Vampiros

Creo que en mi colección tengo 6 películas de Tod Browning. Digo que creo porque en la última incursión con afanes clasificatorios apareció “Mark of the vampire”, de 1935, y fue como cuando lees en el periódico una de esas noticias que dicen que ha aparecido un filme que se creía perdido en los sótanos de una filmoteca, qué se yo, húngara lo menos. Así que creo que tengo 6 Brownings, pero si apareciera un séptimo, que lo dudo, tampoco le haría ascos.

Mark of the Vampire

“Mark of the vampire” es uno de esas películas que los críticos despachan con el calificativo de título menor aunque con cierto respeto (que Browning, señor de lo oscuro, es lo que despierta siempre, cierto respeto). Pero es que las películas de Browning tienden a ser sincopadas, y un momento de inspiración soberbia se puede colar de pronto entre un par de secuencias convencionales, y quizá ese sea un rasgo que se suele obviar cuando se exponen sus constantes, algunas de las cuales ya apunté en este blog al hablar de su obra maestra “Freaks” (1932).  Eso es lo que ocurre en esta película en la que Browning recupera a Bela Lugosi como vampiro tras haber trabajado juntos en la mítica “Drácula” (1931)  con la que los señores de la Universal quedaron tan contentos.

Aquí hay cuando menos dos rasgos muy Browning. El primero es el acierto estético, que es-tétrico, como no podia ser de otra manera. El segundo tiene que ver con el impacto que recibe el espectador cuando a mitad de proyección descubre abruptamente (y no sin disgusto) que la atractiva trama sobrenatural de la película es un monumental engaño. Lo recoge perfectamente Lucía Solaz Frasquet en su monografía sobre Browning: “uno de los temas recurrentes de Browning es la distinción entre lo verdadero y lo falso, entre lo real y lo imaginario. En su obra siempre está presente el concepto de que ‘las cosas no son lo que parecen ser’. El director estaba fascinado por el proceso de la ilusión y el engaño”.

Mark of the Vampire

Hay otro rasgo que no está tanto dentro de la película como en lo que ésta puede representar. Browning siempre fue a su aire en la industria, prefiriendo transitar callejones solitarios y oscuros. Otra cosa es que le dejaran, claro. Aún así, consiguió hacerse respetar en un mundo donde siempre se sintió incómodo y donde siempre incomodó. Hollywood se había asen- tado alrededor de unos géneros perfectamente definidos y nada permeables a nuevos aires y, sin embargo, Browning fue capaz de introducir con éxito un tema nuevo, el vampirismo. Ahora que los estudios explotaban el nuevo filón volvía a ponerse tras la cámara para rodar una película sobre falsos vampiros quizá escribiendo con esta burla un capítulo más de su desagrado hacia la industria que tanto lo maltrató creativamente.

(Apunte sobre “Freaks” en La Idea del Norte, click aquí)

Un pensamiento en “Vampiros

  1. toni

    cuando un director o una película te deja sin aliento es algo que te permite seguir creyendo en el cine. y Browning lo hacía. dejarte sin aliento. y Whales también. supongo que la falta de presupuesto y de medios técnicos les hacía usar la imaginación. y el espectador lo agradecía y lo sigue agradeciendo.

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