Archivo por días: 6 noviembre, 2007

Crisis

Parece ser que estos días vengo teniendo ataques de pánico. El jueves, el viernes, el sábado y el domingo (el lunes, descanso semanal). Un horror, como podrá suponerse. Dicen que parece ser y el parece ser es otro horror, el rollo de la incertidumbre y de la duda y esas cosas. Parece ser, pues, que lo de estos días son ataques de pánico o de angustia, aunque no haya sentido ni pánico ni angustia y aunque hayan sobrevenido en instantes que tienen muy poco que ver con el pánico o la angustia, como estar viendo la tele, o hablando por teléfono con una amiga, o en mitad de un paseo. Pero dicen que pasa así, de repente, como si el cuerpo reaccionara con retraso a algo. Se me entumecen los brazos y piernas, se me adormece alguna zona de la cara, o los labios, o no puedo tragar, o todo junto y alguna cosa más, y el mareo. Pues eso parece ser un ataque de pánico. Yo hasta me lo creo, o hago como que me lo creo, aunque no me haya cruzado con alguna monja del colegio o haya visto de cerca un langostino en un plato, por citar cosas que justifiquen un trastorno semejante. Pero es bueno creérselo por si al final resultara que sí y, sobre todo, porque de esta forma descartamos el resto. El resto va desde un daño neurológico o un trastorno metabólico hasta

-Deje que lo diga, a ver si lo adivino -le dije al médico- Efectos secundarios, no?

-Sí, eso es.

-…

Si hace un tiempo ya escribí que estaba de los efectos secundarios hasta el moño ahora ya ni sé.

He puesto en práctica una estrategia consistente en hacer una pregunta a todos y cada uno de los especialistas que me tratan. Como el que hace una encuesta. La pregunta es: ¿por qué estoy aquí? Dicha así, de pronto, parece una duda existencial pero no, no, la cosa va por otro lado. Le pregunté al internista por qué estoy aquí y respondio que por efectos secundarios derivados de la medicación necesaria para tratar mi enfermedad. Le pregunté a la hematóloga por qué estoy aquí y respondió que por efectos secundarios derivados de la medicacion necesaria para tratar mi enfermedad. Ya puestos, llamé por teléfono al psiquiatra, aquí la cosa tiene hasta su punto cómico, llamar al psiquiatra prara hacerle esa pregunta. Pero la hice. ¿Por qué voy a la consulta? Y la respuesta que llegó a través del auricular fue: por efectos secundarios derivados de la medicación necesaria para tratar tu enfermedad.

A la vista del resultado, está claro cuál parece ser la causa de todos los problemas. Pero hay un problema mayor: todos han coincidido en que esa medicación es necesaria. Y es verdad porque, a día de hoy, no hay otra alternativa. De todas formas, desde el domingo no la tomo y hoy me he levantado bastante decente si no fuera porque ya me duele todo el cuerpo, arden las manos y apoyo con dificultad la pierna derecha. Conclusión: que o una cosa o la otra. Eso sí que es para dar un ataque, no sé si de pánico o de qué hostias.

De momento, esta mañana he descubierto al mirarme al espejo que la medida de todas las cosas, en mi caso, está en el sentido del humor, que no viene en los análisis ni sale en las resonancias. Si falta, mala cosa. Hoy no falta, pese a todo. En 45 minutos tengo que dar una clase.