Silencio 17 octubre, 2007
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Cine , 4 comentarios , trackback
Le tenÃa respeto a este documental, es cierto. No por la duración ni por el goteo lento de sus minutos silenciosos, porque en todos ellos resuena el latido poderoso de algo que la cámara contemplativa de Philip Gröning logra atisbar (y eso es casi un milagro). El respeto venÃa porque temÃa algo asà como una herida (luminosa o no), una fascinación, quizá una advertencia, una señal o una revelación. Y sÃ. Hay quien tuvo una revelación viendo un partido de beisbol y a la salida se fue a vivir otra vida distinta (sin acordarse si ganó el de casa, el equipo visitante, o si es que hubo empate). Quizá el tipo era un poco impulsivo, a otros lo que les pasa es que ven algo y de pronto, sin saber cómo ni por qué, sienten como si algo les dijera: acción. O también: despierta. Pero casi siempre, diga lo que diga, lo rubrica con un: ya tardas. Quién estudiará ésto? Jodorowsky?
Lo de Gröning es maravilloso porque su cámara se adentra en estos muros que, paradójicamente, encierran un mundo sin fronteras; empieza a observar discreta y pacientemente con afán de documentalista y enseguida consigue ir mucho más allá de lo que seguramente nunca imaginó. Lo presiente el espectador y nos lo dice él: “En cierto momento, esta pelÃcula tomó forma, se convirtió en un monasterio, un espacio y no una narración. Un film como una nube. Asà la imaginé hace 21 años cuando surgió la idea inicial de este proyecto. Y esta idea ha permanecido intacta: hace 19 años, cuando conocà a los cartujos por primera vez; hace 18, cuando dijeron que era demasiado pronto: “quizás en diez, trece años, tal vez”; hace 5 años, cuando llamaron del monasterio: “si todavÃa le interesa…” SÃ, sÔ.
(“El gran silencio”, Philip Gröning. Doble DVD, Karma films)