Archivo por días: 15 octubre, 2007

Vista

En el oculista.

O en el oftalmólogo. Tanto da. Sobre todo da repelús, lo de las gotas para dilatar la pupila; es algo que me pone muy nervioso. El ojo se echa a temblar en cuanto oye eso de no lo cierres. No se puede remediar ese tic. Y luego me inquieta eso de que la vista empiece a ponerse borrosa, como si el enfoque del prismático hubiera sido modificado en un descuido, deslizando la ruedita del ajuste un poco hacia la derecha o hacia la izquierda. Antes de eso te dicen si puedes leer la primera fila. Y puedes.

eme, efe, uve, hache, te, de.

Muy bien. Luego te preguntan si puedes leer la segunda. Y puedes.

ka, e, erre, uve doble, o, ce.

Muy bien. Y ahora la tercera, a ver si puedes leer la tercera. Y puedes. O casi.

pe (be?), jota (i?, te?), eme, eee..se?, e (efe?), o.

Ha dicho la oculista/oftalmóloga que no necesito gafas porque soy muy joven. Y yo: bueno, bueno, no tanto. Y ella, comprobando mi ficha en el ordenador: sí, sólo tienes 37. Y yo: ah, bien.

Al mirar mi ficha en el monitor ha entrecerrado los ojos, como si mi edad estuviera muy lejos. Igual habría que echarle gotas también. O qué?

Ella: pues no, no, no te voy a poner gafas. Yo: pero las letras pequeñas de la lata de coca cola ya no se ven… Ella: pero eso es porque tienes ya 37 años. Y yo, para mis adentros: (pues en qué quedamos).

Los pensamientos van entre paréntesis.

(como éste)

He vuelto a casa cubriéndome los ojos del sol del mediodía. El sol es muy despiadado con las pupilas dilatadas. A más de uno le habré parecido Nosferatu viniendo de un after hours con mis aspavientos. Como en casa no podía leer lo que ponía Internet ni lo que ponía en otros sitios, ni escribir en el blog porque habrían salido cosas de este estilo: jegr ijd estafo en als, pues me he puesto a tocar el piano. Cuando no ves las teclas se toca mejor porque entonces se abren los ojos del tacto. Al poco ha asomado la cabeza Mari apoyada en la mopa. Ella: hijo, con eso de las gotas es que hoy no das una, eh? Y yo: es que es Bartok, Mari. Era Bartok, ciertamente. Quién me iba a decir a mí que iba a tocar algún día la Melodía Pentatónica de su Microcosmos con lágrimas en los ojos pero es que las gotas son así: te hacen llorar como la cebolla. En la Melodía Pentatónica del Microcosmos hay un compás que da pie para hacer una invención, quizá a dos voces o en tres veces, no importa. He tenido que verlo todo turbio para ver eso claro y nítido. El resto, sin novedad.