Audición

He acudido puntual y obediente al ensayo general del coro y he pasado un rato muy bueno. Me he sentado en un banco de la octava o novena fila de una iglesia fría, y no tanto por la temperatura, que también, sino porque hay iglesias un poco destempladas, pero el calor estaba en esa treintena de personas que buscaban en las carpetas las partituras y hablaban entre ellas con los abrigos puestos y hasta alguna bufanda antes de que el director marcara el inicio del ensayo. Y yo observaba, claro, que eso es lo que hago siempre, observar los detalles.

Después de cantar las tres piezas que escribí para ellos se ha vuelto el director animándome a que me acercara y les hiciera algún comentario, y allí de pie, frente a ellos, les he hecho algunas sugerencias pero mis palabras iban encaminadas sobre todo a hablarles del silencio, de eso quería hablarles, de silencio, porque he sentido enseguida que la interpretación ganaba si se le dejaba espacio al silencio, al aire entre las frases, no es que haya que parar el movimiento pero tampoco hay que meterle prisa a la música, la música no tiene prisa, lo que necesita la música es respirar bien, la música lo que pide siempre es espacio. Y les he invitado a seguir en la partitura el perfil que dibuja la primera melodía, que es un arco, sube, baja, y les he indicado que muchas veces el propio dibujo musical nos indica la manera de interpretar, subir, bajar, respirar, no hay prisa, que repose lo que acaba de ser dicho antes de proseguir.

Después hemos hablado de aquellos acordes que se revelan como verdadero sustento de las obras; apoyarse en ellos no precisaría tanto un énfasis en su entonación como una preparación previa en los compases anteriores, que deberían hacerse notar menos. Y aún ha habido ocasión de sugerir que un adverbio colocado en la partitura, “suavemente”, es la clave argumental de la obra que hace que todo cobre sentido, aunque para ello haya que volver del revés el planteamiento original. Pero ocurre a veces que lo que a priori significaría mucho trabajo, cambiarlo todo, de golpe, y a 48 horas del estreno, se hace posible de repente, sólo con fijarse en un adverbio y diciéndose a sí mismo uno o dos adjetivos.

Ha habido una predisposición a las sugerencias al comienzo, una escucha atenta después y una aprobación por medio de gestos y asentimientos lo que siempre es de agradecer. Y yo he disfrutado mucho y no sólo por haber tenido oportunidad de poner un poco más de luz a lo que de todos modos no venía a oscuras de antes sino porque me he dado cuenta de lo mucho que echaba en falta hablar de estas cosas mirando a unos ojos que te devuelven la mirada. En definitiva, tenía “mono” de comunicación en vivo.

3 pensamientos en “Audición

  1. toni

    sentado o de pie, hablas un poco de algo de lo que sabes también un poco, y alguien escucha. y luego asiente o niega y contesta y vuelta a empezar. es como contar un cuento así, bajito, para que te entiendan bien, y que luego te digan qué bien que el mago encontró el elixir que buscaba y que se lo pudiera dar a la reina enferma. y luego te pregunten y qué le pasó al cuervo que miraba en el pozo, y tú hablas otra vez. y lo piensas en silencio, y dejas que el arco que antes ha subido ahora baje y, desde ahí, de nuevo empiece a caminar. pero sentado frente a las teclas no es lo mismo. pero también reconforta.
    (me acordé y estuve mirando el Mediterráneo un rato contigo)

  2. Erendira

    Estoy tan enamorada del silencio que no sabria si detenerme aqui o seguir escribiendo. Saludos, recuperando mi ronda blogueril! Cuidate mucho.

  3. emejota Autor

    Hola de nuevo, Erendira!

    Te recomiendo la película que comento más abajo, “El gran silencio”. Allí dentro se detiene todo y todo empieza a cobrar un sentido nuevo.

    (gracias, toni!)

    Un abrazo

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