ancho.

Leche! Así no me lo aprendí yo, oiga. A ver si este tipo ha visto en la portada de un disco “Fuga a 3 voces” y ha dicho, ya está, tres en una, como el lubricante. Lees ésto y se te pone un calderón encima y empiezas a notar que Littell se te desmorona. Porque es inevitable preguntarse: si en el único asunto sobre el que conozco un poco veo que este señor desbarra de esa manera, ¿estará haciendo lo mismo y con el mismo desparpajo pedantesco en el resto?

Naturalmente, eso no quita un ápice al interés que a priori me despierta esta novela. A ver cuándo me pongo a ello.

3 pensamientos en “Suite

  1. toni

    y luego nos lo cuentas, por favor. que a ver si va a ser que la suite barroca en letras no tiene un ápice de suite o si, por el contrario, aunque no tenga ni la más remota idea de lo que es una fuga, ha sabido utilizar los silencios. que eso, en una novela, es árduo difícil.

  2. Alias Cane

    Pues a mi me intriga… desde el título, una clara referencia a las Euménides/Eríneas.

    ¡Ay! Ya sé qué pedir a los Reyes.

    Te mando un abrazo fuerte, Mariano. Se te echa mucho de menos.

  3. emejota Autor

    Comparto la intriga, Miguel, pero no sé cómo me las arreglo pero todavía no encuentro el momento.

    Un abrazo fuerte para tí también. A veces también me echo de menos, pero estoy.

    Lo contaré, toni, contaré cómo suena la cosa.

    Un abrazo.

Deja un comentario: