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Procedimiento 29 octubre, 2007

Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 3 comentarios , trackback

No, nada, que estaba reunido conmigo mismo. Pensando. De ésto y de lo otro, sin más. Y entre ésto y lo otro ha vuelto a surgir una de esas melodías tentadoras que le dicen a uno al oído armonízame, a ver, armonízame, anda, no te lo voy a poner fácil y eso te pone. Y es verdad. Y me fastidia también. Porque hay melodías seductoras y resbaladizas y sospecho que parte de su encanto está en que se escurren y se esconden.  Y eso quiere decir reto a la vista. Para colmo, mi proceso compositivo debe ser uno de los más raros y caóticos que se hayan visto, de manera que todo se vuelve aún más difícil. Pero no sé hacerlo de otra manera.

El proceso empieza, muchas veces, al encontrar un acorde sobre el que asiento una nota. Ese acorde, lo presiento, va a ser importante; da la clave de algo, el qué, no lo sé, todavía es pronto. Es como si fuera el fotograma aislado de una película. Un fotograma contiene una información completa pero también está desconectado narrativamente del antes y el después. Pero yo sé que ese fotograma es válido y a partir de ahí tengo que efectuar el trabajo. Ese acorde/fotograma lo sitúo en el centro de la hoja de papel pautado. A su alrededor, arriba y abajo, a derecha y a izquierda, van surgiendo fragmentos aislados: dos o tres notas juntas, la resolución de un periodo, un pequeño nudo contrapuntístico para tensar un compás. Cosas así. Y sé entonces que muchas de esas cosas al final desaparecerán, o darán lugar a otras.

De lo que se trata es de encontrar la atmósfera, el tono, la textura. ¿Y cómo se hace eso? Ni idea. Después de tantos años, no tengo la más remota idea de cómo se hace eso. Pero sé cuándo se encuentra. Cuando se encuentra lo sabes. Sin más. Sobra decir que el proceso es lento y farragoso. Y difícil: muchas dudas, callejones sin salida, dolorosos sacrificios de ideas en las que creiste hallar provecho. Pero poco a poco todo empieza a tomar forma, a cristalizar. Y las piezas del puzzle dispuestas en el papel se convierten entonces en conectores de pasajes enteros. En ocasiones das con una solución global que podría pasar por válida; y tentaciones hay de dejarlo así, sobre todo después de tanto trabajo y tanta dedicación, en uno de esos momentos de debilidad en los que estás hasta el gorro de la obra. Pero sabes que, en el fondo, no te vas a quedar satisfecho, lo dice la intuición, que es muy cabrona. Porque en todo ésto quien manda es la intuición; ella es la que te hace fijarte en una melodía entre tropecientas y ella es la que te dice cuándo has encontrado “eso” que en un momento dado te hace comprender que así tiene que ser.

Pues ahí estoy. Con el fotograma dispuesto en el centro del papel y un montón de pequeños bocetos alrededor. Y buscando, sin prisa.