Milagros 7 noviembre, 2007
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentarios , trackbackLa existencia está llena de pequeños milagros. Especialmente a partir de las 5 de la tarde en Otoño. Lo bueno que tiene vivir en una ciudad pequeña es que en nada ya estás fuera y a partir de esa hora todo adquiere la categorÃa de lo asombroso: la gradación de los azules, la luz avainillada del sol y el muestrario infinito de tonos ocres de los árboles. Sin olvidar los sonidos (los pájaros, el aire, un hilo de agua que fluye cerca y el silencio en el que se asienta lo anterior) y los olores. Es una experiencia maravillosa lo que pasa que la gente parece no enterarse y después de trabajar se dedica a hacer cosas rarÃsimas como ir a la escuela de idiomas o incluso a un gimnasio. Que hagan lo que quieran, oye, pero yo salgo de aquÃ, desconecto allà y cuando regreso tengo la sensación de que he vuelto de un lugar que es un santuario. Antes pensaba que poner los cinco sentidos en algo era hacer un esfuerzo muy grande pero en una de estas tardes, un otoño de estos, descubrà que de lo que se trata es de entregarse, sin más. Y si te entregas a los colores del entorno, a las sombras alargadas de los árboles, al aire del Norte que todo lo vuelve nÃtido, a la caricia cálida del sol naranja en la cara y al olor a tallo fresco hay un instante en el que no importa qué dÃa de la semana es, ni qué hora es. Simplemente estás.
Según me pilla, me considero un afortunado o todo lo contrario. Quiero decir que a veces pienso en las personas que llevan una vida “normal” y me siento un inútil y me entra agobio cuando pienso que el tiempo pasa, que no existe el botón de rebobinado y que sigo sin poder arrancar. Otras veces no me pasa. Realmente, mi verdadera ciclotimia reside en eso, en un dilema shakesperiano, ser o no ser, añorar ser de los que tienen la fortuna de subsistir de su trabajo de una manera estable e incluso les pone ir a la escuela de idiomas y hasta les parece normal ir a una reunión de la comunidad de vecinos o bien conformarse y hasta alegrarse de ser otra cosa que no tiene nada que ver con lo anterior. Ese dilema es una de mis constantes. Tiendo a pasar por ese filtro mucho de lo que veo y me rodea.
Lo de Helmut Wittek, por ejemplo.
Lo de Helmut Wittek es lo último, lo pensé ayer. Constatan estos últimos posts que estoy volviendo a Bach, si es que alguna vez me fuÃ, y escuchando otro pequeño milagro de la existencia, catalogado como BWV168, quinto movimiento, Soprano y Alto sobre Continuo, me dio por pensar que aún no habÃa nacido Helmut Wittek cuando yo ya estaba en el mundo en actitud contemplativa; y cuando Helmut Wittek grabó BWV 168 como niño soprano de Harnoncourt seguÃa yo en estado contemplativo. Ahora que ha pasado el tiempo Helmut Wittek es doctor o investigador (o las dos cosas) de la cosa del sonido y la acústica y sale en foto todo encorbatado que hasta parece mayor que yo y publica artÃculos muy largos donde aparecen cosas rarÃsimas y enigmas inexplicables como éste, que da mucho morbo:

Y yo sigo en la misma actitud contemplativa.
No sé.
O la gente va muy deprisa o a mà se me ha parado el metrónomo. A dÃas importa, y entonces lo que se me acelera es el pulso; otros dÃas no importa y entonces me dedico a observar cómo el péndulo va lenta, muy lentamente, de derecha (tac) a izquierda (tac) y vuelta a empezar. Y resulta hasta una gozada. En resumen: que la existencia está llena de pequeños milagros, sobre todo en otoño, a partir de las 5 de la tarde; y que aunque no he ido a la escuela de idiomas le he escrito un mail a Helmut Wittek en inglés para decirle que le estoy escuchando en 1986 y que gracias, gracias.